Marcos 13: La condenación de la Ciudad Santa

La segunda venida de Cristo no será en nada semejante a la primera. Vino la primera vez lleno de debilidad, como niño tierno nacido de una pobre mujer en el pesebre de Belén, sin honores v apenas conocido. Vendrá la segunda vez revestido de dignidad real, rodeado de los ejércitos celestiales, para ser reconocido, aceptado, y temido por todas las tribus de la tierra. Vino la primera vez a sufrir, a cargarse con nuestros pecados, a ser juzgado maldito, a ser despreciado, rechazado, condenado injustamente y ejecutado. Vendrá la segunda vez a reinar, a poner a todos sus enemigos bajo sus plantas, a entrar en el goce de su reino, a juzgar a todos los hombres, y a vivir eternamente.

¡Que diferencia tan inmensa! ¡Que contraste tan marcado! ¡Cuanto no debe admirar la comparación entre la segunda venida y la primera¡ ¡Cuan solemnes pensamientos no deben evocar en nuestras almas estas meditaciones! ¡Cuanto no deben consolar a los amigos de Cristo! Su Rey vendrá a la tierra; cosecharán lo que han sembrado; recibirán ricas mercedes por todo lo que han sufrido por causa de Cristo, y trocarán su cruz por una corona. ¡Que confundidos no quedarán los enemigos de Cristo! Ese mismo Jesús de Nazaret, a quien por tanto tiempo despreciaron y rechazaron, tendrá al fin la preeminencia. Ese mismo Cristo, en cuyo Evangelio se han negado a creer, aparecerá como su Juez, e inermes, sin esperanzas, y sin palabras, tendrán que presentarse ante la barra de su tribunal. Atesoremos estas cosas en nuestro corazón y aprendamos a ser sabios.

Observemos, además, que lo primero que acontecerá después de la segunda venida de nuestro Señor, será la reunión de sus escogidos. «Enviará a sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos..

Cuando la tierra sea juzgada, se cuidará de la seguridad de pueblo del Señor. Nada hará hasta que no los coloque donde no puedan recibir daño ninguno. El diluvio no comenzó hasta que Noe no estuvo seguro en el arca; no llovió fuego sobre Sodoma hasta que Lot no estuvo abrigado dentro de las murallas de Zoar. Dios no desatará su furor contra los incrédulos hasta que los creyentes no estén escondidos y seguros.

Los verdaderos cristianos pueden esperar sin temor la segunda venida de Cristo. Por terribles que sean las cosas que acontezcan en la tierra, su Maestro cuidará de que ningún daño les acontezca. Bien pueden sobrellevar pacientes las despedidas y las separaciones de tiempo presente; que ya llegará la época en que regocijados se reúnan con todos sus hermanos en la fe de todas las edades, de todos los idiomas y países. Los que se reúnan ese día, no se volverán a separar. Esa gran reunión está aún por verificarse. 2 Tesal. 2.1.

Observemos en seguida cuan importante es observar las señales de nuestros tiempos. Nuestro Señor encarga a sus discípulos «que aprendan de la higuera una parábola.» Así como los renuevos anuncian que el verano se aproxima, del mismo modo los acontecimientos que tienen lugar en el mundo deberían enseñarnos cuando la venida del Señor «está cercana, a nuestras puertas..

Es deber de los cristianos verdaderos observar cuidadosamente los eventos públicos de su época; y siendo un deber hacerlo, es un pecado descuidarlo. Nuestro Señor reconviene a los judíos porque «no disciernen los signos de los tiempos.» Mat. 16.3. No veían que el cetro había salido de las manos de Judá, y que estaban acabando de transcurrir las semanas de Daniel. Cuidémonos de no incurrir en el mismo error; abramos bien los ojos, y contemplemos el mundo que nos rodea. Veamos como el poder de los turcos va expirando, y como se aumentan las misiones y se extinguen. Veamos como el Papismo revive, y como aparecen herejías nuevas y mas sutiles. Notemos cuan rápidamente se extiende el espíritu de rebelión y de desprecio a la autoridad legítima ¿No son estos hechos como los renuevos de la higuera? Nos muestran que el mundo se va gastando, y necesita una nueva dinastía que sea mejor que la actual; necesita tener a su legítimo soberano, a Jesús.

Observemos, finalmente, en estos versículos, cuan cuidadosamente nuestro Señor afirma que sus predicciones se realizarán. Habla como si previese la incredulidad y el escepticismo de estos tiempos. Nos apercibe de una manera muy enfática que nos guardemos de incurrir en ellos: « El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

No nos permitamos nunca suponer que una profecía es improbable o de difícil cumplimiento tan solo porque esté en contradicción con la experiencia del pasado. No digamos ¿en donde está la posibilidad de que Cristo vuelva a venir? ¿Que probabilidad hay de que el mundo sea quemado? «En tales particulares nada significan para nosotros « lo probable o lo improbable.»La única cuestión es esta, «¿Qué está escrito en la Palabra de Dios?» No deberían olvidarse nunca las palabras de S. Pedro: «Vendrán en los últimos días burladores, arrastrados por sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿En donde está la promesa de su advenimiento?» 2 Ped. 3.3-4.

Haríamos bien en preguntarnos que hubiéramos pensado si hubiéramos vivido hace dos mil años. ¿Hubiéramos creído más probable que el Hijo de Dios se hubiera presentado en la tierra como un pobre, y hubiera muerto, o que hubiera venido como un Rey, y hubiera reinado? ¿No hubiéramos asegurado inmediatamente, que si venia, vendría para reinar y no para morir? Sin embargo, sabemos que vino como «varón de dolores « y que murió en la cruz. No dudemos, pues, que vendrá por segunda vez en gloria y majestad, y que como Rey eternamente reinará.

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