Marcos 12: Rechazo y retribución

Al rey la hacienda y la vida se ha de dar; pero el honor es patrimonio del alma, y el alma sólo es de Dios.

En general, el Nuevo Testamento establece tres grandes principios en cuanto a la relación del cristiano individual con el Estado.

(i) El Estado ha sido ordenado por Dios. Sin las leyes del Estado, la vida sería un caos. Las personas no pueden vivir juntas a menos que estén de acuerdo en obedecer las leyes de la vida en común. Sin el Estado hay muchos servicios que no se podrían disfrutar. Ninguna persona puede tener su provisión de agua, su propio sistema de alcantarillado y de transporte, su propia organización de seguridad social. El Estado es el origen de muchas de las cosas que hacen vivible la vida.

(ii) Ninguna persona puede aceptar todos los beneficios que le otorga el Estado sin aceptar sus responsabilidades. No cabe duda que el gobierno romano trajo al mundo antiguo una sensación de seguridad que no había tenido nunca antes. En su mayor parte, excepto en ciertas áreas especiales, los mares estaban limpios de piratas, y las carreteras de bandoleros; las guerras civiles habían cedido el paso a la paz, y las tiranías caprichosas a la justicia imparcial romana. Como escribió E. J. Goodspeed: « Fue la gloria del Imperio Romano el traer la paz a un mundo en conflicto. Bajo su autoridad, las regiones de Asia menor y del Oriente gozaron de tranquilidad y seguridad en una medida y por un tiempo desconocidos antes, y probablemente después. Esto era la pax romana. Los provincianos, bajo el gobierno de Roma, se encontraban en posición para llevar a cabo sus negocios, proveer para sus familias, mandar sus cartas y hacer sus viajes con seguridad gracias a la mano poderosa de Roma.» Sigue siendo verdad que ninguno puede recibir honradamente todos los beneficios que confiere el vivir en un Estado y sacudirse todas las responsabilidades de la ciudadanía.

(iii) Pero hay un límite. E. A Abbott tiene un pensamiento sugestivo. La moneda tenía la imagen del César, y por consiguiente pertenecía al César. El ser humano tiene la imagen de Dios -Dios le creó a Su propia imagen (Gen_1:23 s) ; y por tanto pertenece a Dios. La conclusión inevitable es que, si el Estado se mantiene dentro de sus propios límites y hace sus propias demandas, el individuo debe darle su lealtad y servicio; pero en último análisis, tanto el Estado como el individuo pertenecen a Dios y, por tanto, si sus demandas están en conflicto, la lealtad a Dios ocupa el primer lugar. Pero sigue siendo verdad que, en todas las circunstancias normales, el Cristianismo debe hacer a cada uno mejor ciudadano que el que no es cristiano.

IDEA EQUIVOCADA DE LA VIDA FUTURA

Marcos 12:18-27

Después se Le acercaron a Jesús unos saduceos, que es una denominación judía que dice que no hay tal cosa como resurrección de los muertos, y Le presentaron el problema siguiente:

Maestro: Moisés nos escribió la Ley de que, si un hombre se muere dejando mujer pero no hijos, la Ley es que su hermano debe toMarcos a la viuda por mujer y suscitar descendencia a su hermano fallecido. Había una vez siete hermanos. El primero se casó, y murió sin dejar descendencia. El segundo se casó con la viuda, y murió sin dejar tampoco descendencia. El tercero, lo mismo. Y así los siete, ninguno de los cuales tuvo descendencia. Por último, la viuda también murió. En la Resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa? Porque los siete la tuvieron por tal.

-La razón por la que estáis en un error -les contestó Jesús- es que no conocéis ni las Escrituras ni el poder de Dios. Cuando las personas resucitan, no se casan ni ellos ni ellas, sino que son como los ángeles del Cielo. En cuanto a los muertos, y que es verdad que resucitan, ¿es que no habéis leído en el Libro de Moisés, en el pasaje de la zarza, que Dios le dijo: « Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob?» Dios no es un dios de muertos, sino el Dios de los vivos. ¡Estáis sumidos en el error!

Esta es la única vez que aparecen los saduceos en el evangelio de Marcos, y su intervención les es totalmente característica. Los saduceos no eran una denominación mayoritaria en el judaísmo. Eran aristócratas, y ricos. Agrupaban a la mayor parte de los sacerdotes; solía ser un saduceo el que ocupaba el puesto de sumo sacerdote. En cuanto ricos y aristócratas, eran naturalmente colaboracionistas, pues quería conservar sus comodidades y privilegios. Fue de entre ellos de donde salían los que estaban dispuestos a colaborar con los Romanos en el gobierno del país. Eran muy diferentes de los fariseos en varios aspectos. Primero, aceptaban sólo las Sagradas Escrituras, y concedían una importancia suprema al Pentateuco, los cinco primeros libros del Antiguo Testamento. No aceptaban el conjunto de la ley oral y de la tradición, las reglas y normas que les eran tan queridas a los fariseos. No reconocían más autoridad que la Ley de Moisés. Segundo, no creían en la inmortalidad, ni espíritus ni ángeles. Decían que en los primeros libros de la Biblia no había ninguna evidencia de la inmortalidad, y por tanto no la aceptaban.

Así es que los saduceos se acercaron a Jesús con una pregunta clave para ellos, designada para poner en ridículo la fe en la Resurrección individual. La Ley judía incluía la institución de lo que se llamaba el levirato. Sus normas se establecen en Deu_25:5-10 . Si había algunos hermanos que vivían juntos -esa condición la omitieron los saduceos en la cita de la Ley-, y si uno de ellos moría sin dejar descendencia, el siguiente hermano estaba obligado a casarse con la viuda para suscitar descendencia a su hermano. En teoría, esta situación se prolongaría mientras quedaran hermanos y no naciera ningún hijo. Cuando nacía uno, se consideraba que era la descendencia del primer marido.

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