Marcos 12: Rechazo y retribución

Pastor Lionel

Ayúdanos a continuar esta Obra

Dios Padre

Dios nos ama.: Joh_3:16

Debemos aMarcos a Dios.: Mat_22:37

Porque Dios nos ama, El cuida de nosotros.: Mat_6:25-34

Dios quiere que cada uno de nosotros sepamos cuánto nos ama.: Joh_17:23

Dios ama aun a los que lo odian; debemos hacer lo mismo.: Mat_5:43-47; Luk_6:35

Dios busca aun a los que están más alejados de El.: Lucas 15

Dios debe ser nuestro primer amor.: Mat_6:24; Mat_10:37

Amamos a Dios cuando lo obedecemos.: Joh_14:21; Joh_15:10

Dios ama a Jesús su Hijo.: Joh_5:20; Joh_10:17

Jesús ama a Dios.: Joh_14:31

Los que rechazan a Jesús no tienen el amor de Dios.: Joh_5:41-44

Jesús nos ama de la misma manera que Dios lo ama a El.: Joh_15:9

Jesús nos demostró su amor al morir en la cruz para que viviéramos eternamente con El.: Joh_3:14-15; Joh_15:13, Joh_15:4

El amor entre Dios y Jesús es el ejemplo perfecto de cómo debemos aMarcos a los demás.: Joh_17:21-26

Debemos aMarcos a los demás (Joh_13:34-35) y dar muestras de ese amor.: Mat_5:40-42; Mat_10:42

No debemos aMarcos las alabanzas de los hombres (Joh_12:43), el reconocimiento (Mat_23:6), las posesiones terrenales (Luk_16:19-31), ni cualquiera otra cosa más que a Dios.: Luk_16:13

El amor de Jesús se extiende a cada individuo.: Joh_10:11-15; Mar_10:21

Jesús quiere que le amemos en los tiempos buenos y en los difíciles.: Mat_26:31-35

Jesús quiere que nuestro amor sea genuino.: Joh_21:15-17

Marcos 12:1-12

Los versículos que tenemos delante de nosotros contienen una parábola histórica. La historia de la nación judía, desde la época en que Israel salió de Egipto hasta la destrucción de Jerusalén, se nos presenta aquí como reflejada en un espejo. Bajo la figura de la viña y de los labradores, el Señor nos relata la historia de lo que Dios hizo por su pueblo durante mil y quinientos años. Estudiémosla atentamente, para que podamos aplicárnosla.

Observemos, en primer lugar, la bondad especial de Dios con la iglesia y la nación judía. Les concedió privilegios especiales. Los trató como el hombre hace con un pedazo de terreno que separa y cerca para plantar en él «una viña.» Les dio buenas leyes y ordenanzas. Los estableció en una tierra buena, y por ellos lanzó da ella siete naciones. Desatendió naciones más grandes y poderosas para hacerles favor. No se ocupó ni de Egipto, ni de Siria, ni de Grecia, ni de Roma, y difundió sus misericordias como una lluvia de gracias sobre unos pocos millones de habitantes de Palestina. La viña del Señor era la casa de Israel.

Ninguna familia bajo la bóveda de los cielos recibió privilegios tan señalados y distinguidos como la de Abrahán.

Y nosotros, los que vivimos en un país cristiano, ¿podemos decir que no hemos recibido de Dios misericordias especiales? No lo podemos decir. ¿Porque nuestro país no es pagano, como la China? ¿Porque nuestra tierra no es idólatra, como el Indostán? Esto lo debemos a un favor especial de Dios. No es por nuestra bondad ni por nuestros méritos, sino por la gracia gratuita de Dios, que nuestro país es lo que es entre las naciones. Seamos agradecidos por esas mercedes, y reconozcamos la mano que nos las envía. No seamos altaneros, sino humildes, no sea que provoquemos a Dios y nos retire sus mercedes.

Observemos, en segundo lugar, la paciencia y longanimidad de Dios con la nación judía. ¿Qué es su larga historia que registra el Viejo Testamento, sino una larga serie de repetidas provocaciones, y repetidos perdones? Leemos una y otra vez de profetas que le fueron enviados, de apercibimientos que le fueron dirigidos, y todo casi siempre en vano. Un siervo tras otro aparecieron en la viña de Israel, y demandaron sus frutos; y un siervo y otro fueron «despedidos con las manos vacías « por los labradores judíos, y la nación no produjo fruto ninguno para gloria de Dios. «Se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron las palabras de El, y maltrataron a sus profetas.» 2 Crón. 36.16. Sin embargo, centenares de años transcurrieron antes que «el furor de Dios se despertase contra su pueblo, cuando ya no había remedio.» Nunca hubo un pueblo al que tanta paciencia se mostrara como a Israel.

Deja una respuesta

Publicaciones que pueden ser de interés para ti

Jesús habla con Pedro

El Cuarto Evangelio presenta un problema al que no aludimos cuando estábamos estudiando ese pasaje. Aquí sólo podemos mencionarlo brevemente, porque es un problema que

Artículo Completo

El gigante egoísta

Todas las tardes al volver del colegio tenían los niños la costumbre de ir a jugar al jardín del gigante. Era un gran jardín solitario,

Artículo Completo