Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Luz en mi Jardín

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on whatsapp
Share on email

Marta le había pedido a Juan durante un año que le preparara la tierra para un jardín. Finalmente, él accedió. Prepararon juntos la tierra, mezclándola con los mejores fertilizantes y aditivos para su terreno.

A Marta no le gustaban las flores que habían en el vivero de la zona por lo que le pidió a su esposo que la dejase encargar por catálogo algunas variedades únicas. Eligió entusiasmada cada una, casi todas las plantas muy caras. Va a ser el jardín más lindo de todo el barrio, pensó. Nadie podrá igualar estas bellezas.

Las delicadas plantas llegaron por correo y Marta empezó a trabajar inmediatamente. Plantó y regó, puso fertilizante, observó y esperó. Pero no pasaba nada. Una por una, las hojas se fueron poniendo amarillas y se caían.

Al terminar la primavera, no le quedaba ni una sola planta. Todas se habían marchitado y muerto.

Marta le escribió una carta al vivero que le había enviado las plantas por correo exigiendo que le devolvieran el dinero.

Dos semanas después, recibió la respuesta.

“Señora, su carta indica que usted plantó las flores en una zona de sombra y les dio los mejores nutrientes disponibles. Sus plantas no crecieron por las siguientes razones: Las plantó en un lugar equivocado. Usted mandó pedir plantas que necesitan recibir sol directamente. Aunque se esmeró en preparar el terreno, estas plantas, sin excepción mueren si no les da el sol. La próxima vez, por favor, lea las instrucciones antes de encargar las flores para plantar en su jardín.”

Así es nuestra vida. Podemos invertir muchas horas y dinero en embellecernos. Pero si no recibimos al Hijo, nos vamos a marchitar y, finalmente, moriremos. Ningún “aditivo”, por caro que sea, podrá ocupar el lugar de la luz del Hijo en nuestra alma.

Antes bien, creced en la Gracia y el conocimiento de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo. 2 Pedro 3:18

Deja una respuesta

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

Publicaciones que pueden ser de interés para ti

Los pesares

«¿Cuánto creen ustedes que pesa este vaso con agua?» preguntó el profesor.Las respuestas variaron entre 20 y 500 gramos. Entonces el docente comentó.-«No importa el peso absoluto.

Artículo Completo

Job 41: Sacrás tú a Leviatán

Job 41:1  ¿Pescarás tú al leviatán[a]  con un anzuelo o sujetándole la lengua con una cuerda? Aunque en la mitología cananea leviatán usualmente se refiere a un

Artículo Completo

La rana optimista

Dos ranas, una optimista y otra pesimista, cayeron al mismo tiempo en dos vasijas que contenían leche. La rana pesimista dice: “No puedo salir de este cacharro,

Artículo Completo