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Lucas 9: Los emisarios del Rey

Aquí tenemos dos lecciones en materia de tolerancia.

En Palestina había muchos exorcistas, y todos pretendían ser capaces de echar demonios; parece que Juan veía un rival en ese hombre, y quería eliminarlo; pero Jesús no estaba de acuerdo.

El camino más directo de Galilea a Jerusalén pasaba por Samaria; pero la mayor parte de los judíos lo evitaban. Había una enemistad de siglos entre los judíos y los samaritanos (Joh_4:9 ). De hecho, los samaritanos hacían todo lo posible para molestar, y hasta hacer daño a los grupos de peregrinos que intentaban pasar por su territorio. Para Jesús no era corriente ir a Jerusalén por ese camino, y menos aún el buscar alojamiento en una aldea samaritana. Al hacerlo, estaba ofreciendo una mano amiga a un pueblo enemigo. En este caso no se trataba sólo de negar la hospitalidad, sino también de rechazar la amistad. A Santiago y a Juan les parecía que estaban haciendo algo digno de alabanza cuando se ofrecieron a pedir la ayuda del Cielo para erradicar aquella aldea. Pero Jesús no se lo permitió.

No hay pasaje en el que Jesús nos enseñe más directamente el deber de la tolerancia. En muchos casos la tolerancia es una virtud perdida y, cuando existe, es por razones injustificadas. De todos los grandes líderes cristianos ninguno ha superado a John Wesley como dechado de la tolerancia: « No tengo -decía- más derecho a objetar a un hombre por tener una opinión distinta de la mía, que por usar una peluca mientras yo tengo mi propio pelo; pero si se quita la peluca y me sacude el polvo en la cara, consideraré un derecho el desmarcarme de él lo más pronto posible… Lo que más trato de evitar es la estrechez de espíritu, el partidismo, el estar aprisionado en las propias entrañas… en fin, ese fanatismo miserable que hace que muchos no estén dispuestos a creer que hay obra de Dios nada más que entre ellos… Pensamos y dejamos pensar.» Cuando su sobrino Samuel, hijo de Charles, se hizo católico, John le escribió: « No me importa en qué iglesia estés. Puedes salvarte o condenarte en cualquiera de las dos; pero me temo que no has nacido de nuevo.» La invitación a participar de la Santa Cena que se hace en las iglesias metodistas es sencillamente: « Acercaos todos los que amáis al Señor.»

La convicción de que los únicos métodos y creencias correctos son los nuestros ha traído más angustia y desgracia a la iglesia cristiana que ninguna otra cosa. Oliverio Cromwell escribió una vez a los escoceses intransigentes: « Os ruego por las entrañas de Cristo que consideréis que es posible que estéis equivocados.» T. R. Glover cita en alguna parte un dicho: «Recuerda que, sea lo que sea lo que tengas entre manos, alguien lo verá de manera diferente.»

Todos los caminos conducen a Dios, y Él tiene su propia escalera secreta para llegar a cada corazón. Dios se revela de muchas maneras, y ninguna persona ni iglesia tiene el monopolio de su verdad.

Pero -y esto es tremendamente importante- nuestra tolerancia debe basarse, no en la indiferencia, sino en el amor. Debemos ser tolerantes, no porque nos importa un pito, sino porque miramos a la otra persona con ojos de amor. A Abraham Lincoln le criticaban por ser demasiado cortés con sus enemigos, y le recordaban que nuestro deber es acabar con ellos. « ¿Y no acabo yo con mis enemigos -dijo- cuando los hago mis amigos?» Aunque alguien esté completamente equivocado, no debemos considerarle un enemigo al que tenemos que destruir, sino como un amigo extraviado al que tenemos que recuperar con amor.

LA HONRADEZ DE JESÚS

Lucas 9:57-62

Cuando iban de camino, uno le dijo a Jesús:

-¡Señor, yo voy contigo hasta el fin del mundo!

-Las zorras tienen guaridas, y las aves, nidos; pero este Hijo del Hombre no tiene ni dónde recostar la cabeza -le contestó Jesús.

-¡Sígueme! -le dijo Jesús a otro; y él le contestó:

Déjame que antes vaya a enterrar a mi padre.

-¡Deja a los muertos enterrar a sus muertos -le contestó Jesús—, y tú ve a anunciar la noticia del Reino de Dios!

Otro también le dijo:

-Quiero ser seguidor tuyo, Señor; pero déjame que primero me despida de mi familia.

-El que está arando y vuelve la vista atrás no vale para el Reino de Dios.

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