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Lucas 9: Los emisarios del Rey

Hay dos grandes verdades generales en este pasaje.

(i) Jesús empezó por preguntarles lo que la gente decía de Él; y a continuación, les preguntó directamente a los Doce: «Y, vosotros, ¿quién decís que soy?» No es bastante para nadie el saber lo que los demás dicen de Jesús. Podría ser que una persona pudiera aprobar un examen acerca de lo que se ha pensado y dicho acerca de Jesús; podría ser que hubiera leído todos los libros de cristología que se han escrito en el mundo, y todavía no ser cristiana. Jesús tiene que ser siempre nuestro descubrimiento personal. Nuestra religión no puede ser «lo que diga la gente». Jesús llega a preguntarnos a cada uno, no: « ¿Me puedes decir lo que otros han dicho o escrito acerca de Mí?», sino: «¿Quién soy Yo para ti?» Pablo no dijo: «Yo sé lo que he creído», sino: «Yo sé en Quién he creído» (2 Timoteo_1:12 ). El Evangelio no consiste en recitar un credo, sino en conocer a una Persona.

(ii) Jesús dijo: «Es necesario que vaya a Jerusalén a morir.» Es del mayor interés el ver las veces que Jesús dice es necesario en el evangelio de Lucas. «Me era necesario estar en la casa de mi Padre» (2:49); «Me es necesario predicar el Reino» (4:43); «Es necesario que recorra mi camino hoy y mañana» (13:33). Una y otra vez les dijo a sus discípulos que le era necesario ir a la cruz (9:22; 17:25; 24:7). Jesús sabía que tenía que cumplir su misión. La voluntad de Dios era su voluntad.

No tenía otro propósito en la Tierra que hacer aquello para lo que el Padre le había mandado. El cristiano, como su Señor, es una persona a las órdenes de Dios.

LAS CONDICIONES DEL SERVICIO

Lucas 9:23-27

Jesús les decía a todos:

-El que quiera ser seguidor mío, tiene que decirse que No a sí mismo de una vez para siempre, tiene que decidir cargar diariamente con su cruz, y tiene que seguir mi ejemplo. Los que no quieren más que poner su vida a salvo, ésos son los que la pierden; pero los que están dispuestos a perder la vida en mi causa, ésos son los que la salvan. Porque, ¿de qué le servirá a una persona el ganar para sí todo el mundo, si para ello se destruye o se pierde a sí misma? Si a alguien le da vergüenza confesar que tiene que ver conmigo y que cree en Mí, al Hijo del Hombre también le dará vergüenza decir que ése es de los suyos cuando venga revestido de la gloria de su Padre y rodeado de santos ángeles. Pero, creedme, porque os estoy diciendo la verdad: algunos de los que están aquí no van a experimentar la muerte antes de ver el Reino de Dios.

Aquí establece Jesús las condiciones de servicio para los que quieran ser sus seguidores.

(i) Uno tiene que negarse a sí mismo. ¿Qué quiere decir eso? Un gran pensador lo explica de la siguiente manera: Pedro negó una vez a su Señor, y lo hizo diciendo: «No conozco a ese hombre.» Negarnos a nosotros mismos quiere decir: «No me conozco a mí mismo.» Es ignorar nuestra misma existencia. Es tratar a nuestro yo como si no existiera: Lo corriente es tratarnos cada uno a nosotros mismos como si fuéramos con mucho lo más importante del mundo. Si vamos a ser seguidores de Cristo tenemos que decirle que No a nuestro yo; más todavía: tenemos que olvidarnos de que existe.

(ii) Cada uno tiene que cargar con su cruz. Jesús sabía muy bien lo que quería decir la crucifixión: cuando era un chico de unos once años, Judas el Galileo había encabezado una revuelta contra Roma; había saqueado el arsenal de armas de Séforis, que estaba a seis kilómetros de Nazaret. La venganza de Roma no se hizo esperar: redujeron Séforis a cenizas, vendieron como esclavos a sus habitantes, y crucificaron a dos mil rebeldes a lo largo de la carretera para que sirvieran de escarmiento a los que tuvieran la tentación de rebelarse. El cargar con la cruz quiere decir estar preparado a arrastrar lo que venga por lealtad a Jesús; quiere decir estar dispuesto a sufrir lo peor que nos puedan hacer a causa de nuestra fidelidad a Él.

(iii) Uno debe gastar, la vida, no ahorrarla, Toda la escala de valores del mundo tiene que cambiar. La pregunta ya no es «¿Cuánto puedo sacar?», sino « ¿Cuánto puedo dar?»; no «¿Qué es lo más seguro?», sino «¿Qué es lo más justo?»; no «¿Qué es lo menos que tengo que hacer en mi trabajo?», sino «¿Qué es lo más posible?» El cristiano se tiene que dar cuenta de que se le ha dado la vida, no para que se la guarde para sí, sino para que la gaste para los demás; no para abrigar su llama, sino para, consumirse por Cristo y por los demás.

(iv) La lealtad a Jesús tendrá su recompensa, y la traición su castigo. Si le somos fieles en el tiempo, Él nos lo será en la eternidad; si tratamos de seguirle en este mundo, en el venidero Él nos reconocerá como suyos. Pero si con nuestra vida le negamos, aunque le confesemos con nuestros labios, llegará el día cuando Él tenga que hacer lo mismo con nosotros.

(v) En el último versículo de este pasaje, Jesús dice que algunos de los que estaban allí verían el Reino de Dios antes de morir. Algunos han mantenido que Jesús estaba pensando en su gloriosa Segunda Venida, y estaba diciendo que tendría lugar en la vida de algunos de los presentes; y que, por tanto, estaba equivocado. Pero no es eso.

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