Comprometidos a Sembrar La Palabra de Dios

Lucas 9: Los emisarios del Rey

Vemos primero, en estos versículos, un ejemplo de lo que un padre debe hacer cuando esté atribulado respecto de sus hijos. Se nos habla de un varón que se hallaba sumamente afligido por causa de su único hijo. Estaba este poseído de un espíritu inmundo, y era cruelmente atormentado tanto en el cuerpo como en el alma. En tal angustia el padre acude á nuestro Señor Jesucristo por alivio: «Maestro,» le dice, «ruegote que veas á mi hijo, el único que tengo..

Existen el día de hoy muchos padres cristianos que se hallan exactamente tan atribulados respecto de sus hijos como el hombre á que se refiere este pasaje.

El hijo que fue en otro tempo el «encanto de sus ojos,» y a quien sus vidas estaban estrechamente ligadas, .se vuelve pródigo y libertino, y se asocia con pecadores. La hija que fue en otro tiempo el orgullo de la familia, y á quien llamaban «el consuelo de su vejez,» se vuelve desobediente y apegado á las cosas mundanas, y ama los placeres más que á Dios. Ellos están casi á punto de morir de pesar. Un acero les penetra el corazón. Parece como si el demonio triunfase de ellos, y les robase sus joyas predilectas. Están apunto de exclamar: «Descenderemos llorando á la sepultura. ¿Qué bien puede ser para nosotros la vida?» Y ¿qué deben hacer un padre ó una madre en semejante trance? Deben postrarse de rodillas ante Jesús, y rogarle que bendiga á su hijo. Deben exponer minuciosamente ante ese Salvador compasivo todos sus pesares, y rogarle que los favorezca. ¡Grande es el poder de la oración é intercesión! El que ora con frecuencia y con fervor rara vez será abandonado. El tiempo que Dios señalo para la conversión puede no ser el que nosotros creamos oportuno. El puede juzgar conveniente probar nuestra fe, haciéndonos esperar mucho tiempo para desesperar.

Estos versículos nos presentan, en segundo lugar, un ejemplo que demuestra cuan inclinado está Cristo a compadecerse de los jóvenes. Se nos dice que la súplica del padre fue concedida. Jesús le dijo: «Trae tú hijo acá.» Y entonces «riñó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y le volvió á su padre.» Muchos casos semejantes se encuentran referidos en los Evangelios. La hija de Jairo, el hijo del noble de Capernaum, la hija de la mujer Cananea, el hijo de la viuda de Naín: todos son ejemplos del interés que nuestro Señor muestra por los jóvenes. Y á estos precisamente el demonio se empeña en cautivar y hacerlos suyos.

Hechos como estos no se registran en la historia sin un objeto especial. Es para alentar á todos los que trabajan en bien de las almas de los jóvenes. Es para recordarnos que los jóvenes ocupan de una manera especial la atención de Cristo. Es para suministrarnos un fuerte argumento contra la idea harto generalizada de que es inútil hablar encarecidamente sobre religión á los jóvenes. Es preciso tener presente que tal idea viene del demonio, y no de Cristo.

Aquel que lanzó al espíritu inmundo del mancebo que menciona este pasaje, vive aun, y es todavía poderoso para salvar, continuemos pues trabajando, y tratemos de hacer bien á los jóvenes. No importa lo que piense el mundo: Cristo está complacido.

Finalmente, estos versículos nos presentan un ejemplo que demuestra que la ignorancia espiritual puede albergarse hasta en la mente de hombres buenos.

Nuestro Señor dijo á Sus discípulos: « él Hijo del hombre será entregado en manos de hombres.»Ellos habían oído lo mismo de boca de él hacia algo más de una semana. Y hora, como entonces, esas palabras les parecían incomprensibles; No podían fijar en la mente como una realidad el hecho de que su Maestro había de morir. No podían persuadirse á aceptar la gran verdad de que Cristo había de ser inmolado antes de que hubiese de reinar, y que esta inmolación había de verificarse en la cruz. Escrito está: «Ellos no entendían esta palabra..

Tal falta de inteligencia puede sorprendernos mucho en este del período del mundo. Tenemos propensión á olvidar el influjo de los hábitos adquiridos en una edad tierna, y las preocupaciones nacionales en medio de las cuales los discípulos habían sido educados. «El trono de David,» dice un eminente teólogo, «ocupaba tanto sus ojos que no podían ver la cruz.» Aun más, olvidamos la enorme diferencia entre las ventajas que disfrutamos los que conocemos la historia de la crucifixión y las Escrituras que ella cumplió, y las del judío creyente que vivió antes que Cristo muriese, y antes de que el velo del templo se rasgase en dos de arriba á abajo. Mas sea de esto lo que fuere, la ignorancia de los discípulos nos enseña dos lecciones, que haremos bien en no descuidar.

En primer lugar, nos enseña que puede suceder que un hombre comprenda solo superficialmente las cosas espirituales, y que sin embargo sea un verdadero hijo de Dios. El entendimiento puede ser obtuso en tanto que el corazón es recto. La gracia es mucho mejor que los dones naturales, y la fe que el saber. Si un hombre tiene fe y gracia bastante para renunciarlo todo por amor de Cristo, y cargar con la cruz y seguirle, ese hombre será salvo á pesar de su mucha ignorancia. Cristo lo reconocerá el último día.

Finalmente, aprendamos á tolerar la ignorancia de otros, y á tratar con paciencia á los recién convertidos. No reputemos á los hombres como trasgresores por una palabra que digan. No señalemos á nuestro hermano como si no tuviera gracia espiritual por que no dé pruebas de que posee claros conocimientos.

¿Tiene fe en Cristo? ¿Ama á Cristo? Si Jesús pudo tolerar tanta flaqueza en sus discípulos, toleremos nosotros también.

Ayúdanos a continuar sembrando La Palbara de Dios

WebDedicado ha sido autorizado a recaudar los fondos para continuar con La Gran Comisión


Deja el primer comentario

Otros artículos de Nuestro Blog

Que pueden ser de interés para ti de acuerdo a tus lecturas previas.