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Lucas 9: Los emisarios del Rey

La importancia de la predicación, como un medio de gracia, se inferiría fácilmente en este pasaje aunque no hubiese otro que versase sobre el asunto. Pero no es sino uno de los muchos ejemplos del valor que se da en la Biblia á la predicación. Esta es en verdad, el instrumento elegido por Dios para trabajar en bien de las almas. Por medio de la predicación los pecadores se convierten; los que buscan la verdad hallan el camino que conduce á ella y los fieles se mantienen firmes en sus creencias. De aquí se desprende que la iglesia visible ha menester buenos ministros para conservar su pureza y promover su prosperidad. El pulpito es el lugar en que se han ganado siempre las victorias del Evangelio, y ninguna iglesia en que se haya desatendido ha hecho jamás mucho progreso en verdadera religión. ¿Deseamos saber si un ministro es verdaderamente apostólico? Si lo es, pondrá mucha atención en sus sermones; se esmerará y orará á Dios á fin de que sean eficaces, y dirá á su congregación cómo tiene esperanza que de su predicación resulte la conversión de muchas almas. El ministro que da á los sacramentos ó á las ceremonias de la iglesia un lugar más elevado que á la predicación puede ser celoso, fervoroso, concienzudo, y respetable; pero su celo no escucha los dictados de la prudencia. No puede decirse que imita á los apóstoles.

Observemos, en tercer lugar, que nuestro Señor, al enviar á sus apóstoles, les encarga que procuren habituarse á la sencillez de vida, y contentarse con lo que tengan. Les manda no llevar nada para el camino, ni bordones, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni dos vestidos, y que en cualquiera casa en que entraren permanezcan y salgan. En parte, estos preceptos se refieren á un periodo especial. Vino un día en que nuestro Señor mismo mandó á todo el que no tenía espada que vendiera su capa y comprara una espada. Luk_22:36. Pero en parte, estos preceptos pueden aplicarse en todas las épocas. Del espíritu de estos versículos deben imbuirse todos los ministros del Evangelio.

La idea principal que ellos encierran tiene por objeto poner un dique á la codicia y al lujo. ¡Habría sido un bien para el mundo y para la iglesia si esa idea hubiera sido acatada con más cuidado! De nadie ha sufrido el Cristianismo tanto daño como de parte de sus mismos maestros. Sobre ningún punto han errado estos tanto y tan frecuentemente, como en lo que respecta á la codicia y al lujo. Á menudo con su conducta han hecho nugatoria su predicación; y han dado margen á los enemigos de la religión para que digan que ellos aman la holganza, y el dinero, y el boato, mucho que las almas de sus feligreses.

¡Roguemos diariamente que la iglesia se vea libre de tales ministros! Ellos son piedras de tropiezo en el camino del cielo; son obreros en la causa del demonio, no en la de Dios. El predicador que cifra sus afectos en el dinero, en el vestido, en los banquetes, y en los placeres, ha errado indudablemente su vocación, ha olvidado las instrucciones de Maestro: no es varón apostólico.

Observemos, finalmente, que nuestro Señor previene á sus discípulos contra la incredulidad, y el endurecimiento de corazón de aquellos á los que han de predicar. Se refiere á los que no los recibían, como una clase de gente con la cual tienen que ponerse en contacto; y les dice como han de conducirse cuando sean rechazados, como si tal evento fuese inevitable.

(Bueno seria que todos los ministros del evangelio leyesen con cuidado esta parte de los preceptos de nuestro Señor. Todos los misioneros, todos los maestros de escuelas dominicales, todos los que enseñen la Biblia al pueblo harían bien en atesorarla en el corazón. Que no desmayen si les parece que su obra es fútil, y su trabajo sin provecho. Que recuerden que aun los primeros predicadores y maestros á quienes Jesús envió, recibieron la advertencia explícita de que no todos creerían. Que continúen trabajando con paciencia, y siembren la buena simiente sin desalentarse. Á ellos corresponde hacer los esfuerzos: el éxito está á cargo de Dios. Los apóstoles pueden plantar y regar: más solo el Espíritu Santo puede dar el crecimiento. El Señor sabe lo que se alberga en el corazón del hombre; y no tiene en menos á Sus trabajadores a causa de que solo un poco de la simiente que siembren crezca y fructifique. La cosecha puede ser pequeña; pero cada trabajador será recompensado según lo que haga.

Lucas 9:7-11

Notemos en este pasaje cuánto puede hacer el remordimiento de conciencia. Se nos dice que cuando Herodes el tetrarca oyó hablar de todo lo que hacia nuestro Señor, quedó en duda. El dijo: « Á Juan yo lo degollé: ¿quién pues será este?» Grande y poderoso como era lo que oyó decir de nuestro Señor le recordó sus pecados y lo inquietó aun en su palacio real. Rodeado como estaba de todo cuanto se considera que hace agradable la vida, el rumor de que había uno que predicaba la justicia lo llenó de sobresalto. El recuerdo de la maldad que había cometido en hacer matar á el Bautista le vino á la mente; conoció que había obrado mal; y se sintió culpable, tuvo convicción de su crimen, y el descontento se apoderó de su ser. Cierto y verdadero es aquel proverbio de Salomón: «El camino de los prevaricadores es duro Pro_13:15. El pecado había clamado contra Herodes. La prisión y la espada habían impuesto silencio á los labios de Juan el Bautista, mas no pudieron acallar la voz de la conciencia del asesino. La verdad de Dios no puede ser escondida, ni encadenada, ni aniquilada.

La conciencia es la manifestación más poderosa de nuestro ser. Ella no puede salvarnos; jamás nos lleva á Cristo; es muchas veces ciega, torpe, y extraviada; pero con frecuencia acusa al pecador de una manera irresistible, y le hace sentir que «es cosa mala y amarga « apartarse de las sendas de Dios. Los jóvenes especialmente deben acordarse de esto, y vigilar sobre su propia conducta, No se lisonjeen con que todo está bien, cuando sus pecados ya han sido olvidados por el mundo. La conciencia puede traer cada pecado ante su mente y causarles amargo remordimiento. Millones el último día que experimentaron lo mismo que sintió Herodes; que la conciencia llamó antiguos pecados de sus escondrijos y los hizo causar nuevas heridas al corazón; que aunque parecían felices y llenos de prosperidad, eran interiormente desdichados e infelices. ¡Dichosos los que han hallado el único bálsamo que sana una mala conciencia: la sangre de Cristo! Notemos en segundo lugar que es importante que los cristianos estén de cuando en cuando á solas y en un lugar secreto. Se nos dice, que cuando los apóstoles regresaron de su primera misión nuestro Señor los llevó consigo y se retiró á un lugar desierto. Indudablemente hizo esto con algún gran designio.

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