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Lucas 9: Los emisarios del Rey

9.23-26 La gente está dispuesta a pagar un alto precio por algo que valora. ¿Sorprende que Jesús demandara este tipo de entrega de quienes decidieran seguirlo? Hay, al menos, tres condiciones que debe cumplir el que quiera seguir a Jesús: Estar dispuesto a negarse a sí mismo, llevar su cruz y dar su vida. Todo lo demás es un servicio superficial, solo de palabras.

9.24, 25 Si esta vida es lo más importante para usted, hará cualquier cosa para protegerla. No hará nada que ponga en peligro su seguridad, salud o comodidad. En cambio, si para usted seguir a Jesús es lo más importante, quizás se halle en lugares inseguros, insanos e incómodos. Enfrentará la muerte, pero no temerá porque sabe que Jesús lo resucitará a la vida eterna. Ninguna cosa material compensa la pérdida de la vida eterna. Los discípulos de Jesús no deben usar su vida terrenal para su propio placer, sino que deben gastarla sirviendo a Dios y a los demás.

9.26 A la audiencia griega de Lucas le sería difícil comprender a un Dios que puede morir, asimismo la judía de Jesús se mostraría perpleja ante un Mesías que permitiría su captura. A ambos los avergonzarían si no miraran su muerte, su gloriosa resurrección y su Segunda Venida. Entonces verían a Jesús, no como un perdedor, sino como el Señor del universo que, a través de su muerte, logrará la salvación en favor de todos.

9.27 Cuando Jesús manifestó que algunos no morirían sin ver su Reino, se refería a: (1) Pedro, Jacobo y Juan que serían testigos de la transfiguración ocho días después, o en un sentido más amplio, (2) a todos los que serían testigos de su resurrección y ascensión, o (3) todos los que tomarían parte en la extensión de la Iglesia después del Pentecostés. Los oyentes de Jesús no tendrían que esperar por otro futuro Mesías, el Reino estaba entre ellos y muy pronto vendría en poder.

9.29 Jesús llevó a Pedro, Jacobo y Juan a la cumbre del monte para mostrarles quién era en realidad, no solo un gran profeta, sino el mismo Hijo de Dios. Moisés representa la Ley y Elías representa a los profetas. Ambos aparecieron con Jesús y la voz de Dios distinguió al Señor como el tan esperado Mesías con autoridad divina. Jesús cumpliría ambos, la Ley y los Profetas (Mat_5:17).

9.33 Cuando Pedro sugirió hacer tres enramadas, tal vez estaba pensando en la Fiesta de los Tabernáculos, en la que se levantaban enramadas para conmemorar el éxodo, la liberación de Dios de la esclavitud de Egipto. Quería que Moisés y Elías se quedaran con ellos. Pero Dios no quería esto. El deseo de Pedro de hacer tres enramadas para Jesús, Moisés y Elías, quizás denotaba también su creencia de que la verdadera fe se construye sobre tres piedras angulares: la Ley, los Profetas y Jesús. Sin embargo, la comprensión de Pedro creció y, al final, pudo escribir que Jesús es «la principal piedra del ángulo, escogida y preciosa» (1Pe_2:6).
9.33 Pedro, Jacobo y Juan experimentaron un momento maravilloso en la cima del monte y no quisieron dejarlo. Algunas veces nosotros también al tener una experiencia emocionante queremos permanecer donde estamos, alejados de la realidad y de los problemas de la vida diaria. Las dificultades que nos esperan en el valle nos motivan a desear quedarnos en la cima de la montaña. Sin embargo, cuando estamos en la cima del monte no podemos ministrar a otros. En lugar de llegar a ser gigantes espirituales, muy pronto nos convertiríamos en enanos por el egoísmo. Necesitamos tiempos de retiro y renovación para luego volver y ministrar al mundo. Nuestra fe debe tener sentido en el monte y fuera de él.

9.35 Como Hijo de Dios, Jesús tiene el poder y la autoridad de Dios, por lo que sus palabras deben ser nuestra verdadera autoridad. Si las enseñanzas de alguno son ciertas, estarán de acuerdo con las enseñanzas de Jesús. Evalúe todo lo que oye a la luz de las palabras de Jesús y no le guiarán por falsos caminos. No se apresure en buscar consejo y dirección de fuentes humanas, echando a un lado el mensaje de Cristo.

9.35 Dios identifica con claridad a Jesús como su Hijo antes de decirle a Pedro y los demás que deben oírle a El y no a sus ideas ni deseos. El poder para seguir a Jesús viene de la seguridad de saber quién es. Si creemos que es el Hijo de Dios, sin duda desearemos hacer lo que El dice.

9.37-39 Cuando los discípulos y Jesús bajaron del monte, pasaron de una experiencia alentadora de la presencia de Dios a una aterradora del mal. La belleza que acababan de contemplar hizo que la fealdad se viera mucho más fea. A medida que su visión espiritual se enriquece y le deja ver y comprender mejor a Dios, le permitirá también ver y comprender mejor al mal. Si no tenemos a Jesús a nuestro lado para llevarnos a lugar seguro, sucumbiremos a los embates del mal.

9.40 ¿Por qué los discípulos no pudieron echar fuera al demonio? Para una posible respuesta, véase Mar_9:18.

9.45, 46 Los discípulos no entendieron las palabras de Jesús acerca de su muerte. Seguían pensando en Jesús como un rey terrenal y les preocupaban los lugares que ocuparían en el Reino. De modo que pasaron por alto sus palabras relacionadas con su muerte y empezaron a discutir acerca de quién sería el más importante.

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