Lucas 8: De Camino

Publicaciones realizadas por ángeles que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar

-¿Quién me ha tocado? preguntó Jesús; pero nadie contestó, y Pedro le dijo a Jesús:

Maestro, toda la gente te está apretujando, ¿y Tú preguntas que quién te ha tocado?

-Yo sé que alguien me ha tocado -contestó Jesús-, porque me he dado cuenta de que ha salido poder de mí.

Cuando la mujer se dio cuenta de que la habían descubierto, vino temblando, y se echó a los pies de Jesús, y confesó delante de toda la gente por qué le había tocado, y que se había curado al instante. Entonces le dijo Jesús:

-Hija, tu fe es lo que te ha curado. ¡Vete, y que Dios te bendiga!

Esta historia quedó grabada en la memoria y en la imaginación de la Iglesia Primitiva. Se creía que la mujer era una gentil de Cesarea de Filipo. Eusebio, el gran historiador de la Iglesia (300 d C.), cuenta que se decía que la mujer había costeado en su ciudad una estatua conmemorativa de su curación. Se decía que aquella estatua había estado allí hasta que Juliano el Apóstata la destruyó, y puso en su lugar una suya que destruyó un rayo que -Dios mandó.

La vergüenza de la mujer se explica porque su enfermedad la hacía inmunda (Lev_15:19-33 ). El flujo de sangre la había separado de la vida. Por eso fue por lo que no vino a Jesús abiertamente, sino ocultándose entre la gente; y por lo que le dio tanta vergüenza darse a conocer cuando Jesús preguntó que quién le había tocado.

Todos los judíos devotos llevaban franjas en la ropa (Num_15:37-41 ; Deu_22:12 ). Las franjas terminaban en. cuatro borlas de hilo blanco atadas con un cordón azul. Servían para recordarles a los judíos cada vez que se vestían que eran hombres de Dios y que tenían que guardar la ley de Dios. Más adelante, cuando llegó a ser peligroso ser judíos, estas borlas se ponían en la ropa interior. Hoy en día todavía existen en el talit o chal que se ponen los judíos por la cabeza y los hombros para la oración. Pero en los días de Jesús los llevaban en la ropa exterior, y probablemente fue uno de esos el que tocó la mujer.

Otra vez se le nota a Lucas que es médico. Marcos dice que la mujer se lo había gastado todo en médicos, y no estaba mejor, sino peor (Mar_5:26 ). ¡Lucas omite ese final, porque no le gustaba esa. crítica de su profesión!

Es interesante en el relato que, desde el momento en que la mujer se encuentra cara a cara con Jesús, parece que ya no hay nadie más en la escena. Todo había sucedido en medio de un gentío impresionante; pero Jesús se olvida de la gente y habla con la mujer como si estuvieran los dos solos. Era una pobre paciente sin importancia, con una dolencia que la hacía inmunda, pero Jesús se le entregó por entero.

Estamos acostumbrados a ponerle etiquetas a la gente, y tratarlos según su relativa importancia. Para Jesús, las personas no tenían esas etiquetas que hace la sociedad; un hombre o una mujer eran simplemente personas en necesidad. El amor no piensa nunca en la gente en términos de importancia humana.

Cierta visita de importancia vino una vez a ver a Thomas Carlyle. El autor escocés estaba trabajando; y no se le podía distraer; pero Jane, su mujer, consintió en llevar a la visita a la puerta, y abrirle una rendijita para que, por- lo menos, pudiera ver al sabio. Así lo hizo; y mientras miraban a Carlyle, que estaba inmerso en su trabajo y ajeno a todo lo demás, escribiendo uno de los libros que le hicieron famoso, dijo su mujer en voz muy baja en escocés:

-Ese es Thomas Carlyle, de quien habla todo el mundo, y es mi hombre.

Jane no pensaba en términos de etiquetas del mundo, sino en los términos del amor.

Una viajera nos cuenta que iba por Georgia en los días que precedieron a la II Guerra Mundial, y la llevaron a ver a una humilde mujeruca que vivía en una cabañita. La anciana campesina le preguntó si iba a Moscú; y cuando la viajera le dijo que sí, le pidió:

-Entonces, ¿le importaría llevarle un paquetito de pastillas de café con leche caseras a mi hijo? No puede conseguir nada parecido en Moscú.

Su hijo era José Stalin. No solemos pensar en el que fue dictador de la URSS como un hombre al que le gustaban las pastillas de café con leche, ¡pero su madre sí! Para ella no contaban las etiquetas.

Casi todo el mundo habría considerado que no tenía ninguna importancia la mujer que se coló por entre la marabunta para tocar la franja de la ropa de Jesús; pero, para Él, era una persona necesitada, y por tanto, como si dijéramos, se retiró del gentío y se entregó totalmente a ella. « Dios nos ama a cada uno como si no hubiera más que uno a quien amar»

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Lionel Valentin Calderón

Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco, Puerto Rico. Ha publicado varios libros entre los que destacan Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV, Bendiciones Cristianas Vols I-II y La Biblia comentada de Génesis a Apocalipsis.

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