Lucas 8: De Camino

Publicaciones realizadas por ángeles que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar

No os pongáis así, que no está muerta, sino sólo dormida.

Todos se pusieron a reírse de Él, porque sabían muy bien que estaba muerta. Pero Jesús le cogió la mano a la niña, y- le dijo en voz alta:

-¡Niña, levántate!

Y al instante volvió a respirar y se puso en pie. Jesús dijo que le dieran a la niña algo de comer. Los padres estaban atónitos; pero Jesús les encargó que no le dijeran nada a nadie.

La desgracia de la vida de pronto se vuelve alegría. Lucas sintió en lo más íntimo la tragedia de la muerte de esta niña. Había tres cosas que la hacían tan terrible.

(a) Era hija única. Sólo Lucas nos lo dice. Se había apagado la luz de la vida de sus padres.

(b) Tenía unos doce años de edad. Es decir, estaba en el albor de la feminidad, porque en el Este los chicos se desarrollan antes que en el Oeste. Algunas chicas hasta se casaban a esa edad. Lo que debía haber sido la mañana de la vida se había convertido en la noche.

(c) Jairo era el presidente de la sinagoga. Es decir, que era el responsable de la administración de la sinagoga y de mantener el culto público. Había llegado a lo más alto en la estimación de sus semejantes. Sin duda tenía una posición desahogada. Parecía como si la vida, como sucede a veces, le hubiera dado generosamente muchas cosas, pero ahora estuviera a punto de quitarle la más preciosa. Toda la desgracia de la vida estaba en el trasfondo de esta historia.

Ya habían venido las plañideras. A nosotros nos parece algo repulsivamente artificial pero el alquiler de estas mujeres era una señal ineludible respeto a la persona muerta. Estaban seguros de que estaba muerta. Pero Jesús dijo que estaba simplemente dormida. Fuera como fuera, la verdad es que Jesús le devolvió la vida.

Debemos fijarnos en un detalle muy práctico: Jesús dijo que le dieran algo de comer a la niña en seguida. ¿Estaría pensando tanto en la madre como en la hija? La madre, con el dolor de la pérdida y la repentina alegría de la recuperación, debía estar a punto del colapso. En momentos así, el hacer algo práctico con las manos puede salvar la vida. Y es posible que Jesús, con esa amable sabiduría que le permitía conocer la naturaleza humana tan bien, estaba dándole a la madre agotada por la emoción algo que hacer para calmarle los nervios.

Pero con mucho el personaje más interesante de la historia es Jairo.

(i) No cabe duda de que era un hombre que podía tragarse el orgullo. Era presidente de la sinagoga. Para entonces, las puertas de la sinagoga se le estaban cerrando a Jesús a toda prisa, si es que no estaban ya del todo cerradas. Pero en su hora de necesidad, se tragó el orgullo y fue a pedir ayuda.

La historia de Roldán, el paladín de Carlomagno, es una de las más famosas en la literatura universal. Roldán estaba a cargo de la retaguardia del ejército, y los sarracenos le cogieron por sorpresa en Roncesvalles. Los franceses luchaban valerosamente en inferioridad de condiciones. Ahora bien: Roldán tenía un cuerno al que llamaba Olifante, que le había ganado al gigante Jatmund, cuyo toque se podía oír a cincuenta kilómetros, y era tan potente que las aves caían muertas en vuelo cuando su sonido cruzaba los aires. Oliver, su amigo, le pidió que tocara el cuerno para que lo oyera Carlomagno y viniera en su ayuda; pero Roldán era demasiado orgulloso para pedir ayuda. Sus hombres fueron cayendo uno tras otro hasta que se quedó solo. Entonces, con el postrer aliento, tocó el cuerno, y Carlomagno se apresuró en su ayuda; pero fue demasiado tarde, porque Roldán estaba muerto. Fue demasiado orgulloso para pedir ayuda.

Cuando todo va bien pensamos que podemos solos con la vida. Pero para experimentar los milagros de la gracia de Dios tenemos que tragarnos el orgullo, y confesar humildemente nuestra necesidad, y pedir ayuda. «Pedid y recibiréis»; pero no se recibe nada si no se pide.

(ii) No cabe duda de que Jairo era un hombre de fe firme. Sintiera lo que sintiera, no aceptó sin más el veredicto de las plañideras. Esperaba contra toda esperanza. No cabe duda de que, en su corazón, algo le decía: «Nunca se sabe lo que puede hacer Jesús.» Ninguno de nosotros lo sabemos. En el día más negro podemos seguir confiando en los recursos inagotables y en la gracia y en el poder inagotable de Dios.

PERDIDA ENTRE LA MULTITUD

Lucas 8:43-48

Estaba también por allí una mujer que hacía doce años que padecía de flujo de sangre, y que se había gastado en médicos todo el dinero que tenía sin ningún resultado. Jesús estaba rodeado de gente; pero ella se acercó por detrás, y le tocó el borde de la ropa; y al instante se le detuvo el flujo definitivamente.

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Lionel Valentin Calderón

Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco, Puerto Rico. Ha publicado varios libros entre los que destacan Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV, Bendiciones Cristianas Vols I-II y La Biblia comentada de Génesis a Apocalipsis.

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