Lucas 8: De Camino

Pero ya, en un momento, un cambio completo se había efectuado en él. «Lo viejo se pasó ya: he aquí todo es hecho nuevo.» El poder por cuyo medio se obró tal curación, debe, en verdad haber sido infinito. Cuando Cristo es el médico, nada es imposible.

Una cosa, sin embargo, jamás se debe perder de vista. Sorprendente y milagrosa como fue esta cura, no es en verdad más maravillosa que la conversión de un pecador. Maravilloso como fue el cambio que se manifestó en el estado del endemoniado ya curado, no es un ápice más maravilloso que el cambio que sobreviene a cada uno que nace de nuevo, y torna a Dios del poder da Satanás. Jamás estará el hombre en su sano juicio, mientras no se convierta; jamás ocupará su debido lugar, mientras que no se arroje con fe a los pies de Jesús. ¿Nos hemos detenido alguna vez a considerar lo que es una conversión verdadera? No es otra cosa que la milagrosa redención de un cautivo, la restauración milagrosa de un hombre a su sano juicio, el milagroso rescate de un alma del poder del demonio.

¿Qué somos nosotros? Esta, es conclusión, es la gran pregunta que nos atañe. ¿Somos esclavos de Satanás, o siervos de Dios? ¿Nos ha libertado Cristo, o reina todavía el demonio en nuestros corazones? ¿Nos postramos diariamente a los pies de Jesús? ¿Estamos en nuestro sano juicio? ¡Plegué al Señor ayudarnos a dar recta respuesta a estas preguntas!

Lucas 8:37-40

Este pasaje contiene dos súplicas hechas a nuestro Señor Jesucristo, que son muy diferentes entre sí y que emanaron de dos personas de carácter muy distinto. También se nos dice de qué manera las recibió nuestro Señor Jesucristo. Ambas recibieron muy notables respuestas. Todo el pasaje es señaladamente instructivo Observemos, en primer lugar, que los gadarenos rogaron a nuestro Señor que se retirase de ellos, y El accedió a su ruego. Leemos con dolor estas solemnes palabras: «Y él subiendo en la nave, se volvió..

Y ¿porqué deseaban estos desdichados que el Hijo de Dios los dejase? ¿Por qué después del asombroso milagro que acababa de obrar entre ellos y que revelaba tanta misericordia, no sentían deseo ninguno de saber más de Aquel que lo obró? ¿Porqué, en una palabra, declarándose enemigos de sí mismos, desecharon las mercedes que se les concedían, y cerraron la puerta al Evangelio? No hay más que una sola respuesta a estas preguntas: Los gadarenos amaban el mundo y estaban resueltos a no renunciarlo. Se sentían íntimamente convencidos de que no podían recibir a Cristo al mismo tiempo perseverar en sus pecados, y estaban resueltos hacer lo último. Conocieron, a primera vista, que había algo en Jesús con lo cual no se avendrían sus costumbres; y teniendo que coger entre dos líneas de conducta, una antigua y otra nueva, desecharon la nueva y escogieron la antigua. Y ¿por qué nuestro Señor Jesucristo accedió a la petición de gadarenos, y los dejó? Lo hizo por castigo, para dar así a conocer que no ignoraba la enormidad de sus pecados. Lo hizo así mismo por compasión a su iglesia, enseñando cuan grande es la maldad de los que obstinadamente rechazan la verdad. Parece ser una ley eterna de su gobierno, que a los que obstinadamente rehúsen caminar a la luz, se les prive de la luz. ¡Grande es la paciencia y clemencia de Cristo! Su misericordia es eterna. Sus invitaciones y ofrecimientos son extensos, amplios y universales. Concede a cada iglesia su día de gracia y su día de visitación. Luk_19:44. Pero no ha prometido en ningún lugar que si los hombres persisten en desechar su doctrina, los forzará a seguirla. Los que poseen el Evangelio, y sin embargo rehúsan obedecerlo, no deben sorprenderse si se les priva de él. Centenares de iglesias, parroquias, y familias, se encuentran hoy día en el mismo estado que los gadarenos. Han dicho a Cristo: « Retírate de nosotros,» y El les ha otorgado su petición. Se han dado a los ídolos, y ahora «los deja» Job_21:14; Osea 4:17.

Cuidemos de no cometer el pecado de los gadarenos. Estemos alerta no sea que por tibieza, desatención, y vanidad mundana, arrojemos a Jesús de nuestras puertas, y hagamos que nos deje enteramente abandonados. De todos los pecados de que nos hagamos culpables, este es el peor. De todas las situaciones de la vida ninguna es tan terrible como la del que está «abandonado.» Supliquemos diariamente que Cristo no nos deje abandonados a nosotros mismos. El espectáculo que presenta el bajel que muchos días después del naufragio se ve en seco sobre un banco de arena, no es más lastimoso que el del hombre cuyo corazón Cristo ha visitado con bendiciones y castigos, mas al fin ha cesado de visitar por no haber sido recibido. La puerta atrancada es una a la que Jesús no toca jamás. El que obra como los gadarenos no del sorprenderse de ver que Cristo lo deja y se va.

Observemos, en segundo lugar, que el hombre de quien los demonios habían salido suplicó a nuestro Señor que le permitiese estar con El, mas no se le concedió su súplica. Se nos dice que Jesús lo despidió diciéndole: « Vuélvete a tu casa, y cuenta cuan grandes cosas ha hecho Dios contigo..

Podemos comprender fácilmente la causa que impulsó a este hombre a hacer esa súplica. Se sentía sumamente agradecido por la merced que acababa de recibir; se sentía lleno de amor y del afecto ardiente hacia Aquel que lo había curado tan maravillosa y bondadosamente; y quería verlo más, estar más en su compañía, y tener mayor intimidad con El. Todo lo olvidó ante estos sentimientos. Familia, parientes, amigos, patria, hogar, campos, todo parecía pequeño a sus ojos. Sentía que nada quería sino estar con Cristo. Y no podemos culparlo por estos sentimientos. Pueden haber estado mezclados de algo de fanatismo y de indiscreción. Puede haber habido en ellos un celo mal entendido. En el primer momento de excitación que naturalmente se siguió a la cura milagrosa tal vez no estaba en aptitud de juzgar cual debería de ser en el porvenir su línea de conducta; mas los sentimientos exaltados en materias religiosas son mucho mejores que la carencia absoluta de ellos. En la súplica que hizo hay mucho más que alabar que censurar. Pero ¿por qué rehusó nuestro Señor Jesucristo conceder la petición de este hombre? ¿Por qué en una época en que tenia pocos discípulos despidió a este hombre? ¿Por qué en vez de dejarlo ocupar el mismo lugar que Pedro, y Santiago, y Juan ocupaban, le mandó que se volviera a su casa? Nuestro Señor obró con infinita sabiduría. Lo hizo así para bien del alma del hombre; pues vio que era mejor para él que enseñase el Evangelio en su patria que no que fuese discípulo fuera de ella. Lo hizo por favor a los gadarenos, pues así dejaba entre ellos un testimonio permanente de la verdad de Su divina misión. Lo hizo, principalmente, para la instrucción perpetua de toda su iglesia: quiso que supiésemos que hay varios modos en que el hombre puede glorificarse, que puede ser honrado en la vida privada tan bien como en el ministerio apostólico, y que el primer lugar en que debemos proclamar a Cristo es en nuestra casa.

Compártelo con tus redes

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on whatsapp
Share on email
Share on print

Tu Opinión es muy importante para nosotros

Deja un comentario

También Podría interesarte