Lucas 8: De Camino

Publicaciones realizadas por ángeles que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar

Recordemos otra vez el ejemplo de nuestro Señor, y como él, seamos activos y «aprovechemos el tiempo..

En segundo lugar notemos en estos versículos el poder de la gracia de Dios, y el influjo impulsivo del amor de Cristo. Leemos que entre las personas que seguían a nuestro Señor en sus viajes, iban «algunas mujeres, que habían sido curadas por él de malos espíritus y enfermedades..

Podemos fácilmente concebir que las dificultades que estas santas mujeres hubieron de arrostrar para hacerse discípulas de Cristo no fueran pocas ni pequeñas. Tenían que sufrir el desprecio y el escarnio que los Escribas y Fariseos vertían sobre todos los que seguían a Jesús. Tenían además muchas pruebas por que pasar a causa de las duras palabras y del mal trato que cualquiera Judía que pensaba por sí misma en materias religiosas tendría probablemente que sufrir. Pero ninguna de estas cosas las arredraban.

Agradecidas como estaban a nuestro Señor por las mercedes recibidas de sus manos, querían sufrir mucho por amor suyo. Fortalecidas interiormente por el poder renovador del Espíritu Santo, se hallaban en aptitud de seguir a Jesús y no flaquear. ¡Y Le permanecieron noblemente fieles hasta el fin! No fue una mujer quien vendió a nuestro Señor por treinta monedas de plata. No fueron mujeres quienes abandonaron al Señor en el jardín y huyeron. No fue una mujer quien le negó tres veces en la casa del sumo sacerdote, fueron mujeres quienes lloraron y lamentaron cuando Jesús era llevado para ser crucificado. Mujeres fueron, quienes se mantuvieron firmes hasta lo ultimo junto a la cruz. Fueron mujeres las que primero visitaron el sepulcro «en que yacía el Señor.» ¡Grande es en verdad el poder de la gracia de Dios! Que el recuerdo de la noble conducta de estas mujeres anime a todas las hijas de Eva a cargar la cruz y seguir a Cristo. Que el conocimiento de su propia debilidad, o el temor de caer no les impida hacer una decidida profesión de fe. Acaso la madre de una larga familia y de escasos recursos nos diga que no tiene tiempo desocupado para la religión. Acaso la mujer de un hombre irreligioso nos diga que no se atreve á. comenzar a ocuparse de religión. Tal vez la joven cuyos padres son indevotos nos diga que lo es imposible tener religión alguna. Y quizás la criada que vive en medio de compañeras no convertidas, pueda decirnos, que en mi posición una persona no puede seguir la religión. Pero este es un gravísimo error. Con Cristo nada es imposible. Que vuelvan a pensarlo, y cambien de parecer. Que empiecen con fe en Cristo, y confíen a él el resultado. El Señor no cambia jamás. El que dio gracia y valor a «algunas mujeres « para que le sirvieran mientras estuvo en la tierra, puede facilitar los medios necesarios para que en estos tiempos las mujeres le sirvan, le glorifiquen, y sean Sus discípulas.

Notemos, finalmente, en estos versículos, el privilegio peculiar que nuestro Señor concede a los que fielmente lo siguen. Se nos dice que las mujeres que lo acompañaban en sus jornadas, «le servían de sus haberes.» Sin duda él no necesitaba de su auxilio. Son suyos todos los animales silvestres, y los ganados que pacen en mulares de montes. Psa_50:10. Aquel poderoso Salvador que pudo multiplicar unos pocos panes y pescados para alimentar a millares de personas, pudo hacer brotar de la tierra alimento para su sustento, si así lo hubiera juzgado conveniente. Más no lo hizo así, por dos razones: primero, porque quiso mostrarnos que era hombre como nosotros mismos en todo, excepto solamente en el pecado, y que vivía con fe en la providencia de su Padre; segundo, porque permitiendo a sus secuaces que le asistieran, podía poner a prueba por sí mismo el amor y respeto con que lo miraban. El que tiene verdadero amor considera un placer dar algo al objeto amado. El que no lo tiene acostumbra hablar, prometer mucho, pero no hace absolutamente nada.

Esto de «servir a Cristo de sus haberes « presenta a la mente una importante serie de reflexiones que haremos bien en considerar. Nuestro Señor Jesucristo cuida continuamente de Su iglesia en nuestros días. Le seria fácil, sin duda, convertir a los chinos o indostaníes en un momento, y crear la gracia con una sola palabra, ¡creó la luz el primer día de la creación! Más El no obra así. Quiere obrar usando como medios a los misioneros y su predicación, para difundir Su Evangelio.

Y haciéndolo así, está poniendo a prueba continuamente la fe y el celo de la iglesia. Permite a los cristianos que sean Sus coladores, para poder probar quien tiene voluntad de «servir,» y quien no la tiene. Permite que la propagación del Evangelio se fomente por medio de suscriciones, contribuciones, y sociedades religiosas, para poder experimentar quienes son los avaros e infieles y quienes los verdaderamente «ricos para con Dios.» En resumen, la iglesia visible de Cristo puede dividirse en dos grandes partes, los que «sirven» a Cristo, y los que no le sirven. ¡Pluguiese a Dios que todos nos acordásemos de esta gran verdad y diésemos pruebas de nuestro amor! Mientras vivimos estamos en tela de juicio. Nuestras vidas están manifestando constantemente de quienes somos y a quien servimos; si amamos a Cristo, o amamos el mundo. ¡Felices los que saben qué es «servir a Cristo con sus haberes»! Todavía podemos hacer esto, aunque nuestros ojos no contemplen su rostro. Aquellas palabras que describen lo que tendrá lugar el día del juicio son muy solemnes: «Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber.» Mat_25:42.

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Lionel Valentin Calderón

Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco, Puerto Rico. Ha publicado varios libros entre los que destacan Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV, Bendiciones Cristianas Vols I-II y La Biblia comentada de Génesis a Apocalipsis.

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