Lucas 8: De Camino

Lucas 8:1-56

8.2, 3 Jesús dignificó a las mujeres de la degradación y servidumbre, al compañerismo y servicio. En la cultura judía se suponía que los rabinos no enseñaran a las mujeres. Al permitir que estas mujeres viajaran con El, Jesús demostraba que todas las personas son iguales ante Dios. Estas mujeres apoyaban el ministerio de Jesús con su dinero. Tenían una gran deuda con El porque había echado demonios de algunas y sanado a otras.

8.2, 3 Aquí tenemos un vistazo de varias personas que estaban detrás del escenario en el ministerio de Jesús. A menudo, el ministerio de los que están en primer plano lo sustentan quienes realizan un trabajo menos visible, pero igualmente esencial. Brinde sus recursos a Dios, sin importar si está o no en el centro de la escena.

8.4 A menudo, Jesús comunicó verdades espirituales a través de parábolas, historias cortas o descripciones que parten de una situación familiar y le dan una aplicación espiritual. Al unir lo conocido con lo desconocido y forzar a los oidores a pensar, las parábolas pueden señalar verdades espirituales. Una parábola lleva a los oyentes a descubrir solo la verdad y la encubre de quienes tienen prejuicios para verla. En la lectura de las parábolas de Jesús debemos tener cuidado de no extraer demasiadas cosas de ellas. En su mayoría, tienen un solo tema y significado.

8.5 ¿Por qué permitiría un sembrador que la semilla cayera en el camino, entre espinos o entre rocas? Esta no es la figura de un agricultor irresponsable que esparce la semilla indiscriminadamente. El agricultor usa el método en el que se emplea la mano (voleo) para sembrar en un gran terreno, tirando puñados a medida que recorre el campo. Su meta es lograr que el mayor porcentaje de semillas eche raíz en el buen terreno, pero hay pérdida inevitable cuando algo cae en lugares menos productivos. El hecho de que parte de la semilla no produzca no es culpa del fiel agricultor ni de la semilla, los resultados dependen de la condición del terreno en el que la semilla cae. Nuestra responsabilidad es esparcir la semilla (mensaje de Dios) y no debemos desalentarnos cuando algunos de nuestros esfuerzos fallan. Recuerde, no toda semilla cae en buen terreno.

8.10 ¿Por qué las personas no entendieron las palabras de Jesús? Tal vez porque esperaban un líder militar y sus palabras no encajaban en sus ideas preconcebidas. A lo mejor temían la presión de los líderes religiosos, de manera que no se atrevían a ahondar en las palabras de Jesús. Dios dijo a Isaías que la gente oiría sus palabras y vería milagros portentosos y aun así no comprenderían sus palabras (Isa_6:9). Lo mismo le sucedió a Jesús. La parábola del sembrador es una figura apropiada de la reacción de la gente al resto de sus enseñanzas.

8.11-15 Los del «camino», como muchos líderes religiosos, se negaron a creer en el mensaje de Dios. Los de sobre la «piedra», como las multitudes que seguían a Jesús, confiaban en Dios pero no hacían nada para probarlo. Los que están «entre espinos», como la gente dominada por el materialismo, no le dan cabida a Dios. Los de «buena tierra», en contraste a los otros grupos, le sigue sin tener en cuenta el costo. ¿Qué tipo de terreno es usted?

8.16-17 Cuando la luz de la verdad acerca de Jesús nos ilumina, tenemos la responsabilidad de brillar con la luz que ayuda a otros. Nuestro testimonio debe ser público, no encubierto. No debemos guardarnos los beneficios, debemos compartirlos con otros. A fin de ayudar, debemos estar bien ubicados. Busque oportunidades para estar en el lugar donde los inconversos necesitan ayuda.

8.18 Poner por obra la Palabra de Dios nos ayuda a crecer. Este es un principio físico, mental y espiritual de la vida. Por ejemplo, cuando un músculo se ejercita, crece fuerte; pero uno que no se ejercita crece débil y flácido. Si usted no crece, será débil. Es imposible permanecer así por mucho tiempo. ¿Qué hace con lo que Dios le ha dado?

8.21 Los verdaderos familiares de Jesús son los que escuchan y obedecen sus palabras. Escuchar sin obedecer no es suficiente. Como Jesús amó a su madre (véase Joh_19:25-27), así El nos ama. El nos ofrece una íntima relación familiar con El.

8.23 El mar de Galilea (hoy en día un gran lago) es aún el escenario de tormentas considerables, algunas veces con olas que alcanzan una altura de seis metros. Los discípulos de Jesús no lucharon sin causa. A pesar de que varios eran expertos pescadores y sabían cómo controlar una embarcación, el peligro era real.

8.25 Cuando estamos en medio de la tormenta de la vida, es fácil pensar que Dios ha perdido el control y que estamos a merced de los vientos del destino. En realidad, Dios es soberano. Controla la historia del mundo y nuestro destino personal. Así como Jesús calmó las olas, puede también calmar cualquier tormenta que enfrentemos.

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