Comprometidos a Sembrar La Palabra de Dios

Lucas 6: La creciente oposición

(ii) Está Jesús. Hay en esta historia una gloriosa atmósfera de desafío. Jesús sabía que le estaban espiando, pero no vaciló en sanar. Le dijo al hombre que se pusiera en medio: esto no se iba a hacer en un rincón. Se cuenta de uno de los primeros predicadores metodistas, que tenía el propósito de predicar en un pueblo hostil. Alquiló a un pregonero para que anunciara la reunión, y éste empezó a hacerlo en un susurro aterrado. Entonces el predicador le quitó de la mano la campana, la hizo sonar y tronó: -¡Mister Fulano de Tal predicará en tal y tal lugar a tal y tal hora de la noche y ese hombre soy yo! El verdadero cristiano despliega con orgullo la bandera de la fe, y desafía abiertamente a la oposición.

(iii) Estaban los fariseos. Aquí tenemos a unos hombres que siguieron el extraño camino de odiar a un hombre que acababa de curar a un paciente. Son el ejemplo sobresaliente de los que aman sus leyes y sus reglas más que a Dios. Seguimos viendo esta actitud en las iglesias una y otra vez. Discusiones, no acerca de las grandes cuestiones de la fe, sino sobre cuestiones de gobierno eclesiástico y cosas por el estilo. Leighton dijo una vez: «Cómo se haya de gobernar la iglesia es indiferente; pero la paz y la concordia, la amabilidad y la buena voluntad son indispensables.»

Siempre está presente el peligro de poner la lealtad al sistema por encima de la lealtad a Dios.

JESÚS ELIGE SUS HOMBRES

Lucas 6:12-19

Por aquellos días, Jesús se retiró al monte a orar, y pasó toda la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, reunió a sus discípulos, y escogió a doce de entre ellos, a los que dio el nombre de apóstoles. Eran: Simón, al que también llamaba Pedro; el hermano de éste, Andrés; Santiago y Juan; Felipe y Bartolomé; Mateo y Tomás; Santiago hijo de Alfeo; Simón, conocido como el Celota; Judas, el hermano de Santiago, y Judas Iscariote, que acabó siendo traidor.

Luego bajó con ellos del monte, y se paró en una llanura donde había una gran multitud de discípulos suyos, y un gentío inmenso de gente de toda Judasa, y de Jerusalén, y de la costa de Tiro y de Sidón, que se habían reunido allí para escuchar su mensaje y para que los curara de sus enfermedades. También sanó a los que sufrían de espíritus inmundos.

Toda la gente estaba intentando tocarle, porque de Él emanaba un poder que los ponía buenos a todos.

Aquí vemos a Jesús eligiendo a sus hombres. Es interesante y provechoso entender por qué los escogió, porque Él sigue queriendo y necesitando hombres.

(i) Mar_3:14 nos dice que los escogió para que estuvieran con Él. Esto quiere decir dos cosas.

(a) Los escogió para que fueran sus amigos. Es maravilloso que Jesús necesitara amistad humana. Pertenece a la esencia misma de la fe cristiana el que podamos decir con toda reverencia y humildad que Dios no puede ser feliz sin los hombres. Precisamente porque es Padre, tiene un lugar vacío en el corazón hasta que el último hombre haya vuelto a casa.

(b) Jesús sabía que se acercaba el fin de su vida en la Tierra. Si hubiera vivido en otro tiempo, tal vez habría escrito un libro que hubiera llevado su enseñanza por todo el mundo. Pero, cuando Él vivió, escogió a esos hombres para escribir en ellos su mensaje. Serían sus libros vivos. Estarían en su compañía para poder llevar su mensaje a todos los hombres algún día.

(ii) Jesús los escogió entre sus discípulos. Discípulo quiere decir aprendiz. Tenían que ser de los que siempre estaban aprendiendo más y más de Él. Un cristiano es una persona que se pasa toda la vida aprendiendo del Señor al que verá cara a cara algún día, y entonces le conocerá como ahora el Señor le conoce a él.

(iii) Jesús escogió a sus hombres para que fueran sus apóstoles. La palabra griega apóstolos quiere decir alguien a quien se envía. Se puede referir a un mensajero o embajador. Los apóstoles iban a ser los embajadores de Jesús al mundo. El embajador es alguien que representa a su país en el extranjero. El cristiano es enviado como embajador de Cristo, no sólo con sus palabras, sino con sus obras y con toda su vida.

De los Doce mismos tenemos que decir dos cosas.

(i) Eran simplemente hombres corrientes. Ninguno era rico, ni famoso, ni influyente; no habían recibido unos estudios especiales. Eran sencillamente gente corriente. Es como si Jesús hubiera dicho: «Dadme doce personas corrientes, y cambiaré el mundo.» La obra de Jesús no está en las manos de los que el mundo llama grandes hombres, sino en las de gente corriente, como nosotros.

Ayúdanos a continuar sembrando La Palbara de Dios

WebDedicado ha sido autorizado a recaudar los fondos para continuar con La Gran Comisión


Deja el primer comentario

Otros artículos de Nuestro Blog

Que pueden ser de interés para ti de acuerdo a tus lecturas previas.