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Lucas 6: La creciente oposición

-Pero -le contestó el obispo moribundo-, ¿cómo puedo saber que es mi Salvador?

-Escrito está -continuó el capellán-: «Al que a mí viene, no le echo fuera». Y Butler contestó:

-He leído esas palabras mil veces, y nunca me había enterado de su significado hasta ahora. Ahora muero en paz.

El sentimiento de su necesidad le abrió el sentido de la Escritura.

Cuando leemos el Libro de Dios debemos venir con una mente abierta y con un corazón necesitado: entonces será también para nosotros el libro más maravilloso del mundo,

EL DESAFÍO DE JESÚS

Lucas 6:6-11

Otro sábado fue Jesús a la sinagoga, y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía seco el brazo derecho. Los escribas y los fariseos le estaban vigilando muy de cerca para ver si se atrevía a sanar al hombre en sábado, porque querían tener algo de que acusarle.

Jesús se daba cuenta de lo que estaban tramando, pero dijo al del brazo seco:

-Ponte en pie donde todos te vean.

El hombre se levantó y se puso en medio. Entonces Jesús les dijo:

-Os preguntaré una cosa: ¿Qué es lo que se permite hacer el sábado, ayudar a alguien o hacerle daño, salvar la vida o destruirla?

Y dirigió la mirada en círculo a todos los presentes, esperando una respuesta. Ante el silencio general, dijo al enfermo:

-¡Extiende el brazo!

Y el hombre lo hizo, y se le restauró el brazo completamente. Los enemigos de Jesús se pusieron furiosos, y empezaron a hacer planes para acabar con él.

Para este tiempo la oposición a Jesús iba concretándose. Estaba enseñando en la sinagoga un sábado, y los escribas y los fariseos estaban también allí con el propósito de espiarle para, si curaba al enfermo, acusarle de quebrantar el sábado. Hay un detalle interesante: si comparamos esta historia en Mat_12:10-13 , y Mar_3:1-6 , con la versión de Lucas, nos damos cuenta de que es sólo éste el que nos dice que era el brazo derecho el que tenía seco el hombre. Aquí habla el médico, interesado en todos los detalles del caso.

En este incidente, Jesús quebrantó abiertamente la ley tradicional. Curar era un trabajo, y estaba prohibido hacer ningún trabajo el sábado. Es verdad que si había peligro de muerte se podía hacer algo para mantener la vida. También era legal tratar las dolencias de ojos o garganta. Pero este hombre no estaba en peligro de muerte; podría haber esperado hasta el día siguiente sin peligro. Pero Jesús estableció el gran principio de que, dijeran lo que dijeran las leyes y las reglas, siempre se puede hacer un bien en sábado. Jesús les dirigió la pregunta punzante: «Os preguntaré una cosa: ¿Qué es lo que se permite hacer el sábado, ayudar a alguien o hacerle daño, salvar la vida o destruirla?» Eso tiene que haberles llegado al alma, porque mientras Él estaba tratando de ayudar a la vida del hombre del brazo seco, ellos estaban haciendo todo lo posible para destruirle a Él. Era Él el que estaba tratando de salvar, y ellos de destruir.

En esta escena hay tres personajes.

(i) Está el hombre del brazo seco. Podemos decir dos cosas de él. (a) En uno de los evangelios apócrifos, es decir, de los que no llegaron a formar parte del Nuevo Testamento, se nos dice que el hombre era mampostero, y vino a Jesús para pedirle ayuda y le dijo: «Yo era mampostero, y me ganaba la vida con las manos; te suplico, Jesús, que me devuelvas la salud para que no tenga que mendigar mi pan con vergüenza.» Era un hombre que quería trabajar. Dios siempre mira con aprobación al que quiere ganarse la vida decentemente.

(b) Era un hombre que estaba dispuesto a intentar lo imposible. No se puso a discutir cuando le dijo Jesús que extendiera el brazo inútil; lo intentó y lo consiguió, con las fuerzas que le dio Jesús. Imposible es una palabra que habría que desterrar del vocabulario del cristiano. Como ha dicho un famoso hombre de ciencia, «La diferencia entre lo difícil y lo imposible está sólo en que se tarda un poco más en hacer lo imposible.»

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