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Lucas 6: La creciente oposición

Observemos, finalmente, en estos versículos, que cuadro tan melancólico bosqueja nuestro Señor del hombre que oye las palabras de Cristo, pero no las observa. Lo compara á uno que edificó su casa sobre tierra sin fundamento.

Un hombre semejante puede parecer al principio muy religioso. Tal vez un ojo inexperto no descubra diferencia alguna entre su religión y la del cristiano verdadero. Ambos asisten acaso al culto en la misma iglesia; observan las mismas reglas, profesan la misma fe. La apariencia exterior de la casa edificada en la roca, y la de la casa sin ningún fundamento sólido, pueden ser casi lo mismo. Pero los padecimientos y las aflicciones son pruebas que el que profesa meramente una religión exterior no puede resistir. Cuando la tormenta y la tempestad dan contra la casa que no tiene fundamento, las paredes que se levantaban tan orgullosas en días serenos y bonancibles, caen al suelo inevitablemente. El Cristianismo que consiste solamente en oír las lecciones de la religión, y no en practicarlas, es un edificio que tiene que derrumbarse. ¡Grande, en verdad, será la ruina! No hay pérdida igual á la pérdida de un alma.

Este es un pasaje de la Escritura que debe despertar en nuestras mentes pensamientos muy solemnes. Los cuadros que presenta son de cosas que están pasando diariamente á nuestro rededor. Por todos lados veremos á millares de personas construyendo, para la eternidad edificios fundados sobre una conformidad externa a las doctrinas del Cristianismo; esforzándose en amparar sus almas bajo vanos refugios; y contentándose con una mera apariencia de santidad. ¡Pocos son en verdad los que edifican sobre la roca, y grande es el ridículo y la persecución que tienen que sufrir! Muchos los que edifican sobre arena, y enormes son los chascos y reveses que experimentan como único fruto de su trabajo. Ciertamente, si jamás hubiera habido prueba de que el hombre es un ser caído é ignorante de las materias espirituales, la tendríamos en el hecho que muchos de los que reciben el bautismo en cada generación, persisten en fabricar sobre tierra deleznable.

¿Sobre qué cimiento estamos edificando nosotros? Esta es, al cabo, la pregunta que nos concierne. ¿Estamos edificando sobre la roca, ó sobre la arena? Gústanos oír el Evangelio; aceptamos todas sus doctrinas cardinales; y convenimos en todo lo que dice de Cristo y del Espíritu Santo, de la justificación y santificación, del arrepentimiento y de la fe, de la conversión y santidad, de la Biblia y de la oración; pero ¿qué estamos haciendo? ¿Cuáles son la historia diaria y práctica de nuestra vida, en público y en privado, en el seno de la familia y en contacto con el mundo? ¿Puede decirse que nosotros no solamente oímos las palabras de Cristo, sino que también las cumplimos? La hora se acerca, y pronto llegará, en que se nos hagan preguntas como estas, y nosotros tendremos que contestarlas, ya nos gusten ó no. Á la hora de la angustia y del desamparo, de la enfermedad y de la muerte, se revelará si estamos sobre la roca, ó sobre la arena. Acordémonos de esto con tiempo; no nos chanceemos con nuestras almas. Procuremos creer y vivir, oír la voz de Cristo, y seguirle de tal manera que cuando sobrevengan las avenidas, y los torrentes den contra nosotros, nuestro edificio permanezca inmóvil.

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