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Lucas 6: La creciente oposición

Tengamos esto presente cuando pensemos en hacer algo por la causa de Cristo, y guardémonos de buscar apoyo en brazos humanos. Velemos contra la inclinación oculta, que á todos nos es natural, de considerar el dinero, ó el saber, ó la protección ó el sostén de los grandes de la tierra, como los medios necesarios para llevar nuestros planes. Si queremos hacer bien á las almas, no debemos dirigirnos primero á los potentados de este mundo: debemos comenzar por donde la iglesia de Cristo comenzó, buscando predicadores llenos del Espíritu Santo.

Finalmente, observemos en estos versículos que uno de aquellos que nuestro Señor eligió para apóstoles, resultó falso y traidor, ese fue Judas Iscariote.

No podemos dudar por un momento, que al elegir á Judas Iscariote nuestro Señor sabia bien lo que hacia. Quien podía leer los corazones, sabía con toda certeza desde el principio que, no obstante sus protestas de piedad, Judas era un malvado, y que algún día lo entregaría alevosamente. Entonces ¿por qué lo eligió apóstol? Es esta una pregunta que á muchos ha confundido. Sin embargo, puede dársele una respuesta satisfactoria. Cómo todo lo que hacia, nuestro Señor eligió con prudencia, deliberación, y sabiduría. En esta elección hay lecciones de alta importancia para toda la iglesia de Cristo.

La elección de Judas fue hecha con el designio de enseñar á los ministros da culto á ser humildes. Estos no han de suponer que la ordenación comunica necesariamente la gracia divina, ó que una vez que estén ordenados no pueden errar. Al contrario, han de acordarse, que uno que fue ordenado por el mismo Cristo fue un in hipócrita. Esté pues alerta el ministro que cree hallarse firme, no sea que caiga.

Además, la elección de Judas fue hecha con el designio de enseñar á los feligreses á no hacer ídolos á los ministros. Es de su deber estimarlos y amarlos en alto grado, por causa de su misión, mas no deben reverenciarlos como si fuesen infalibles, ni honrarlos de una manera contraria á la Escritura. Es menester no olviden quo los ministros tanto pueden ser sucesores de Judas Iscariote, como de Pedro y Pablo. El nombre de Judas debe servirnos de admonición perpetua para no tener confianza del hombre. «No glorío nadie en los hombres.» 1Co_3:21.

Finalmente, la elección que nuestro Señor hizo de Judas fue con el objeto de enseñar á toda la iglesia, que en el actual estado de cosas no debía esperar ver una comunidad de fe pura y perfecta. El trigo y la cizaña–el pescado bueno y el malo–se encontrarán siempre mezclados, hasta la segunda venida del Señor. Es inútil querer hallar perfección en las iglesias visibles. Nunca la encontraremos. Aun entre los apóstoles hubo un Judas. Convertidos y no convertidos se hallarán siempre mezclados en todas las congregaciones.

Luc 6:20-26

EL discurso de nuestro Señor, que principia en estos versículos, se parece en muchos respectos á Su bien conocido Sermón del Monte. La semejanza, en realidad, es tan obvia que muchos han dicho que S. Lucas y S. Mateo relatan un solo y el mismo discurso, y que S. Lucas nos da en forma abreviada lo que S. Mateo nos refiere extensamente. Parece que no hay bastante fundamento para esta aserción. Las ocasiones en que se pronunciaron los dos discursos fueron enteramente diferentes. La repetición de nuestro Señor de la misma gran lección en dos ocasiones diferentes, usando casi de las mismas palabras, nada tiene de extraordinario. No es justo suponer que nunca diera algunas de sus importantes enseñanzas más de una vez. En el caso de que tratamos la repetición es de mucha trascendencia. Nos indica claramente la alta importancia de las lecciones que contienen los dos discursos.

En primer lugar, veamos en estos versículos á quiénes es que EL Señor llama bienaventurados. La lista es notable y digna de atención. Particulariza á los que son «pobres,» á los que tienen «hambre,» á los que «lloran,» y á los que son «aborrecidos» de los hombres. Estas son las personas á quienes el Gran Jefe de la Iglesia les dice: « ¡Bienaventurados vosotros!.

Es preciso tengamos buen cuidado de no dar una inteligencia errada á las palabras de nuestro Señor. No debemos suponer por tanto que por el mero hecho de estar uno pobre, hambriento pesaroso y aborrecido de los hombres tenga derecho á. esperar bendición de Cristo. La pobreza de que aquí se habla es la pobreza acompañada de la piedad. La necesidad es una necesidad vinculada en la fiel adhesión á Jesús. Las aflicciones son las aflicciones del Evangelio. La persecución es la persecución por amor al Hijo del Hombre. Semejante necesidad, pobreza y aflicción y persecución, fueron la consecuencia de la fe en Cristo, en los primeros siglos del Cristianismo. Millares tuvieron que renunciar a cuanto poseían en este mundo por causa de su religión. Fue a ellos que Jesús tuvo especialmente presentes en este pasaje. El socorrerlos, así como á todos los que sufren por amor del Evangelio, con particulares consuelos.

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