Lucas 6: La creciente oposición

Los discípulos recogen espigas en Sábado

No estará por demás recordar que el celo exagerado de los fariseos acerca del sábado no se extendía á otros mandamientos igualmente explícitos de la ley de Dios. Parece evidente según otras muchas expresiones de los Evangelios, que estos mismos hombres, aparentaban tal escrupulosidad sobre una cosa tan pequeña, más que indiferentes é inmorales en cuanto á otros puntos de importancia infinitamente mayor. En tanto que forzaban el mandamiento referente al sábado exagerando su verdadera inteligencia, hollaban con desprecio el décimo mandamiento, y eran notorios por su codicia. Lucas 16.14. Más este es precisamente el carácter del hipócrita. Para servirnos del ejemplo que propuso nuestro Señor, en algunas cosas el hipócrita se toma mucho trabajo por colar un mosquito, en tanto que en otras es capaz de tragarse hasta un camello. Mat_23:24. Es mal síntoma del estado de su alma, cuando el hombre empieza á colocar en primer lugar las cosas secundarias en religión, y las cosas importantes en el segundo; ó las cosas ordenadas por el hombre sobre las cosas ordenadas por Dios. Precavámonos de llegar á tal situación. Algo está viciado en nuestra condición espiritual, si lo único que miramos en otros es su Cristianismo exterior, y si la primera pregunta que hacemos es, si pertenecen á nuestra iglesia, usan nuestro rito externo, y sirven á Dios de la misma manera que nosotros. ¿Se arrepienten del pecado? ¿Creen en Cristo? ¿Están viviendo rectamente? Estos son los puntos principales á los cuales debemos dirigir nuestra atención. En cuanto comencemos á dar la preferencia á otros, nos ponemos en peligro de llegar á ser tan completos Fariseos como los acusa dores de los discípulos.

Notemos además con cuanta espontaneidad abogó nuestro Señor por sus discípulos, y los defendió contra sus acusadores. Se nos dice que respondió á las preguntas malignas de los Fariseos con argumentos tan fuertes que estos callaron, si no se convencieron. No dejó á Sus discípulos que luchasen solos. Vino en su ayuda y habló por ellos.

Tenemos en este hecho un ejemplo consolador de lo que Jesús está haciendo continuamente en beneficio de su pueblo. Leemos en la Biblia que existe un ser llamado «el acusador de nuestros hermanos, el cual los acusa día y noche,»Satanás, el príncipe de este mundo. Rev_12:10. ¡Cuántos motivos de acusación le damos á causa de nuestra fragilidad! ¡Cuántos cargos puede hacer nos justamente ante Dios! Pero demos gracias á Dios que los creyentes tienen un Abogado para con el Padre, Jesucristo, el justo, que en el cielo está siempre defendiendo la causa de Su pueblo, é intercediendo continuamente por ellos.

Fortalezcámonos con esta reflexión animadora. Aquietemos nuestras almas con el recuerdo del gran Protector que tenemos en el cielo. Que nuestra noche y mañana sea constantemente: «Responde por mí, responde por mí, O Señor mi Dios..

Por último debemos notar en estos versículos cómo nuestro Señor pone en claro qué es lo que verdaderamente está prescrito en el cuarto mandamiento. Dice á los Fariseos hipócritas, que aparentaban tanto escrúpulo en la observancia del sábado, que este día no fue instituido con el objeto de prohibir los trabajos de necesidad. Les recuerda que el mismo David una vez que estaba sufriendo hambre, tomó y comió los panes de la proposición, de los cuales solamente los sacerdotes podían comer, y que Dios permitió tal cosa porque fue hija de la necesidad; y de ahí arguyó, que Aquel que permitió se infringiesen las reglas de Su templo en caso de necesidad, puede permitir indudablemente que se trabaje en día de sábado, siempre que el trabajo sea realmente necesario. Tanto en este como en otros lugares debemos meditar detenidamente sobre la naturaleza de la enseñanza de nuestro Señor Jesucristo con respecto á la observancia del sábado. No debemos arrastrar por opinión común de que el sábado es mera institución Judaica, y que fue abolida y anulada por Cristo. No hay un solo pasaje de los Evangelios que pruebe tal cosa. Todos los en que nuestro Señor se refiere al sábado, habla contra las opiniones erróneas que acerca de su observancia propagaban fariseos, pero no contra el día mismo. Cristo depuró el cuarto mandamiento de las adiciones que le hicieron los hombres, y con los Judíos lo habían profanado; más nunca dijo que su observancia no era obligatoria á los cristianos. El enseñó que el descanso del día sétimo no fue instituido con objeto de prohibir los trabajos de necesidad y de misericordia, más no dijo palabra alguna de la cual pueda inferirse que ese día había de correr la misma suerte que la ley ceremonial.

En nuestros días cualquiera cosa que se asemeje á una observancia estricta del sábado, es rebudiada, en algunas partes, como reliquia de la superstición judaica. Algunas personas nos dicen con descaro que guardar el domingo como consagrado á Dios es propio de los que obedezcan la ley ceremonial, y que declarar vigente el cuarto mandamiento entre los cristianos es volver al cautiverio. Bástenos tener presente, cuando oigamos tales palabras, que las aserciones no son pruebas, y que este modo vago de razonar no tiene apoyo en la palabra de Dios. Estemos seguros de que el cuarto mandamiento nunca ha sido abrogado por Cristo, y que el Evangelio no nos da más derecho para quebrantar el precepto referente al sábado, que para robar y matar. El arquitecto que repara un edificio y lo pone en buen estado no es destructor, sino restaurador. El Salvador que despojó el sábado de las tradiciones judaicas, y que tantas veces aclaró su verdadero sentido, no pudo ser enemigo del cuarto mandamiento. Por el contrario, lo ha engrandecido y ensalzado.

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