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Lucas 5: Condiciones para un milagro

Notas. 1 Genesaret (Quinéret en el AT) es otro nombre para designar a Galilea y se refiere específicamente a la zona al sur de Capernaúm (cf. 6:53). 3 Sobre Jesús, enseñando junto al mar y usando una barca como una especie de púlpito, ver Mar. 4:1, 2. 11 Las teorías de que la gran pesca tenía por intención proveer alimento para los dependientes de los discípulos o que simbolizaba la cantidad de gente que ellos ganarían (cf. Juan 21:1-14) es mera especulación.

Sanidad de un leproso (ver Mat. 8:1-4; Mar. 1:40-45). La primera historia contrasta con las siguientes porque ilustra cómo Jesús normalmente se mantuvo dentro de la ley del AT. La palabra lepra cubría una variedad de enfermedades cutáneas, no todas ellas infecciosas. Si la persona pretendía estar curada, debía cumplir las formalida des correctas de ser considerada limpia por los sacerdotes, antes que se le permitiera moverse libremente en la sociedad (Lev. 14:1-32), y Jesús indicó a este hombre que así lo hiciera, obedeciendo la ley. La historia ilustra cómo Jesús realizó curas en respuesta a la fe -la idea está claramente presente, aunque no se use la palabra- y muestra cómo su reputación iba creciendo, tanto como maestro como quien era sanador.

Autoridad de Jesús para perdonar pecados (ver Mat. 9:1-8; Mar. 2:1-12). La presencia de los fariseos y los maestros de la ley al comienzo del relato prepara al lector para esperar una reacción hostil hacia Jesús. Los fariseos eran un partido religioso que ponía gran énfasis en la estricta observancia de la ley, y en las detalladas reglas que le habían sido agregadas posteriormente y que eran enseñadas especialmente por los maestros de la ley. Estos eran una clase profesional de abogados y maestros que generalmente pertenecían al partido de los fariseos. Lucas describe el techo plano de la casa como un tejado, o sea hecho de tejas (forma de construcción que era familiar a sus lectores griegos), mientras que Mar. implica que era de barro endurecido y varas. Jesús no sanó de inmediato al paralítico, sino que dijo que sus pecados (en ese entonces) eran perdonados. Posiblemente esto implica que el hombre creía que su enfermedad era un castigo por algún pecado en particular; ciertamente no significa que la enfermedad o el desastre siempre sea un castigo por el pecado (ver 13:1-5). Un profeta o sacerdote podía perdonar pecados en el nombre de Dios. La cuestión era si Jesús tenía la autoridad profética para hacerlo: si no era así, estaba declarando falsamente que actuaba en nombre de Dios. De hecho, Jesús declaraba tener la suprema autoridad del Hijo del Hombre que está asociada con el juicio final de Dios sobre la humanidad (cf. Dan. 7:9-22; Luc. 9:26; 12:8, 9). Su respuesta daba una prueba indirecta de esta autoridad mostrando que también tenía autoridad divina para sanar (17). La realización de un acto visible debería convencer a los espectadores de que él también poseía autoridad para el acto invisible y por lo mismo imposible de comprobar.

Actitud de Jesús hacia los pecadores (ver Mat. 9:9-13; Mar. 2:13-17). A diferencia de 5:1-11 esta historia cuenta sólo incidentalmente lo que implica el discipulado. Su propósito principal es mostrar el tipo de persona que Jesús llama y justificar su acción. Le agradó llevar las buenas nuevas a Leví y a sus ex compañeros y su justificación de ese acto estaba más allá de la crítica. No más que de un médico, se podía esperar que Jesús evitara el contacto con un enfermo. Su deber estaba con los necesitados a quienes invitaba al arrepentimiento; los que se consideraban justos no eran su preocupación primordial. Los publicanos eran mi rados por los fariseos como “impuros” religiosamente porque trabajaban para los romanos, y eran odiados porque explotaban a sus compatriotas judíos, llenándose los bolsillos con éxito. Los pecadores que aquí estaban asociados con ellos incluían a las prostitutas, los malhechores y otras personas de dudosa reputación.

Actitud de Jesús hacia el ayuno (ver Mat. 9:14-17; Mar. 2:18-22). El AT requería que el pueblo ayunara una vez por año, el día de la expiación. Los fariseos reclamaban que se hiciese dos veces a la semana, pero Jesús hizo a un lado esa innovación. Sostuvo que hubiera sido tan lógico que los discípulos ayunaran como si lo hicieran los invitados a una fiesta en vez de unirse a los festejos. Había llegado la nueva era de la salvación y los ritos funerarios del pasado eran incompatibles con ella. Sólo durante los días tristes entre la muerte y la resurrección de Jesús sería apropiado ayunar.

Además, sería fútil tratar de combinar la nueva religión con el legalismo de factura humana. La nueva religión se estropearía y, en todo caso, los dos caminos no podrían combinarse, así como un tro zo nuevo de ropa desgarraría una tela vieja o los viejos odres que habían perdido su elasticidad serían rotos por el vino fermentado contenido en ellos. El v. 39 probablemente es un comentario irónico de Jesús sobre los judíos que rechazaban el nuevo vino del evangelio y sostenían que los viejos caminos eran mejores.

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