Lucas 5: Condiciones para un milagro

(ii) Los escribas y fariseos criticaban. Los fariseos -los separados- no habrían dejado que el extremo de su túnica rozara a uno como Mateo. Jesús les dio la respuesta irrefutable. Les hizo notar que son precisamente los enfermos los que necesitan un médico; y personas como Mateó y sus amigos eran los que Le necesitaban más. No estaría mal que consideráramos al pecador más como un enfermo que como un criminal; y al que ha cometido un error, más que como alguien que merece desprecio y condenación, como alguien que necesita amor y ayuda para encontrar la rehabilitación.

LA COMPAÑÍA FELIZ

Algunos le dijeron a Jesús:

-Los discípulos de Juan el Bautista ayunan con frecuencia y cumplen escrupulosamente con las oraciones rituales, y los discípulos de los fariseos también; pero tus discípulos comen y beben cuando les da la gana, lo que se les antoja.

 

-Está claro -les contestó Jesús- que no se espera que los invitados a una boda se pongan a ayunar cuando están en compañía del novio. Ya llegará la hora en que el novio les sea arrebatado; entonces ayunarán.

 

Lo que sorprendía y escandalizaba a los escribas y fariseos era que los seguidores de Jesús fueran tan normales. Collie Knox nos cuenta que una vez le dijo un muy querido capellán: «Joven Knox, no hagas de tu religión una agonía.» Y se decía que a Bums le obsesionaba más que le ayudaba la religión. El judío religioso tenía la idea -que no ha muerto todavía del todo- de que para ser religioso uno tenía que pasárselo mal.

Habían sistematizado las observancias religiosas. Ayunaban los lunes y los jueves; y a menudo se enjalbegaban la cara para que uno no pudiera por menos de darse cuenta de que estaban ayunando. Es verdad que eso del ayuno no era tan riguroso; porque duraba sólo desde la salida hasta la puesta del sol, y antes y después se .podía tomar alimento. Se trataba de llamar la atención de Dios hacia el que ayunaba. A veces hasta lo consideraban un sacrificio: al ayunar, uno le estaba ofreciendo a Dios nada menos .que su cuerpo. Y la oración también estaba reglamentada: se hacía a las 12 del mediodía, a las 3 y a las 6 de la tarde.

Jesús estaba totalmente en contra de una religión así, y lo explica con una imagen de la vida real. Cuando se casaba una pareja en Palestina,; no se iban a otro sitio a pasar la luna de miel, sino que se quedaban en casa y tenían invitados toda la semana. Se ponían la mejor ropa que tenían; a veces, hasta se ponían coronas; esa semana eran los reyes, y su palabra era la ley. No volverían a tener una semana igual en toda una vida de trabajo. Y los invitados más íntimos se llamaban «los hijos de la cámara nupcial», con una expresión típicamente hebrea.

(i) Es sumamente significativo que Jesús comparara la vida cristiana con una fiesta de bodas. La alegría debe ser la primera característica cristiana. Son demasiados los que creen que la religión los obliga a hacer todo lo que no quieren, y a no hacer lo que quieren. La risa se convierte en un pecado, en vez de -como la llamaba un famoso filósofo- «una gloria repentina.»

(ii) Al mismo tiempo Jesús sabía que llegaría el día en que el novio les sería arrebatado. La muerte no le pilló desprevenido. La cruz siempre estaba a la vista; pero aun en el camino de la cruz no le faltó el gozo que nadie le podía quitar: el gozo de la presencia de Dios.

LA NUEVA IDEA

Jesús usó una ilustración para que le entendieran. Nadie es tan tonto -dijo- como para rasgar un trozo de tela nueva para remendar una ropa vieja. Si lo hiciera, echaría a perder lo nuevo, y no le serviría para nada, porque el remiendo nuevo no iría con la ropa vieja. Y nadie pone mosto que está`. fermentando en pellejos viejos que han perdido la elasticidad; porque el vino nuevo reventaría los odres viejos, y se derramaría, y los odres viejos se quedarían inservibles. El vino nuevo requiere odres nuevos. Y nadie quiere beber vino que todavía no está hecho, porque dice: «Lo añejo está mejor.»

Los religiosos tienen una pasión por lo antiguo. Nada se mueve más despacio que una iglesia. El problema de los fariseos era que todo lo de Jesús era tan absolutamente nuevo que, sencillamente, no lo podían asimilar.

La mente acaba perdiendo la flexibilidad para aceptar ideas nuevas. Jesús da dos ilustraciones: «No se puede poner un remiendo de paño nuevo a una ropa vieja -dijo-. La fuerza del paño nuevo todavía hará mayor lo que se haya rasgado de la ropa vieja.»

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