Lucas 5: Condiciones para un milagro

Gracias a Dios es parte de la trama de la vida y del amor que haya influencias preciosas que salvan las almas de los hombres.

EL HUÉSPED DE UN DESCASTADO

Más tarde, Jesús salió de la casa y vio a un cobrador de impuestos que se llamaba Leví, que estaba sentado en la oficina de cobro de los impuestos, y le dijo:

-¡Vente conmigo!

Leví se levantó de su asiento, lo, dejó todo como estaba y se hizo seguidor de Jesús. Luego hizo una gran fiesta en su casa en honor de Jesús en la que estaban presentes un montón de invitados, entre ellos muchos recaudadores de impuestos. Los fariseos y los escribas se empezaron a meter con los discípulos de Jesús y a decirles:

-¿Cómo es que coméis y bebéis con recaudadores de impuestos y con gente de mal vivir con los que no se relacionaría ningún judío que se apreciara en algo?

-Los que necesitan al médico no son los que están bien -intervino Jesús-, sino los que están malos. Yo no he venido a invitar a los buenos a que se arrepientan, sino a los pecadores.

Aquí tenemos la vocación de Mateo (cp. Mat_9:9-13 ). Los publicanos o recaudadores de impuestos eran los más odiados de Palestina. Palestina era un país sometido a los Romanos, y los recaudadores de impuestos estaban al servicio del gobierno de Roma; por tanto, se los consideraba como renegados y traidores.

El sistema de impuestos se prestaba a abusos. La costumbre romana era subastar los impuestos; a un distrito se le asignaba una cantidad, y luego se le vendía el derecho de recogida de impuestos al mejor postor. Mientras éste entregara la cantidad asignada al final del ejercicio, podía quedarse con lo demás que le hubiera sacado al pueblo. Y como no había periódicos, ni radio, ni televisión para que los anuncios llegaran a todo el mundo, las personas corrientes no tenían idea de lo que tenían que pagar.

Este sistema particular se había prestado a abusos tan gordos que ya se había cambiado en los tiempos del Nuevo Testamento; sin embargo, todavía había impuestos y recaudadores colaboracionistas al servicio de Roma y abusos y explotación.

Había dos tipos de impuestos. El primero eran los impuestos de estado. Había un impuesto general que tenían que pagar todos los hombres de 14 a 65 años y las mujeres de 12 a 65, solamente por el privilegio de existir. Había un impuesto de la tierra, que consistía en la décima parte de los cereales y la quinta del vino y el aceite, y se podía pagar en especie o en dinero. Había un impuesto sobre la renta, que era del uno por ciento de lo que se ganara. En estos impuestos no había mucho margen para el abuso.

El segundo tipo de impuestos era muy diverso: por usar las principales carreteras, puertos y mercados; por tener un carro, y por cada una de sus ruedas y por el animal que lo llevaba; había impuestos por la compra de ciertos artículos, y por la importación y exportación. Un cobrador de impuestos podía mandar a un hombre que se detuviera en el camino y desempaquetara, y cobrarle casi lo que le diera la gana. Si no podía pagar, a veces el cobrador se ofrecía a prestarle dinero a un interés exorbitante, y así tenerle más en sus garras.

Se consideraba que los ladrones, los asesinos y los cobradores de impuestos pertenecían a la misma clase. Los publicanos estaban excomulgados de la sinagoga. Un escritor romano nos cuenta que vio una vez un monumento dedicado a un cobrador de impuestos honrado. Un espécimen honrado de esa profesión renegada era tan raro que se le hacía un monumento.

Y sin embargo Jesús eligió a un cobrador de impuestos para que fuera apóstol.

(i) Lo primero que hizo Mateo fue ofrecerle una fiesta a Jesús, que era algo que sin duda podía pagar, invitando a sus compañeros de profesión y a sus amigos descastados para que le conocieran. La primera intención de Mateo era compartir la maravilla que había encontrado. John Wesley le dijo una vez a alguien: «No hay tal cosa como ir al Cielo a solas; uno tiene que encontrar amigos, o hacérselos.» Otro dijo que tenemos que ir al Cielo « como las cerezas». Todo cristiano tiene el deber de compartir las bendiciones que ha encontrado o recibido.

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