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Lucas 4: La batalla con la tentación

LAS MULTITUDES INSISTENTES

Cuando se estaba poniendo -el sol, todos los que tenían amigos que estaban enfermos de lo que fuera se los traían a Jesús para que les impusiera las manos y los curara. También salían demonios de muchas personas, gritando:

-¡Tú eres el Hijo de Dios!

Pero Jesús los regañaba, y no les permitía decir nada; porque ellos sabían que era el Mesías.

Al amanecer; Jesús salió de la casa y se fue a un descampado. Mucha gente le seguía buscando y, cuando le encontraron, hicieron lo posible para que no se les marchara.. Pero Él les dijo:

-Tengo que ir también a los otros pueblos para darles la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso es para lo que se me ha enviado.

Y siguió proclamando su mensaje por las sinagogas de Judasa.

(i) De madrugada, Jesús salió para estar a solas con Dios. Podía responder a las insistentes necesidades humanas gracias a que antes buscaba la compañía de Dios. Una vez, en la guerra de 1914-18, estaba a punto de celebrarse una conferencia de los jefes, y ya estaban todos presentes menos el mariscal Foch, que era el general en jefe. Un oficial que le conocía bien dijo:

-Creo que sé dónde podemos encontrarle.

Y llevó a los demás a las ruinas de una capilla cercana al cuartel general; y allí, ante el altar derruido, estaba el gran soldado arrodillado en oración. Antes de encontrarse con los hombres tenía que encontrarse con Dios.

(ii) Jesús no dijo ni una palabra de queja o resentimiento cuando la gente invadió su soledad. La oración es algo muy importante, pero en última instancia la necesidad humana lo es más. La gran maestra misionera Florence Allshorn dirigía una escuela para preparar misioneros; conocía la naturaleza humana, y no disculpaba a los que de pronto se daban cuenta de que había llegado su momento de oración privada precisamente cuando había que fregar los cacharros. Hay que orar; pero la oración no debe ser nunca una evasión de la realidad. La oración no nos debe aislar del clamor, insistente de la necesidad humana, sino prepararnos para salirle al paso. Y algunas veces tendremos que dejar de estar de rodillas para ponernos en pie antes de lo que quisiéramos, y ponernos a hacer algo.

(iii) Jesús no dejaba hablar a los demonios. A menudo nos encontramos con que Jesús los mandaba callar. ¿Por qué? Por esta buena razón: los judíos tenían sus propias ideas populares acerca del Mesías; esperaban que fuera un gran rey conquistador que le pusiera el pie en el pescuezo al águila romana y barriera sus ejércitos de la tierra de Palestina. Todo el país estaba preparado para la gran conflagración. La revolución estaba siempre a flor de piel, y estallaba a menudo. Jesús sabía que si se corría la voz de que El era el Mesías, los revolucionarios se inflamarían. Antes de que le reconocieran como el Mesías tenía que enseñarles que el Mesías no era un rey conquistador, sino un siervo paciente. Mandaba callar a los demonios porque la gente no sabía todavía lo que era el carácter mesiánico, y si se lanzaban con sus ideas equivocadas pronto se producirían la destrucción y la muerte.

(iv) Aquí aparece por primera vez en el evangelio de Lucas la mención del Reino de Dios. Según Marcos, Jesús llegó predicando el Reino de Dios (1:15). Eso era la esencia de su mensaje. ¿Qué quería decir con el Reino de Dios? Para Jesús era tres cosas al mismo tiempo.

(a) Era pasado. Abraham, Isaac y Jacob estaban en el Reino, aunque habían vivido hacía siglos (Luk_13:28 ).

(b) Era presente. «El Reino -decía Jesús- está dentro de vosotros, o entre vosotros» (Luk_17:21 ).

(c) Era futuro. Era algo que Dios todavía tenía que dar y por lo que hemos de orar.

¿Cómo es posible que el Reino sea las tres cosas al mismo tiempo? Volvamos a la Oración Dominical; en ella encontramos dos peticiones íntimamente relacionadas: Venga tu Reino, y Hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo Mat_6:10 ). En la poesía hebrea, como se puede ver abundantemente en los Salmos, la misma idea se repetía dos veces con otras palabras; y la segunda explicaba, o desarrollaba, o completaba el sentido de la primera. Pongamos ahora juntas estas dos peticiones: Venga tu Reino – Hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo. La segunda aclara la primera; por tanto el Reino de Dios es una sociedad en la Tierra donde la voluntad de Dios se hace tan perfectamente como en el Cielo. Si alguien del pasado ha cumplido la voluntad de Dios, está en el Reino; si alguien la cumple ahora, está en el Reino; pero todavía falta mucho para que toda la humanidad cumpla la voluntad de Dios de una manera perfecta, y por tanto la consumación está en el futuro. Por eso el Reino de Dios es pasado y presente y futuro al mismo tiempo.

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