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Lucas 4: La batalla con la tentación

(ii) No tenemos más que leer el pasaje de Isaías que leyó Jesús para darnos cuenta de la diferencia que había entre Jesús y Juan el Bautista. Juan era un predicador del juicio, y su mensaje debe haber hecho estremecerse de terror a sus oyentes. Pero lo que Jesús trajo fue un evangelio -una Buena Noticia. Jesús también sabía de la ira de Dios; pero sabía que es la ira del amor.

EL ESPÍRITU DE UN DEMONIO INMUNDO

Más tarde Jesús bajó á otro pueblo de Galilea qué se llamaba Cafarnaún. El sábado se puso a enseñar, y todos se sorprendían mucho de su manera de enseñar, porque les hablaba como si no dependiera de ninguna autoridad ajena.

En la sinagoga estaba entre los asistentes uno que tenía un espíritu de un demonio inmundo, que se puso a gritar a voz en cuello:

-¡Déjanos en paz! ¿Qué tienes tú que ver con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Es que has venido a acabar con nosotros? ¡Sé quién eres: el Santo de Dios!

Jesús reprendió al espíritu, y le mandó:

-¡Silencio! ¡Sal de él!

El demonio hizo que el hombre tuviera una convulsión allí mismo delante de todos, y salió de él sin hacerle más daño. Todos los presentes estaban atónitos, y se decían unos a otros:

-¿Qué manera de hablar es ésta, que da órdenes hasta a los espíritus inmundos con autoridad y poder, y salen?

La noticia de lo que había hecho Jesús se difundió por toda la tierra de alrededor.

Nos gustaría saber tanto de Cafarnaún como sabemos de Nazaret, pero aunque parezca extraño es que hasta hay dudas en cuanto al sitio exacto a orillas del Mar de Galilea en que estaba situada esta población en la que Jesús realizó tantas maravillas.

Este pasaje es especialmente interesante porque es el primero de Lucas en el que nos encontramos con un caso de posesión de demonios. En el mundo antiguo se creía que el aire estaba poblado por una multitud innumerable de malos espíritus que estaban esperando la oportunidad para entrar en las personas. A menudo entraban con la comida o la bebida. Eran ellos los que causaban las enfermedades. Los egipcios creían que había treinta y seis partes diferentes del cuerpo humano, y que en cada una de ellas se podía introducir uno de esos malos espíritus y llegar a controlarla. Había espíritus de sordera, de mudez, de fiebre; espíritus que le arrebataban a una persona la salud mental o el sentido; espíritus de mentira y de engaño y de inmundicia. Era uno de esos espíritus el que Jesús exorcizó aquí.

Para mucha gente esto es un problema. Por lo general, la mentalidad moderna considera que el creer en espíritus es algo primitivo y supersticioso que hemos dejado atrás en nuestro desarrollo. Sin embargo, parece que Jesús sí creía en ellos. Hay tres posibilidades.

(i) De hecho, Jesús creía en ellos. En este caso, por lo que se refiere a los conocimientos científicos, Jesús no estaba más adelantado que su época, sino con todas las limitaciones de los conocimientos médicos de su tiempo. No tenemos por qué rechazar esta conclusión, porque Jesús fue realmente un hombre, y tuvo los conocimientos que eran asequibles a los hombres de su tiempo.

(ii) Jesús no creía en ellos. Pero el paciente sí creía a macha martillo, y Jesús le podía curar solamente asumiendo que sus creencias en los demonios eran ciertas. Si una persona está enferma, y alguien le dice: « No te pasa nada», no la ayuda lo más mínimo. Hay que admitir la realidad del mal para poder efectuar la cura. Esas personas creían que estaban poseídas por un demonio, y Jesús, como sabio doctor, .sabía que no podía curarlas a menos que asumiera que la idea que tenían de su mal era cierta.

(iii) El pensamiento moderno, ha estado v4cilando hasta admitir que tal vez hay algo en la creencia en los demonios después de todo. Hay ciertos males para los que no se acaba de descubrir una causa corporal. No hay razón para que una persona esté enferma, pero lo está. Y ya que no hay una explicación física, algunos piensan ahora que debe de haber una causa espiritual, y que a lo mejor los demonios no son tan irreales después de todo.

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