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Lucas 4: La batalla con la tentación

La gente vino a Jesús hasta «ponerse el sol» porque era día de reposo (4.31), su día de descanso. El día de reposo duraba desde la puesta del sol del viernes hasta la puesta del sol del sábado. La gente no quería quebrantar la Ley que prohibía viajar en el día de reposo, de manera que esperaba hasta que pasaran las horas sabáticas para ir a Jesús. Luego, como destaca Lucas el médico, iban a Jesús con diversas enfermedades y El los sanaba.

¿Por qué Jesús no quiso que los demonios revelaran quién era? (1) Ordenó a los demonios que callasen para mostrar su autoridad sobre ellos. (2) Quería que sus oyentes creyeran que era el Mesías por sus palabras y no por los demonios. (3) Revelaría su identidad a su debido tiempo, en el tiempo de Dios, y no iba a permitir que Satanás lo obligara con sus planes malignos. Los demonios lo llamaron Jesús «el Santo de Dios» (4.34) o «el Hijo de Dios» (4.41) porque sabían que era el Cristo. Pero Jesús iba a mostrarse como el siervo sufriente antes de llegar a ser el gran Rey. La pronta revelación como Rey hubiera causado alboroto en las multitudes con expectativas erróneas de lo que El vino a hacer.

Jesús tenía que levantarse muy temprano a fin de tener un tiempo a solas. Si El necesitó soledad para orar y descansar, ¿cuánto más nosotros? No permita que las muchas ocupaciones de la vida le lleven a un frenesí de actividades que le impidan tener su devocional a solas con Dios. No importa cuánto tenga que hacer, debe tener siempre un tiempo para orar.

¡El Reino de Dios es buenas nuevas! Desde el tiempo de la cautividad en Babilonia, los judíos esperaban la venida del Mesías prometido. El Reino de Dios era buenas nuevas para ellos porque significaba el fin de su espera. ¡También lo es para nosotros porque denota libertad de la esclavitud del pecado y del egoísmo! El Reino de Dios está aquí y ahora, porque el Espíritu Santo vive en los corazones de los creyentes. También está en el futuro, porque Jesús volverá para reinar sobre un reino perfecto donde no existirán ni el pecado ni la maldad.

Jesús en Capernaúm (ver Mat. 8:14-17; Mar. 1:21-39). Desde la región montañosa Jesús descendió a Capernaúm sobre la ribera del lago. Una de sus principales actividades era enseñar en las sinagogas donde las congregaciones se reunían los sábados. Una persona poseída por un demonio hoy sería considerada como alguien que sufriera de una enfermedad mental o una discapacidad. Sin embargo, esto no es un diagnóstico completo de los que son descriptos en los Evangelios, algunos de los cuales tenían una sabiduría aguda de cosas desconocidas por la gente común. La presencia de los poderes malos y sobrenaturales no puede ser racionalizada y, así como los teólogos reconocen que el Espíritu Santo obra a través de las vidas de los hombres para su bien, también quizá podamos reconocer una actividad similar por parte de los malos espíritus. Este hombre tenía una visión sobrenatural de la personalidad de Jesús y el propósito de su ministerio. El Santo de Dios significa lo mismo que el Hijo de Dios o Cristo (41) y produce especialmente la oposición de Jesús, quizá co mo portador del Espíritu Santo, a todo lo que no lo fuera. Quizá el demonio confiaba en derrotar a Jesús usando su nombre -lo que era una antigua superstición, como en los cuentos de hadas- pero Jesús ordenó al demonio que dejara al hombre. La sanidad confirmó la impresión de la enorme autoridad que ya tenía la enseñanza de Jesús.

La enfermedad también debía estar sujeta a su poder.Una fuerte fiebre puede ser un término técnico médico. Jesús la reprendió casi como si fuera una persona. El detalle básico puede ser que él atacó el poder del mal que se demuestra en la enfermedad humana.

Una vez que el nuevo día judío hubo comenzado al ponerse el sol, se levantaron las restricciones para el trabajo durante el sábado, y los enfermos pudieron ser llevados a Jesús. Silenció los gritos de los endemoniados porque quería que la gente aprendiera por sí misma quién era él.

En la mañana abandonó deliberadamente a las multitudes. Luc. no menciona que Jesús estuvo en oración en aquel tiempo (como hace Mar. 1:35; pero ver 5:16). Su divina comisión era la de proclamar las buenas nuevas del reino de Dios (ver Mar. 1:15) en amplitud; no podía quedarse en un lugar y convertirse en el ídolo de una turba de admiradores. De modo que recorrió Judea (ver nota de la RVA), lo que aquí pue de querer decir toda Palestina, incluyendo Galilea, ya que Jesús no fue hacia el sur en Judea misma para un ministerio continuo sino más tarde.

Al ser llevado al desierto Cristo dio ventaja al tentador; porque estaba solo, nadie estaba con Él para que, por las oraciones y consejos de ellos, hubiera recibido ayuda en la hora de la tentación. Él, que conocía su fuerza, podía dar ventaja a Satanás, pero no nosotros, que conocemos nuestra debilidad. Siendo en todas las cosas semejante a sus hermanos, Jesús, como los otros hijos de Dios, viviría en dependencia de la providencia y la promesa divina. La palabra de Dios es nuestra espada, y la fe en la palabra es nuestro escudo. Dios tiene muchas maneras de proveer a su pueblo y, por tanto, debemos depender de Él en todo tiempo en el camino del deber.

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