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Lucas 3: La llamada de Juan al arrepentimiento

Hay un espiritual negro que dice:

Hay un Rey y Gran General,

que está a punto de llegar,

y me hallará sachando algodón cuando venga.

Ya se oyen sus legiones a la carga en los campos del cielo, y me hallará sachando algodón cuando venga.

Hay un Hombre al que echaron a la cuneta,

y le torturaron hasta matarle,

y me hallará sachando algodón cuando venga.

Fue odiado y rechazado,

burlado y crucificado,

y me hallará sachando algodón cuando venga.

¡Cuando venga, cuando venga!

Le coronarán los santos y los ángeles cuando venga,

y le gritarán ¡Hosana! al Hombre que negaron los hombres, y yo me arrodillaré entre mi algodón cuando venga.

Juan estaba convencido de que donde todos podemos servir mejor a Dios es en nuestro trabajo diario.

(iii) Juan estaba bien seguro de que él no era más que el precursor. El Rey estaba todavía por venir, y con Él vendría el juicio. El bieldo era entonces una gran pala plana con la que se echaba hacia arriba lo trillado; el grano, más pesado, caía al suelo, y la brisa aventaba la paja. Así como se separa el trigo de la paja, el Rey separaría a los buenos de los malos.

Así describía Juan el juicio, un juicio que el hombre podía pasar con confianza si había cumplido sus deberes con los demás y había hecho bien su trabajo cotidiano.

Juan era un predicador supremamente efectivo. Una vez le dieron a Chalmers la enhorabuena por un sermón, pero él contestó: «Sí, ¿pero para qué sirvió?»

Está claro que Juan predicaba la acción y la producía. No se metía en disquisiciones teológicas, sino predicaba la vida.

JUAN APRESADO

Con estas y otras muchas razones Juan le anunciaba al pueblo la Buena Nueva. Pero cuando le echó en cara al tetrarca Herodes su relación con su cuñada Herodías, y todas las demás maldades que hacía, Herodes añadió a todos sus crímenes el de meter a Juan en la cárcel.

Juan era tan atrevido y tan claro predicando la integridad que no pudo por menos de meterse en problemas. Herodes acabó por meterle en la cárcel. El historiador judío Josefo dice que Herodes le metió preso «porque temía que la gran influencia que Juan ejercía sobre el pueblo le colocara en posición y en disposición de levantar una revuelta; porque la gente parecía dispuesta a hacer todo lo que Juan aconsejara.» No cabe duda de que eso sería verdad, pero los autores del Nuevo Testamento dan una razón mucho más personal e inmediata. Herodes Antipas se había casado con Herodías, y Juan se lo reprochaba.

La relación que estaba involucrada en ese matrimonio era tremendamente complicada. Herodes el Grande se había casado muchas veces. Herodes Antipas, el que se casó con Herodías y metió a Juan en la cárcel, era hijo de Herodes el Grande y de una mujer que se llamaba Maltake. Herodías misma era hija de Aristóbulo, que era hijo de Herodes el Grande y de Mariamne, al que llamaban el Hasmoneo. Como hemos visto, Herodes había dividido el reino entre Arquelao, Herodes Antipas y Herodes Felipe. Tenía otro hijo, que también se llamaba Herodes, al que tuvo con otra Mariamne, hija de un sumo sacerdote. Este Herodes no tuvo parte en el reino de su padre, y vivió en Roma como un mero ciudadano, y se casó con Herodías. De hecho era medio tío suyo, porque él y su suegro eran hijos del mismo padre aunque de diferentes mujeres. Herodes Antipas, en una visita que hizo a Roma, sedujo a Herodías y se casó con ella. Herodías era al mismo tiempo su cuñada, porque estaba casada con su hermanastro, y su sobrina, porque era hija de Aristóbulo, otro hermanastro.

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