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Lucas 23: Camino del Calvario

Pastor Lionel

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La segunda equivocación que cometió Pilato fue el asunto de la nueva conducción de agua que se habría de financiar en parte con dinero del templo, a la que ya hicimos referencia en el comentario a Luk_13:1-4 .

Lo único que un gobernador romano no se podía permitir era tolerar desórdenes civiles en ningún rincón del vasto imperio. Si los judíos hubieran informado oficialmente cualquiera de los dos incidentes, no cabe duda que Pilato habría perdido su puesto. Es Juan el que nos menciona la insinuación de los oficiales judíos: “ Si sueltas a este es que no eres amigo de César» (Joh_19:12 ). Obligaron a Pilato a condenar a Jesús a muerte amenazándole con un informe oficial a Roma.

Aquí tenemos la solemne verdad de que el pasado de una persona puede volverse contra ella y paralizarla. Si uno ha sido culpable de ciertos actos, hay ciertas cosas que no tiene derecho a decir, porque se le echaría en cara su pasado. Debemos tener cuidado de no permitirnos nada que algún día pueda impedirnos defender lo que sabemos que está bien, por miedo a que se nos diga: «Tú no tienes derecho a decir eso.»

Pero, si surgiera esa situación, no se puede hacer más que tener valor para arrastrarla, y sus consecuencias. Y eso era lo que Pilato no tenía. Sacrificó la justicia antes que perder su posición. Sentenció a Jesús a muerte para seguir como gobernador de Palestina. Si hubiera sido un hombre de valor, habría hecho lo que debía y asumido las consecuencias; pero hizo el papel de un cobarde.

EL CAMINO DEL CALVARIO

Lucas 23:26-31

Cuando iban llevando a Jesús al lugar de la ejecución requisaron a un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron con la cruz para que la llevara detrás de Jesús.

Les seguía un inmenso gentío, entre el que había muchas mujeres que daban muestras de dolor hiriéndose los pechos y le lamentaban a voces. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:

– Hijas de Jerusalén, no es por Mí por quien tenéis que llorar, sino por vosotras mismas y por vuestros hijos. Porque se acercan días cuando se dirá: «Afortunadas las que no tuvieron hijos, los vientres que no parieron y los pechos que no criaron.» Entonces se pondrán a decirles a los montes: «¡Caednos encima!», y a las colinas: «¡Tragadnos!»; porque si esto es lo que hacen con el árbol verde, ¿qué no le harán al seco? 

‘ Siempre que se condenaba a un criminal a la cruz, se le sacaba de la sala del juicio entre cuatro soldados Romanos. Luego le ponían el travesaño de la cruz en los hombros, y le conducían al lugar de la ejecución por el camino más largo posible, con otro soldado por delante que llevaba un cartel donde sé había escrito el delito, para que escarmentaran los que pudieran pensar en hacer algo parecido. Eso es lo que hicieron con Jesús.

Al principio, Jesús iba llevando la cruz (Joh_19:17 ); pero se ve que, con lo que ya había sufrido, le faltaron las fuerzas y no podía seguir adelante. Palestina era un país ocupado, y los soldados Romanos podían requisar a cualquier ciudadano para cualquier servicio. Bastaba con un golpecito con lo plano de la espada. Cuando Jesús se hundió bajo el peso de la cruz, el centurión romano a cargo miró a su alrededor, y se fijó en Simón, natural de Cirene, la actual Trípoli, que parecía suficientemente robusto. Probablemente era un judío que se había pasado la vida ahorrando para poder comer algún día la Pascua en Jerusalén; pero también es posible que fuera un residente al que llamaban por su lugar de origen como era frecuente entre los judíos. El golpecito con lo plano de la espada fue la señal, y se encontró, quieras que no, cargando con la cruz de un criminal.

Trata de imaginarte los sentimientos de Simón. Como vimos, probablemente había venido a Jerusalén para hacer realidad el sueño de toda su vida, y se encontró dando vueltas cargado con una cruz camino del Calvario. Estaría lleno de amargura contra los dominadores Romanos, y tal vez también contra el criminal que le había involucrado en su delito. Pero, si leemos entre líneas, vemos que su intervención no acabó allí. Gabriel Miró vio en él una de las Figuras de la Pasión del Señor que le habían fascinado desde que su madre le contaba la historia. Marcos nos dice que Simón era el padre de Alejandro y de Rufo Mar_15:21 ). Eso no puede querer decir más que los hijos de Simón Cireneo eran conocidos en la comunidad a la que Marcos dedicó su evangelio, que se cree que era la iglesia de Roma. Si leemos la carta del apóstol Pablo a esa iglesia, encontramos al final entre los saludos: “ Recuerdos a ese noble cristiano que es Rufo, y a su madre, que me trató como a un hijo» Rom_16:13 ). Así es que en la iglesia de Roma había un tal Rufo, un cristiano tan notable que podía considerarse como uno de los escogidos de Dios, que tenía una madre a la que Pablo quería tanto como para llamarla su madre en la fe. Es posible que este Rufo fuera el hijo, y su madre la mujer de Simón Cireneo.

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