Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Lucas 23: Camino del Calvario

Pastor Lionel

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on whatsapp
Share on email

Ayúdanos a continuar esta Obra

Esta historia nos enseña, además, cuan grandes son el poder y la voluntad que Cristo tiene de salvar a los pecadores.

Escrito está que puede salvar perpetuamente. Heb_7:25. Si escudriñamos la Biblia, desde el Génesis hasta la Revelación, no encontraremos una prueba más evidente del poder y la misericordia de Cristo que la salvación del ladrón penitente.

¿Queremos que se nos presenten pruebas de que la salvación se obtiene por la fe y no por las obras? El caso de que tratamos es una. El ladrón estaba clavado en la cruz de pies y manos, y no podía hacer nada absolutamente en pro de su alma. Sin embargo, por la gracia infinita de Cristo fue salvo.

¿Queremos se nos den pruebas de que los sacramentos no son de necesidad absoluta para la salvación, y que cuando no puedan administrarse, los pecadores obtienen sin ellos el perdón de sus culpas? El ladrón penitente no fue bautizado jamás, no pertenecía a ninguna iglesia visible, y nunca participó de la cena del Señor, mas se arrepintió y creyó, y por lo tanto fue salvo.

Esta historia nos enseña, por último, cuan cerca del descanso y de la gloria se halla el creyente agonizante. Nuestro Señor dijo al malhechor en contestación a su súplica: “Hoy estarás conmigo en el paraíso..

La palabra “hoy” contiene un volumen entero de teología, pues nos hace saber que tan luego como el creyente muera, su alma pasa a gozar de felicidad. En ese momento no se efectúa su completa redención. Su dicha perfecta no empieza sino el día de la resurrección; mas no hay ni demoras misteriosas, ni intervalos de expectativa, ni purgatorio alguno entre su muerte y el estado de la bienaventuranza. Tan pronto como expire se halla con Cristo. Filip. 1:23.

Tengamos esto presente cuando nuestros parientes ó amigos mueran con fe en el Señor. No debemos lamentarlos como si hubieran perecido para siempre. En tanto que nosotros estamos de duelo, ellos están llenos de júbilo. Mientras nos cubrimos de luto y derramamos lágrimas en sus funerales, ellos están gozando de felicidad en la presencia del Señor.

Ante todo, si somos verdaderos cristianos, tengamos esto presente cuando pensemos en nuestra propia muerte. Serio trance es morir; mas si morimos en el Señor, no debemos dudar de que nuestra muerte sea una gran ganancia.

Lucas 23:44-49

Notamos primeramente cuáles fueron los signos milagrosos que anunciaron la muerte de nuestro Señor. Se nos dice que hubo tinieblas sobre toda la tierra por el espacio de tres horas; y que el sol se oscureció y el velo del templo se rompió por medio.

Propio y justo era que se llamase la atención de Jerusalén de una manera especial a tiempo que se estaba ofreciendo el gran sacrificio propiciatorio y el Hijo de Dios estaba agonizando. Muchos prodigios y señales acaecieron en presencia de todo Israel cuando se dio la ley en el Sinaí; y de la misma manera hubo prodigios y señales cuando se derramó en el Calvario la sangre expiatoria de Cristo. Una de estas señales, la oscuridad, fue para provecho del mundo incrédulo, puesto que haría meditar a los hombres. La otra, el acto de romperse el velo que pendía entre el santo y el santo de los santos, fue para provecho de los miembros de la iglesia y de los ministros del templo, puesto que era un milagro que debió de llenarlos de pavor religioso.

Señales como esas forman parte del plan que la divina Providencia ha establecido para gobernar la humanidad. Dios sabe que la torpeza y la incredulidad son defectos anexos a los hombres, y por lo tanto, cuando quiere hacer una nueva revelación, se digna despertarnos de la indiferencia, por medio de obras milagrosas. De este modo, de grado ó por fuerza, tenemos que oír su voz.

Notemos, en segundo lugar, cuan notables fueron las palabras que nuestro Señor pronunció al expirar. Refiéresenos que, clamando en alta voz, dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu..

Estas palabras entrañan un pensamiento profundísimo, un pensamiento que nosotros no alcanzamos a sondear. La muerte de nuestro Señor tuvo algo de misterioso que la diferenció de la del hombre. El tenía dos naturalezas: una divina y otra humana. Su naturaleza divina no podía morir. El mismo había dicho: “Yo pongo mi vida para volverla a tomar. Nadie la quita de mí, mas yo la pongo de mí mismo; porque tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar.” Joh_10:17 y 18. Cristo no murió, como nosotros morimos, porque estuviera obligado a ello y no pudiera evitarlo, sino de su propia y libre voluntad.

Esto no obstante, en cierto sentido las palabras de nuestro Señor son aplicables a todos los verdaderos cristianos; pues indican de que manera deben estos someterse a la muerte. a semejanza de nuestro Maestro, debemos aguardarla sin temor, considerándola como un enemigo vencido a quien la muerte de Cristo ha dejado inerme; como un adversario que después que ha atacado el cuerpo se encuentra impotente. Así lo hizo Esteban. “Señor Jesús,” dijo él, “recibe mi espíritu.” Así lo hizo Pablo cuando se hallaba en la ancianidad y próximo al fin de su existencia. “Yo sé,” dijo, “á quien he creído, y estoy cierto que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” Actos 7:59; 2Ti_1:12. Felices, a la verdad, aquellos cuya vida termina así. Notemos, por ultimo, cómo en la conducta del centurión y de la demás gente que vio morir a Jesús se dejó ver la fuerza irresistible de la conciencia. Se nos dice que el centurión dio gloria a Dios, y dijo: “Verdaderamente este hombre era justo.” Asimismo se nos dice que la muchedumbre que había presenciado la solemne escena volvía dándose golpes de pecho.

Deja una respuesta

Publicaciones que pueden ser de interés para ti

La esmeralda encantada

Hace muchos, muchos años hubo un niño que solía jugar debajo de un gran pino cercano a su casa. Después de cada lluvia, alrededor del

Artículo Completo

Alcanza tu sueño

Sé firme en tus actitudes y perseverante en tu ideal. Pero sé paciente, no pretendiendo que todo te llegue de inmediato. Haz tiempo para todo,

Artículo Completo

Sí cambió algo

Había una vez un sabio que solía ir a la playa a escribir. Tenía la costumbre de caminar por la playa antes de comenzar su

Artículo Completo