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Lucas 20: Con qué autoridad

Cuando titubee, anímese a pensar en Tomás. No se plantó en sus dudas, sino que permitió que Jesús lo encaminara a creer. Anímese pensando en que un sinnúmero de seguidores de Jesús tuvieron problemas con las dudas. Las respuestas que Cristo les dio le pueden ser de gran ayuda. No se detenga en las dudas, siga hasta tomar una decisión y creer. Busque a otro creyente con el que pueda expresar sus vacilaciones. Las dudas silentes rara vez hallan respuestas.

Puntos fuertes y logros :

— Uno de los doce discípulos

— Efusivo en dudas o creencias

— Fue un hombre leal y sincero

Juan 19:1-16

Los versículos que acabamos de transcribir contienen cuatro puntos notables de la pasión de nuestro Señor que solo se encuentran en la relación que hace San  Juan.

El primero se refiere a los falsos escrúpulos de conciencia de los perversos enemigos de nuestro Señor. Se nos dice que los judíos que condujeron a Jesús no  entraron en el pretorio por no contaminarse, y ser así impedidos de celebrar la pascua. ¡Esa sí que era escrupulosidad! Esos hombres crueles estaban  cometiendo el hecho más atroz que jamás haya cometido algún mortal: querían matar a su propio Mesías; y, no obstante, en tales circunstancias hablaban de  contaminación y del deber de celebrar la pascua.

La conciencia de los hombres no convertidos es de una naturaleza muy curiosa. En tanto que en ciertos casos se endurece, se paraliza, por decirlo así, hasta  que no siente nada, en otros se vuelve nimiamente escrupulosa acerca de las materias religiosas de importancia secundaria. No son raras las personas que  observan con exactitud los ritos y ceremonias más insignificantes, en tanto que cometen los más inmundos pecados, y los más detestables actos de  inmoralidad. En algunos países los ladrones y los asesinos son muy rígidos acerca de la confesión, la absolución y las oraciones a los santos. a los ayunos y el  ascetismo voluntario de la cuaresma muchas veces se siguen los excesos y el libertinaje del Carnaval. Estos son síntomas de una enfermedad espiritual, de un  corazón quo abriga algún secreto descontento. Las personas que descuidan sus deberes en unas cosas se esfuerzan en compensar su falta desplegando un celo  exagerado en otras. Ese celo sirve de título a su propia sentencia.

Pidamos a Dios que ilumine nuestras conciencias con su Santo Espíritu, y que nos libro de practicar un Cristianismo deformo y bastardo. Una religión que  permite al hombre descuidar la santidad de vida, y que lo hace fijar toda su atención en formas, sacramentos, ceremonias y oficios públicos, es, por lo menos,  sospechosa. Puede ser que el que la profese manifieste mucho celo y entusiasmo, mas no es sana a los ojos de Dios. Los fariseos pagaban diezmos de la  yerbabuena, el eneldo y el comino, y rodeaban la mar y la tierra para hacer un prosélito, en tanto que pasaban por alto lo más grave de la ley, como el juicio, la  misericordia y la fe.  Mat_23:23. Los mismos judíos que estaban sedientos de la sangre del Salvador, eran los que rehusaban entrar en el pretorio por no  contaminarse, y los que se afanaban por celebrar la pascua con todas las formalidades prescritas por la ley. Que su conducta sirva siempre de escarmiento a los  cristianos. Poco, muy poco vale la religión que no nos impulsa a exclamar: «Por tanto todos los mandamientos do todas las cosas estimé rectos: todo camino  de mentira aborrecí.» Psa_119:128.

El segundo punto que es de notarse se refiere a la aserción que nuestro Señor hizo acerca de su reino. Hela aquí: «Mi reino no m de este mundo.» Estas  célebres palabras han sido tantas veces torcidas de su verdadero significado que puede decirse que el esclarecimiento que expresan yace oculto bajo un  montón de interpretaciones falsas.

El objeto principal que nuestro Señor se propuso al decir que su reino no era de este mundo fue dar a conocer a Pilato la verdadera naturaleza de su reino, y  rectificar cualquiera idea errada que sobre ese particular hubiera recibido de los judíos. Le dio a entender que no había venido al mundo a establecer un reino  que estorbase la marcha del gobierno romano; que su objeto no era erigir un poder temporal sostenido por las armas y mantenido por medio de contribuciones;  que el único dominio que él poseía era el que ejercía sobre el corazón del hombre, y que las únicas armas que sus súbditos empleaban eran las espirituales; que  un reino que no exigía dinero ni se apoyaba en soldados mal podía asustar a los emperadores de Roma.

Mas por otra parte, es preciso no inferir que nuestro Señor quisiese dejar comprender que los reyes de este mundo no tienen nada que hacer con asuntos  religiosos, o que deben gobernar con absoluta prescindencia de toda autoridad y de todo precepto divinos. Es bien seguro que él no tuvo en mira semejante  cosa. El sabia bien que estaba escrito: «Por mí reinan los reyes,» (Pro_8:15) y que los monarcas tienen tanto deber de servir a Dios en su puesto como los  más humildes de sus súbditos. También sabía que la prosperidad de los reinos depende de un todo de la bendición de Dios, y que los reyes están tan obligados a propender por la justicia y la piedad, como a castigar la injusticia y la impiedad. Es un absurdo suponer que nuestro Señor quisiera enseñar a Pilato que un  incrédulo puede ser tan buen rey como un cristiano, y un hombre como Gallion tan buen gobernante como David o Salomón.

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