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Lucas 2: El viaje a Belén

Pastor Lionel

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El que no encontraran habitación en la posada fue sintomático de lo que había de sucederle a Jesús. No hubo sitio para él nada más que en una cruz. Trató de entrar en los abarrotados corazones de los hombres, pero no pudo; y todavía sigue buscando, y se le rechaza, igual que entonces.

LOS PASTORES Y LOS ÁNGELES

En aquel distrito había pastores que pasaban toda la noche cuidando de sus rebaños por los campos de alrededor. De pronto se les apareció un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor. Los pastores sintieron un temor muy grande; pero el ángel les dijo:

-¡No tengáis miedo! Os traigo una noticia tan buena que os llenará de alegría a vosotros y a todo el mundo: que hoy mismo os ha nacido en el pueblo de David un Salvador que es el Mesías, el Señor. Y le reconoceréis por lo siguiente: encontraréis al bebé en pañales y acostadito en un pesebre.

De pronto apareció acompañando al ángel una gran compañía del ejército celestial, cantando alabanzas a Dios:

-¡Gloria a Dios en las alturas del Cielo, y paz en la Tierra a la humanidad sobre la que desciende el favor de Dios!

Cuando los ángeles se volvieron al Cielo y desaparecieron, se dijeron los pastores:

-¡Vamos a Belén a ver lo que Dios nos ha dicho que ha pasado!

Y dicho y hecho, fueron a toda prisa a Belén, y encontraron a María, a José y al bebé acostadito en el pesebre; y tan pronto como le vieron se pusieron a contarle a todos los que estaban por allí lo que los ángeles les habían dicho del bebé, y todos los escuchaban entusiasmados.

María atesoraba todo esto en su memoria, y meditaba luego lo que querría decir cada detalle. Y en cuanto a los pastores, se volvieron al campo dando gloria y gracias a Dios, porque todo lo que habían oído y visto era exactamente como Dios se lo había anunciado.

Es maravilloso que los primeros a los que Dios comunicó la buena noticia fueron unos sencillos pastores. Los más religiosos de aquellos tiempos despreciaban a los pastores porque no podían cumplir todos los detalles de la ley ceremonial; no se podían lavar las manos meticulosamente, ni observar todos los otros preceptos y reglas. Tenían que atender a las necesidades de los rebaños, así es que los religiosos los despreciaban. Fueron hombres sencillos que estaban trabajando en el campo los primeros que recibieron el mensaje de Dios.

Pero es probable que estos fueran unos pastores bastante especiales. Ya hemos visto que en el templo se ofrecía en sacrificio a Dios un cordero sin mancha ni defecto todos los días por la mañana y por la tarde. Para proveer los corderos perfectos para estos sacrificios, las autoridades del templo tenían sus rebaños particulares, y sabemos que los sacaban a pastar en los alrededores de Belén. Es probable que estos pastores se encargaran de cuidar de los rebaños de los que se escogían los sacrificios del templo. Es hermoso pensar que los pastores que cuidaban de los corderos que se sacrificaban en el templo fueron los primeros en ver al Cordero de Dios que había venido a llevar los pecados del mundo.

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