Lucas 18: Incansables en la oración

-Os doy mi palabra que no habrá nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos por causa del Reino de Dios, que no reciba en este mundo mucho más de lo que ha dejado, y la vida eterna en el mundo venidero.

Este aristócrata se dirigió a Jesús de una manera totalmente inusitada. En toda la literatura judía no se encuentra ningún caso de un rabino al que se llamara «Maestro bueno.» Los rabinos decían siempre que «no hay nada que sea bueno más que la ley.» El dirigirse así a Jesús sonaba a cumplido exagerado, y Jesús empezó por hacer volver los pensamientos a Dios. Jesús siempre reconocía que su poder y su mensaje procedían de Dios. Cuando los nueve leprosos no volvieron, Jesús se entristeció, no porque no habían vuelto a darle las gracias a Él, sino a Dios (Luk_17:18 ).

No hay duda que este aristócrata era un buen hombre; pero reconocía en lo íntimo de su corazón que algo faltaba en su vida. La respuesta de Jesús fue que si quería encontrar todo lo que estaba buscando tenía que vender sus posesiones y distribuir el producto entre los pobres, y entonces seguir a Jesús. ¿Por qué hizo aquella demanda precisamente a aquel hombre? Cuando el gadareno al que curó Jesús le pidió que le dejara ser seguidor suyo, le contestó que volviera a su casa (Luk_8:38 s). ¿Por qué le dio al aristócrata un consejo diferente?

En un evangelio apócrifo que se llama El Evangelio según los Hebreos, que se ha perdido en su mayor parte, uno de los fragmentos cuenta este incidente de forma que nos da una clave.

«EL otro hombre rico le dijo a Jesús:

-Maestro, ¿qué cosa buena debo hacer para vivir de veras?

-Hombre, obedece la ley y los profetas -le respondió Jesús.

-Ya lo he hecho -añadió el hombre.

-Entonces, ve -le dijo Jesús-, vende todo lo que tienes, distribúyelo entre los pobres, y ven a seguirme. «

El rico entonces empezó a rascarse la cabeza, porque no le gustaba este mandamiento. El Señor le dijo:

-¿Cómo dices que has obedecido la ley y los profetas? En la ley está escrito: «Ama a tu prójimo como a ti mismo.» Y fíjate que hay muchos hermanos tuyos, hijos de Abraham, que se están muriendo de hambre, y tú tienes la casa llena de cosas buenas, y no les das ni una a los pobres.

Y Jesús se volvió a decirle a su discípulo Simón, que estaba sentado a su lado:

-Simón, hijo de Jonás: le es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el Reino de los Cielos.

Aquí tenemos el secreto y la tragedia de aquel aristócrata. Llevaba una vida egoísta. Era rico, pero no daba nada. Su verdadero dios era la comodidad, y a lo que daba culto era a sus posesiones y a su riqueza. Y por eso Jesús le dijo que tenía que darlo todo. Muchos ricos usan la riqueza que tienen para darles a sus semejantes lo que necesitan para vivir mejor. Pero este hombre no lo usaba más que para sí. Si el dios de una persona es aquello a lo que da todo su tiempo, pensamiento, energía y devoción, entonces el dios de este hombre era la riqueza. Si había de encontrar la verdadera felicidad, tenía que librarse de todo aquello, y vivir para los demás con la misma intensidad con la que había vivido antes para sí mismo.

Jesús siguió diciendo que le es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el Reino de Dios. Los rabinos solían hablar de un elefante que quisiera pasar por el ojo de una aguja como un ejemplo de algo imposible o absurdo. Pero el ejemplo de Jesús puede que tuviera uno de estos dos orígenes:

(i) Se dice que al lado de la gran puerta de Jerusalén por la que entraba todo el tráfico había una puertecilla suficientemente ancha y alta para que pudiera pasar por ella una persona; y se dice que a esa puertecilla la llamaban «ojo de aguja», y de ahí el ejemplo del camello que quería entrar y no cabía.

(ii) La palabra griega para camello es kamelos, y ya en aquel tiempo se pronunciaría lo mismo que kamilos, que quería decir soga de barco. Puede que Jesús quisiera decir que sería más fácil enhebrar una aguja con una guindaleza que entrar un rico en el Reino de Dios.

En cualquier caso se trata de una exageración graciosa que nos han conservado los tres sinópticos, como cuando Jesús dijo que los escribas y fariseos hipócritas « colaban el mosquito y se tragaban el camello» (Mat_23:24 ).

¿Por qué? Las posesiones tienden a encadenar el corazón a este mundo y a no dejar que se piense en nada más. No tiene por qué ser pecado el tener riquezas, pero sí entraña un peligro y una gran responsabilidad.

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