Lucas 18: Incansables en la oración

Es una de las escenas más encantadoras del Evangelio el ver que Jesús tenía tiempo para los niños hasta cuando se dirigía a Jerusalén para morir en la cruz.

Cuando Jesús dijo que los que componen el Reino de Dios son los que son como los niños, ¿qué quería decir? ¿En qué cualidades estaba pensando?

(i) El niño no ha perdido el sentido de lo maravilloso. Tennyson nos cuenta que una mañana temprano entró en la habitación de su nietecito y le sorprendió «siguiendo embelesado con la mirada al rayo de sol que jugaba en los postes de la cama.» Cuando nos hacemos mayores, vivimos en un mundo gris y cansado. Los niños viven en un mundo que conserva el lustre de lo nuevo, y en el que Dios siempre está cerca.

(ii) Toda la vida del niño se apoya en la confianza. Cuando somos pequeños, nunca nos preguntamos de dónde nos va a venir la próxima comida, o de dónde va a salir la ropa. Cuando vamos al colegio estamos seguros de que nuestra casa estará en su sitio cuando volvamos, con todo listo para nuestras necesidades. Cuando vamos de viaje no nos preocupamos por los gastos, ni dudamos de que nuestros padres sepan el camino y nos lleven sin problemas. La confianza del niño en sus padres es absoluta, y así debería ser la nuestra en nuestro Padre, Dios.

(iii) El niño es obediente por naturaleza. Es cierto que a veces desobedece y se queja de lo que le mandan sus padres; pero su instinto es obedecer. Sabe muy bien que debe obedecer, y no está contento cuando no ha sido obediente. En su fuero interno reconoce que la palabra de sus padres es ley. Así debiera ser para nosotros la Palabra de Dios.

(iv) El niño tiene una capacidad admirable para perdonar. Casi todos los padres somos injustos con nuestros niños. Les exigimos un nivel de obediencia, de modales, de lenguaje y de diligencia que rara vez alcanzamos nosotros. Una y otra vez los regañamos o castigamos por hacer cosas que hacemos nosotros. Si otros nos trataran de la forma que tratamos nosotros a nuestros hijos, probablemente no se lo perdonaríamos. Pero los niños perdonan y olvidan, y ni siquiera se dan cuenta de que se los trata con injusticia. El mundo sería un lugar mucho más agradable si perdonáramos todos como lo hace un niño.

El mantener despierto el sentido de lo maravilloso, vivir con una confianza inquebrantable, obedecer con naturalidad, perdonar y olvidar… En eso consiste el espíritu del niño, que es el pasaporte para entrar en el Reino de Dios.

EL QUE NO QUERÍA PAGAR EL PRECIO

Lucas 18:18-30

Un hombre importante le preguntó a Jesús:

-Maestro bueno, ¿qué es lo que tengo que hacer para poseer la vida eterna que Dios ha prometido?

-¿Por qué me llamas «bueno»? No hay nadie que sea bueno más que Dios -le contestó Jesús-. Tú sabes los mandamientos: No adulteres, no mates, no robes, no des falso testimonio, respeta a tu padre y a tu madre…

-Todo eso lo he cumplido desde pequeño -contestó el hombre; y cuando le oyó Jesús, le dijo:

-Pues todavía te falta algo: vende todas tus posesiones y dales el producto a los pobres. Así tendrás riquezas en el Cielo. Y luego ponte a seguir mi ejemplo.

Cuando el hombre oyó esto, se le cayó el alma a los pies; porque era extremadamente rico. Jesús se dio cuenta de su reacción, y dijo:

-¡Qué difícil les es entrar en el Reino de Dios a los que tienen riquezas! Le es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios.

Los que lo estaban oyendo, dijeron:

-Entonces, ¿quién se va a poder salvar?

-Tenéis razón: los hombres no se pueden salvar a sí mismos, pero Dios sí los puede salvar.

Pedro entonces le dijo a Jesús:

-Ten en cuenta que nosotros hemos dejado todo lo que teníamos para seguirte.

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

WebDedicado ha sido autorizado a recaudar las donaciones para continuar con La gran Comisión.


Deja el primer comentario