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Lucas 18: Incansables en la oración

De esta verdad se encuentran ejemplos a cada paso. Pero ya se hallan juntas la gracia divina y las riquezas. «No muchos poderosos, no muchos nobles son llamados.» 1Co_1:26. Por una parte las riquezas inclinan al que las posee al orgullo, la obstinación, la molicie y el amor al mundo. Por otra, rara vez se habla a los ricos con debida franqueza, mas, antes bien, se les agasaja y adula. «Los que aman al rico son muchos.» Pro_14:20. Pocas personas se atreven a decirle la verdad sin rodeos ni arribajes. Se le encomian en demasía buenas cualidades; y se le doran, atenúan y disimulan sus malas cualidades. De donde resulta que, en tanto que su corazón está repleto de las cosas de este mundo, tiene los ojos de tal manera anublados que no puede percibir sus propias faltas.

Guardémonos de envidiar a los ricos y de codiciar sus riquezas. No sabemos qué nos sucedería si nuestros deseos fuesen cumplidos. El dinero, que es objeto de tantos desvelos; el dinero, que es el ídolo de tanta gente; el dinero decimos presenta una valla insalvable entre millares de personas y el cielo «Los que quieren ser ricos caen en tentación y en lazo.» Feliz el que puede decir de todo corazón en sus oraciones: «No me des pobreza ni riquezas» Feliz el que está contento de lo presente. 1Ti_6:9; Pro_30:8; Heb_13:5.

Estos versículos nos enseñan, por último, cuan poderosa es la gracia de Dios. Se advierte esta verdad en las palabras que nuestro Señor dirigió a los que oyeron su observación relativamente a los ricos. Le preguntaron: «¿Y quién podrá ser salvo?» La respuesta de nuestro Señor es bien satisfactoria: «Lo que es imposible acerca de (ó para con) los hombres, posible es acerca de (ó para con) Dios.» Mediante la gracia divina el hombre puede servir a Dios en cualesquiera circunstancias.

La palabra de Dios contiene muchos ejemplos que aclaran esta doctrina. Abrahán, David, Ezequías, Josafat, Josías y Daniel fueron todos hombres ricos. Sin embargo, todos ellos sirvieron a Dios y obtuvieron la salvación. La gracia divina les fue suficiente, y lograron vencer todas las tentaciones que los acechaban. Su Señor todavía vive, y lo que por ellos hizo, puede hacerlo por otros. El puede en cualquier tiempo poner a los hombres acaudalados en capacidad de seguir a Cristo.

No vayamos, pues, a suponer que nuestras circunstancias puedan impedirnos obtener la salvación. Nada importa en dónde vivamos siempre que nuestra ocupación sea honrada. Nada importa a cuanto monte nuestra renta, o sí estamos llenos de riquezas u oprimidos de miseria. Es de la gracia divina, y no de nuestra posición, que depende nuestra salvación-. El dinero no puede impedir nuestra entrada en el cielo si de corazón amamos y obedecemos a Dios. Con la ayuda de Cristo obtendremos la victoria. «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.» Phi_4:13.

Lucas 18:28-34

Notemos primeramente, en estos versículos, que promesa tan halagüeña y tan satisfactoria hace nuestro Señor a todos los creyentes que hacen sacrificios por amor suyo. «Nadie hay,» dice, « que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, que no haya de recibir mucho mas en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna..

Esta promesa es bien particular. No se refiere al galardón que en el otro mundo obtendrá el creyente, a la corona inmarcesible de gloria. Se refiere a la vida presente.

La expresión «mucho más» no debe entenderse en sentido literal; significa que los beneficios que el creyente obtendrá del Señor Jesucristo, serán más que equivalentes a todo lo que haya abandonado. Sentirá tanta paz, tanta esperanza, tanto gozo, tanto consuelo, tanto sosiego en la comunión con el Padre y con el Hijo, que lo que haya perdido quedará más que compensado con lo que gane. En una palabra, nuestro Señor Jesucristo será para el más precioso que sus bienes, sus parientes o sus amigos. La historia comprueba que, en todos tiempos, los justos han visto cumplida esta promesa.

Centenares de hombres podrían decir en todos los siglos de la iglesia si sus pérdidas no fueron más que compensadas con la gracia de Cristo. «Han gozado de paz, confiando en Jesús.» Isa_26:3. Han podido gloriarse en las tribulaciones y hallar contentamiento en las flaquezas, en las afrentas, en las necesidades, en las persecuciones, en las angustias por amor de Cristo. Rom_5:3; 2Co_12:10. Y en las épocas más calamitosas han podido alegrarse con gozo inefable y lleno de gloria; y han tenido por honra el padecer afrentas por el nombre de Jesús. Los amigos muchas veces resultan desleales; los ofrecimientos dé los reyes no siempre son cumplidos; y las riquezas desaparecen como el humo, mas Cristo jamás deja burladas nuestras esperanzas.

Acojamos esta verdad con entusiasmo. No nos desalentemos ante los obstáculos que obstruyan nuestro paso. Lo que los creyentes necesitamos es fe práctica y constante en las palabras de Cristo. La fuente de agua viva está siempre a nuestro alcance, durante nuestra peregrinación en el desierto de este mundo; y sin embargo, por falta de fe, muchas veces sucede que no la vemos y que nos desmayamos en el camino. Gen_21:19.

Notemos, en seguida, la predicción clara y terminante que nuestro Señor hizo respecto de su muerte. Dijo a los discípulos cómo seria entregado a los gentiles, y escarnecido, e injuriado y escupido.

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