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Lucas 17: Las leyes de la Vida Cristiana

El pecado contra el cual nos previene nuestro Señor fue cometido por David. Cuando él quebrantó el séptimo mandamiento y tomó como esposa la mujer de Urías, el profeta Natán le dijo:»Hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová» 2Sa_12:14. Fue así mismo el pecado de que S. Pablo acusó a los Judíos cuando dijo:»El nombre de Jehová es blasfemado por causa vuestra entre los gentiles» Rom_2:24 Y por último, es el pecado del cual el mismo apóstol ha suplicado a los cristianos que se guarden:»Sed sin ofensa a Judíos, a Griegos y a la iglesia de Dios» 1Co_10:32.

Preguntémonos a menudo si estamos haciendo bienes o males en el mundo. No podemos ser verdaderos cristianos y desentendernos del bien de los demás.

Muchos de nuestros semejantes espían nuestra conducta, a fin de juzgar de nosotros más bien por lo que ven que por lo que oyen. Y si llegan a percibir que contradecimos con nuestras acciones lo que hemos profesado con los labios, natural y justo es que se escandalicen. Procuremos que nuestra religión resplandezca a los ojos de los hombres, y ornamentemos la doctrina de Cristo con buenos hechos. Huyendo de toda tentación y de los pecados que más nos dominen, esforcémonos cada día por vivir de tal suerte que nuestros semejantes no hallen en nosotros falta alguna.

En estos versículos se nos enseña, además, que debemos ser indulgentes con los demás. Nuestro Señor Jesucristo dice:»Si pecare contra ti tu hermano, repréndele, y si se arrepintiere perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día se volviere a ti diciendo: Pésame: perdónale.

El deber cristiano de perdonar las injurias es uno de los que se recomiendan en el Nuevo Testamento con más ahínco. En la oración dominical ocupa un lugar prominente: lo único que en esa oración profesamos hacer es «perdonar a nuestros deudores» También nos sirve para determinar si hemos sido perdonados. Si uno no puede perdonar a su prójimo las pocas faltas que contra él haya cometido, es bien seguro que no sabe por experiencia propia lo que es el eterno perdón que Cristo otorga a los que creen en El. Mat_17:35; Eph_4:32.

El cumplimiento de dicho deber nos ayuda así mismo a conocer si El Espíritu Santo mora en nosotros o no. El Espíritu Santo se manifiesta en el corazón del hombre por medio de los frutos que produce en su vida. El hombre que no ha aprendido a sobrellevar las flaquezas de sus semejantes, y a disimular y tolerar mucho, no « ha nacido del Espíritu.» 1Jo_3:14; Mat_5:44.

La doctrina que nuestro Señor sienta en este pasaje tiene por objeto promover la humildad y la mansedumbre entre los hombres, y demuestra claramente cuan opuestas al espíritu del Evangelio son las prácticas del mundo. ¿Quién hay que ignore que muchos de los que han sido bautizados en la iglesia cristiana se hacen notar por implacables? Millares de personas que comulgan y profesan creer en el Evangelio, se enojan muy pronto por la más pequeña manifestación de lo que ellos llaman conducta ofensiva, y está prontas a querellarse por las cosas más insignificantes. La misma observación es aplicable a todas las personas de ese jaez, a saber que de esa manera se hacen la vida amarga y manifiestan que no son dignas del reino de Dios. La intolerancia y el ánimo irritable son señales seguras de que no ha habido arrepentimiento. ¿Qué dice la Escritura sobre este asunto? «Porque mientras que hay entre vosotros celos, y contiendas, y disensiones, ¿no sois carnales y andáis como hombres?.

Pocos pasajes hay que deban hacer que el cristiano se sienta más humillado y que advierta con tanta presteza la necesidad de la sangre expiatoria de Cristo, como los versículos de que hemos estado tratando, ¡Cuántas veces no hemos sido para otros ocasión de escándalo! ¡Cuan a menudo no hemos abrigado sentimientos de rencor, de odio, o de venganza! No debiera ser así. Cuanto más practiquemos preceptos como los que contiene este pasaje, tanto más atractiva haremos nuestra religión, y tanto mayor serán nuestra calma y serenidad espirituales.

Lucas 17:5-10

Notemos la importante suplica que hicieron los apóstoles. Ellos dijeron a nuestro Señor: « Auméntanos la fe..

Ignoramos que emociones secretas dieron origen a dicha súplica. Acaso al oír los sagrados preceptos que se desprendían de los labios del Redentor los apóstoles sintieron que su corazón desmayaba. Acaso se preguntaron a sí mismos: «¿Quién es idóneo para estas cosas? ¿Quién puede aceptar tan elevadas doctrinas? ¿Quién puede seguir una norma de conducta tan pura?» Estas sin embargo son meras conjeturas; mas, sea de ello lo que fuere, no puede negarse que la súplica que hicieron fue de alta trascendencia.

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