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Lucas 16: El ejemplo de un hombre malo

Pastor Lionel

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16.18 La mayoría de los líderes religiosos de la época de Jesús permitían que el hombre se divorciara de su esposa casi por cualquier motivo. Lo que Jesús enseñó en cuanto al divorcio fue más allá de lo que Moisés enseñó (Deu_24:1-4). Estrictas como cualquier escuela de pensamiento, las enseñanzas de Jesús estremecieron a sus oyentes (véase Mat_19:10) como en la actualidad lo hace a sus lectores. Jesús dice en términos inequívocos que el matrimonio es un compromiso para toda la vida. Quizás sea legal que su cónyuge le deje por otra persona, pero es adulterio a los ojos de Dios. Al pensar en el matrimonio, recuerde que la intención de Dios es que sea un compromiso permanente.

16.19-31 Los fariseos consideraban la prosperidad como una prueba de rectitud. Jesús los alarmó con esta historia donde se premia a un mendigo enfermo y se castiga a un hombre rico. El rico no fue al infierno por sus riquezas, sino por egoísmo. No alimentó a Lázaro, no le permitió entrar en su casa, ni cuidó de su salud. A pesar de sus muchas bendiciones, fue un hombre duro de corazón. La cantidad de dinero que tengamos no es lo más importante, sino la forma en que lo usamos. Los ricos pueden ser generosos o avaros, lo mismo sucede con los pobres. ¿Cuál es su actitud frente a sus posesiones? ¿Las acapara con egoísmo o las usa para bendición de los demás?

16.20 Este Lázaro no debe confundirse con el que Jesús resucitó en Juan 11.

16.29-31 El rico pensó que sus cinco hermanos sin duda creerían a un mensajero que resucitara. Pero Jesús dijo que si no creyeron a Moisés y a los profetas, los que siempre hablaban de la importancia de cuidar de los pobres, ni siquiera una resurrección los convencería. Note la ironía en la declaración de Jesús en su camino a Jerusalén hacia la muerte, estaba totalmente seguro de que, si resucitaba, gran parte de los líderes religiosos no lo aceptarían. Estaban aferrados a su manera de pensar y ni las Escrituras ni el Hijo de Dios mismo lograrían variar su posición.

Lucas 16:1-12

EL pasaje arriba transcrito es de difícil interpretación. Hay en él puntos que talvez no serán aclarados hasta que venga el Señor por segunda vez. Es de esperarse que un libro como la Biblia, escrito por inspiración, contenga cosas difíciles de comprender. Mas el defecto no está en el libro, sino en nuestro limitado entendimiento. Si no podemos aprender otra cosa en este pasaje, aprendamos por lo menos a ser humildes.

Tengamos cuidado, ante todo, de no deducir de los versículos citados doctrinas y preceptos que no enseñan.

Nuestro Señor no se refiere al mayordomo como a un modelo de moralidad: de otra manera no le hubiera dado el epíteto de «malo.» Jesús nunca autorizó la falta de honradez en el comercio humano. Este mayordomo engañó a su amo y quebrantó el octavo mandamiento. Su amo quedó admirado de su astucia cuando supo lo que había hecho, y lo alabó por su sagacidad y previsión. Pero esto no prueba que su conducta le agradara; y lo que es más, no hay una palabra que indique la aprobación de Cristo. En breve, el manejo del mayordomo es algo que debemos evitar, no un modelo que hayamos de imitar.

Y la advertencia, que así se nos hace, es muy necesaria. La mala fe en los negocios es, por desgracia, muy común en nuestros días. La honradez en los contratos es muy rara. En sus transacciones comerciales algunos hacen cosas que la Biblia condena. Millares de hombres hay que por «apresurarse a enriquecerse « cometen actos que no son estrictamente equitativos. Pro_28:20. La astucia y la destreza en comprar, en vender y en hacer negocios de todas clases, hacen pasar por alto cosas que no debieran permitirse. La raza a que partencia el mayordomo malo es todavía muy numerosa. No olvidemos esto: siempre que hagamos a los demás aquello que no quisiéramos que hicieran con nosotros, podemos estar seguros, a despecho de lo que el mundo diga, que estamos obrando mal a los ojos de Cristo.

Obsérvese que la lección principal que se nos inculca en esta parábola es que es prudente estar prevenidos para cualquiera contratiempo.

La manera con que el mayordomo malo se portó cuando supo que iba a perder su destino, fue indudablemente hábil y sagaz. Aunque al rebajar de las cuentas parte de lo que se le debía a su señor, procedió de mala fe, ciertamente con ese acto se hizo muchos amigos. Perverso como era, no descuidó el porvenir. Deshonrosas como eran las providencias que dio, no dejaba de atender a sus propias necesidades. No cruzó los brazos y dejó que la pobreza asomara á. las puertas de su casa; mas meditó, raciocinó, hizo sus planes y los puso en ejecución sin temor. El resultado fue que no quedó en el desamparo.

Que contraste tan sorprendente no observamos entre el proceder del mayordomo respecto de sus asuntos temporales, y el de la mayor parte de los hombres respecto de sus asuntos espirituales 1 Bajo este punto de vista únicamente es que el mayordomo nos da uu ¿ejemplo que nosotros haríamos bien en imitar.

Como él, debemos dirigir nuestras miradas hacia el porvenir. Como él, debemos prevenirnos para el día en que tengamos que dejar nuestra morada terrenal.

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