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Lucas 16: El ejemplo de un hombre malo

Pastor Lionel

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(iii) Como un ejemplo de la Ley que no se cambiará nunca Jesús citó la ley de la castidad. Esta tajante afirmación de Jesús se ha de leer en el contexto de la vida judía. Los judíos tenían una opinión muy alta de la castidad y la fidelidad. Los rabinos decían: « Dios puede pasar por alto muchas cosas, pero no la falta de castidad, que es una cosa que hace que se ausente la gloria de Dios.» Un judío debe dejarse matar antes de cometer idolatría, homicidio o adulterio. Pero lo trágico era que, en los tiempos de Jesús, el vínculo matrimonial estaba a punto de desaparecer. Para las leyes judías la mujer era una cosa. Podía divorciarse de su marido sólo si él era leproso, o apóstata, o violador. Aparte de eso, una mujer no tenía más derecho ni compensación cuando su marido la divorciaba que la devolución de la dote. La ley judía decía: «El marido puede divorciar a su mujer con o contra la voluntad de esta; para divorciarse el marido basta con su voluntad.» La Ley de Moisés decía: «Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa» Deu_24:1 ). La llamada «carta de divorcio» había que firmarla ante dos testigos, y decía: «Sea esta escritura de divorcio que te otorgo documento de despido y certificado de libertad para que te puedas casar con quien quieras.» Así de fácil era el divorcio para el hombre.

La cosa se complicaba cuando se interpretaba la frase alguna cosa indecente de la ley mosaica. Había dos escuelas de pensamiento: la de Shammai sostenía que quería decir adulterio, y nada más. La escuela de Hillel sostenía que podía querer decir «cualquier cosa que desagradara a su marido como, por ejemplo, si echaba a perder un plato de comida, si se daba una vuelta por la calle, si hablaba con un extraño, si hablaba sin el debido respeto de los parientes de su marido, si era alborotadora.» Esto último se definía como «que se la pudiera oír en la casa de al lado.» Rabi Akiba llegó hasta el punto de decir que un hombre podía divorciar a su mujer si encontraba otra más guapa. Tal como es la naturaleza humana, fue la escuela de Hillel la que prevaleció; así que, en los tiempos de Jesús, las mujeres no querían casarse, y la vida familiar estaba en peligro de desaparecer.

Jesús aquí establece la santidad del vínculo matrimonial. Esto aparece en Mat_5:31 s, donde el adulterio es la única excepción a la regla universal. A menudo pensamos que nuestro tiempo es malo; pero Jesús vivía en un tiempo en el que las cosas estaban por lo menos igual de mal. Si destruimos la vida familiar destruimos algo que es fundamental al Evangelio, y Jesús establece aquí una ley que es peligroso soslayar.

EL CASTIGO DEL INSENSIBLE

Lucas 16:19-31

-Érase un rico que se vestía de púrpura y de seda y que organizaba unos banquetes impresionantes todos los días. Y érase también un pobre que se llamaba Lázaro, que estaba tirado en el suelo a la puerta del rico, con el cuerpo lleno de llagas, y tan hambriento que se hubiera conformado con que le dejaran comerse las migajas que caían al suelo de la mesa del rico; y, era tal su indefensión que hasta los perros venían a lamerle las .llagas. Cuando se murió aquel pobrecito, los mismísimos ángeles vinieron a llevarle al Seno de Abraham. En cuanto al rico, también se murió, y le enterraron. Estaba en el Infierno entre tormentos, y miró hacia arriba y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su Seno; y el rico se puso a dar voces: « ¡Padre Abraham, compadécete de mí, y manda a Lázaro que moje la puntita del dedo en agua y me refresque un poquitín la lengua, porque estoy sufriendo tormento en este fuego!» Pero Abraham le contestó: « Hijo, acuérdate de que tú recibiste todos los bienes en la vida, y Lázaro no recibió más que males. Así que ahora él recibe cosas buenas, y tú tormentos. Además, hay una gran sima infranqueable entre nosotros y vosotros que hace imposible el que se pueda pasar de aquí allí, o de allí aquí.» El rico entonces le dijo: «Entonces, por favor, Padre, mándale a la casa de mi padre donde están mis cinco hermanos, para que les advierta de la verdad y no vengan a este lugar de tormento.» Y Abraham le contestó: «i Ya tienen a Moisés y a los profetas! ¡Que les presten atención!» Y el rico siguió suplicando: «Eso no es bastante. Pero si se les aparece un muerto, se arrepentirán.» Y Abraham le contestó: «Si no hacen caso de Moisés y de los profetas, tampoco se convencerán si resucita un muerto.»

Esta parábola está tan perfectamente construida que no le sobra ni una sola frase. Vamos a fijarnos en los personajes:

(i) En primer lugar tenemos al rico, al que a veces se le llama Dives, que quiere decir «rico» en latín. Cada frase añade algún detalle al lujo en que vivía. Vestía púrpura y lino fino, que es la descripción de las ropas del sumo sacerdote, que costaban una inmensa fortuna. Celebraba banquetes suntuosos todos los días; la palabra que se usa aquí indica los manjares que harían las delicias de un gastrónomo. Y así todos los días. No cabe duda de que así quebrantaba el cuarto mandamiento, que dispone que se ha de trabajar seis días (Exo_20:9 ).

En un país y época en que la gente corriente tendría suerte si comía carne una vez a la semana después de trabajar seis días, Dives es el prototipo del indolente ricachón. Lázaro habría querido recoger las migajas que caían de la mesa de Dives; y es que en aquel tiempo no se usaban tenedores ni cuchillos ni servilletas, sino que se comía con las manos y, en las casas de los ricos, las manos se limpiaban restregándolas con pan, que caía al suelo. De eso querría hartarse Lázaro.

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