Lucas 15: La alegría del Pastor

Y ese hijo menor representa bien la naturaleza humana. Todos nosotros somos por naturaleza orgullosos y voluntariosos. No sentimos placer alguno en tener comunión con Dios; mas, bien al contrario, nos separamos de El y nos vamos lejos. Gastamos nuestros días, nuestra fuerza, nuestras facultades, nuestros afectos, en cosas que no son ni pueden ser de provecho alguno. El avaro lo hace de un modo, y el libertino lo hace de otro. Solo en un punto todos estamos de acuerdo: que como ovejas «nos perdemos, y cada cual se aparta por su camino.» Isa_3:6. En la conducta primera del hijo menor se dejan ver las inclinaciones que el corazón tiene por naturaleza.

El que no sabe nada de estas cosas tiene todavía mucho que aprender, y necesita que la luz penetre en su entendimiento oscurecido. La ignorancia más perniciosa es la del que no se conoce a sí mismo. Feliz el que ha salido del mundo de las tinieblas y sabe quien es. De muchos puede decirse en verdad: « No saben ni entienden: andan en tinieblas.» Psa_82:5.

La segunda figura es la de un hombre que aprende por experiencia que el camino del pecador es escabroso. Nuestro Señor presenta a nuestros ojos el mismo joven gastando su haber hasta que queda reducido a la miseria y al hambre de tal manera que tiene que ocuparse en apacentar cerdos, y desea henchirse de las algarrobas que estos animales comían.

Estas palabras pintan la situación de muchos individuos. El pecado domina con cetro de hierro; y de esto caen en cuenta, para su pesar los que se hacen esclavos suyos. Los que no se convierten no pueden ser jamás verdaderamente felices. Bajo la apariencia de alegría, albergan una zozobra interior que los atormenta en extremo. Millares de hombres de esa clase hay que tienen herido el corazón, que se sienten aburridos de sus propios actos, y completamente desdichados. Muchos hay que dicen: «¿Quién nos mostrará el bien?» «No hay paz, dijo mi Dios; para con los impíos.» Los sufrimientos secretos del hombre que no ha sido regenerado son grandes sobre manera. En su pecho siente un vacío, por más que se esfuerce en ocultarlo. «El que siembra para su carne, de la carne segará corrupción.» «¿Qué fruto teníais entonces de aquellas cosas, de las cuales ahora os avergonzáis?» Gal_6:8; Rom_6:21.

La tercera figura representa al hombre apercibiéndose por vez primera de su corrupción natural, y resolviendo arrepentirse. Nuestro Señor dice que el joven volviendo en sí exclamo: « ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, pecado he..

Estas palabras expresan los pensamientos de gran número de individuos. Muchos han raciocinado así todos los días; y nosotros debemos dar gracias a Dios cuando percibimos que nos vienen a la mente tales pensamientos. Pensar no es arrepentirse pero puede ser el principio de este acto. Convicción no es conversión, pero es el primer paso que conduce a ella. La causa de la muerte eterna de gran número de hombres es que jamás piensan.

Pero es preciso, sin embargo, hacer una advertencia: hemos de tener mucho cuidado de no contentarnos con pensar solamente. Los buenos pensamientos son muy saludables; pero ellos no constituyen la religión que salva. Si el hijo pródigo no hubiera hecho nada, más que pensar, tal vez habría permanecido alejado de en casa hasta el día de su muerte.

La cuarta figura representa al hombre tornándose hacia Dios con fe y arrepentimiento verdaderos. Nuestro Señor dice cómo el joven, saliendo del país distante y volviéndose a la casa de su padre, puso en práctica sus buenas intenciones y confesó sus pecados sin rodeos algunos.

He ahí un vivo bosquejo del arrepentimiento y de la conversión verdadera. Aquel en cuyo corazón ha empezado realmente la operación del Espíritu Santo, no queda satisfecho con pensar y resolver; mas se aparta, se separa, se divorcia del pecado; deja de hacer lo malo; procura hacer lo bueno; se torna a Dios con plegarias humildes; confiesa sus iniquidades; no alega disculpas por los pecados que ha cometido; y dice como David: « Conozco mis rebeliones.» Y como el publicano: « Dios, ten misericordia de mí, pecador.» Psa_51:3; Luk_18:13.

Guardémonos de todo arrepentimiento que no sea de esta naturaleza. Los hechos son el alma del arrepentimiento que salva. Emociones, y lágrimas, y remordimientos, y deseos, y resoluciones, todo esto es inútil a menos que vaya acompañado de hechos y de un cambio de vida. Son, a la verdad peor que inútiles, puesto que insensiblemente cauterizan la conciencia y endurecen el corazón.

La quinta figura representa al hombre penitente en el acto de ser recibido, perdonado, y aceptado misericordiosamente como hijo de Dios. La descripción de nuestro Señor es muy patética. Hela aquí: «Y como aún estuviese lejos le vio su padre, y fue movido a misericordia; y corriendo a él, se derribó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, pecado he contra el cielo, y contra ti: ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Mas el padre dijo a sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned anillo en su mano, y zapatos en sus pies; y traed el becerro grueso y matadle; y comamos y hagamos banquete; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido: se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a hacer banquete..

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