Lucas 15: La alegría del Pastor

Pastor, que con tus silbos amorosos me despertaste del profundo sueño; Tú, que hiciste cayado de ese leño en que tiendes los brazos poderosos:

vuelve los ojos a mi fe piadosos, pues te confieso por mi autor y dueño, y la palabra de seguir te empeño tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, pastor: pues por amores mueres no te espante el rigor de mis pecados, pues tan amigo de rendidos eres;

espera, pues, y escucha mis cuidados; pero, ¿cómo te digo que me esperes, si estás, para esperar, los pies clavados?

LOPE DE VEGA

LA MUJER QUE PERDIÓ Y ENCONTRÓ UNA MONEDA

Lucas 15:8-10

Jesús les contó también otra parábola:

-Si una mujer tiene diez dracmas, y pierde una, ¿verdad que enciende la luz y se pone a barrer la casa y a buscar por todas partes hasta que la encuentra? Y en cuanto la encuentra, junta a todas sus amigas y vecinas, y les dice: «¡Fijaos qué estupendo es lo que me ha pasado! ¡He encontrado la dracma que se me había perdido!» Pues os aseguro que eso es lo que pasa en el Cielo: los ángeles de Dios se ponen jubilosos cuando se arrepiente un pecador.

Que se perdiera una moneda en la casa de unos campesinos de Palestina no seria difícil, pero sí encontrarla. Las casas eran oscuras, sin más ventana que una circular de un par de palmos de diámetro. El suelo era de tierra cubierta de paja o cañas; así es que era como buscar una aguja en un pajar. La mujer se puso a barrer con la esperanza de ver brillar la moneda u oírla tintinar.

Hay dos razones por las que la mujer tendría tanto interés en encontrar la moneda:

(i) Puede que fuera sencillamente por necesidad. Era el jornal de un día en Palestina. Los obreros vivían al día. Tal vez el perder aquella moneda desequilibraba la economía familiar, o ponía en peligro la comida del día.

(ii) Puede que fuera por una razón más romántica. El adorno de una mujer casada era una diadema formada por diez moneditas de plata enlazadas con una cadenita de plata. Era el equivalente del anillo de boda, cuyo valor era aún superior al precio. Se consideraba algo tan personal que no se podía expropiar por deudas. Tal vez se trataba de una de esas monedas, y la mujer la buscaba como buscaría una casada ahora su anillo de boda.

Es fácil imaginar la alegría de la mujer cuando vio relucir la moneda y la pudo apretar cariñosamente entre sus dedos otra vez. Así es Dios, dijo Jesús. El júbilo de Dios y de todos los ángeles cuando vuelve al hogar un pecador es como el de un hogar que recupera el sustento del día, o como el de una mujer que había perdido algo muy personal y valioso, y lo encuentra otra vez.

Ningún fariseo habría soñado que Dios fuera así. Un gran pensador judío ha admitido que esto que Jesús enseñó acerca de Dios es algo completamente nuevo: que Dios busca a los hombres y se alegra cuando vuelven a estar con Él. Los judíos podrían haber llegado a creer que, si uno se humillaba hasta lo último y se postraba ante Dios suplicando misericordia, tal vez se le concediera; pero nunca se les habría ocurrido pensar que Dios buscara amorosa e insistentemente a los pecadores. Nosotros creemos en este amor de Dios, porque lo vemos encarnado en Jesucristo, el Hijo de Dios, que vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Luk_19:10 ).

LA HISTORIA DEL AMOR DE UN PADRE

Lucas 15:11-32

También les contó Jesús la siguiente historia: «Había una vez un hombre que tenía dos hijos. Un día, el más joven le dijo:

-¡Venga, Padre: dame lo que me corresponde de todo lo que tienes!

El padre entonces repartió todo entre sus dos hijos. AL cabo de unos pocos días, el hijo más joven reunió el producto de toda su parte y se marchó a un país lejano… y allí lo fundió todo viviendo a lo loco. Cuando ya se lo había gastado todo, hubo una hambruna en aquel país, y él empezó a pasar necesidad. Entonces fue y se puso al servicio de un terrateniente que le empleó para estar al cuidado de sus cerdos. EL joven a veces tenía tanta hambre que se habría puesto a comer las algarrobas de los cerdos, pero ni eso le daban. Cuando volvió en sí, se dijo:

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