Lucas 14: Bajo el escrutinio de gente Hostil

Pastor Lionel

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Nuestro Señor percibió bien esto, y trabajó durante el período de su misión por elevar esta valiosa parte de la ley de Dios a su verdadera posición.

El principio que nuestro Señor establece respecto a la observancia del sábado necesita rodearse de restricciones. Del derecho de hacer en el domingo obras de necesidad y de misericordia se ha abusado terriblemente en nuestros días.

Millares de cristianos parecen haber traspasado todo límite con .respecto a la guarda de este santo día. Parecen haber olvidado que si bien nuestro Señor explicó repetidamente lo que de nosotros exige el cuarto mandamiento, jamás lo borró o anuló, ni dijo que no era obligatorio para los cristianos.

¿Puede persona alguna decir, que viajar en domingo, salvo en casos muy raros, sea obra de misericordia? ¿Puede alguien afirmar que traficar en ese día, y dar convites, y pasear, y distribuir cartas y periódicos son obras de misericordia? ¿Es que los criados y tenderos, los maquinistas y cocheros, los escribientes y porteros no tienen alma? ¿No necesitan como los demás hombres descanso para el cuerpo y tiempo para atender a las necesidades del alma? Estas son cuestiones serias que deben hacer pensar a mucha gente.

Más, cualquiera que sea la línea de conducta que adopten los demás, santifiquemos nosotros el domingo. Dios hará cargo a las iglesias de la profanación del domingo. Este es un pecado por el cual el clamor asciende al cielo, y de él se pedirá cuenta en el último día. Abstengámonos de cometerlo. Si otros quieren apropiarse el día del Señor para satisfacer deseos y aspiraciones egoístas, no nos hagamos cómplices suyos.

Lucas 14:7-14

En estos versículos se nos da a conocer de cuanta importancia es la humildad. Nuestro Señor lo enseña de dos modos: primero aconsejando a los que fuesen convidados a alguna boda que «se sienten en el postrer lugar;» y segundo, apoyando su consejo en ese gran principio que tantas veces se desprendió de sus labios.

«Cualquiera que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado..

La humildad merece bien ser denominada la reina de las virtudes cristianas. Reconocer nuestra culpabilidad y flaqueza, y experimentar la necesidad de un Salvador, es el principio mismo de la religión que salva. Esa virtud ha distinguido a los hombres más rectos y piadosos de todas las edades. Abrahán y Moisés, Job y David, Daniel y Pablo fueron todos hombres señaladamente humildes. Pero, aun más, la práctica de dicha virtud está al alcance de todos los cristianos. No todos tienen dinero que ofrecer; no todos tienen tiempo y oportunidad de trabajar directamente en la causa de Cristo; no todos tienen el don de la palabra, ni talento o erudición para instruir a los demás hombres; pero todo cristiano está obligado a exornar con la humildad las doctrinas que profesa. Si no puede hacer nada más, puede por lo menos ser humilde.

¿Queremos saber cuál es la fuente de donde dimana la humildad? Dos palabras la indican: el recto conocimiento. El hombre que se conoce a sí mismo, que conoce a Dios, que conoce a Cristo y sabe a que precio lo redimió, no puede jamás ser orgulloso. El se reputará, como Jacob, indigno de la más pequeña misericordia del Altísimo; y se dirá como Job: «Yo soy vil;» y exclamará como Pablo: «Yo soy el primero de los pecadores.» Gen_32:10; Job_40:4; 1Ti_1:15. La falta de conocimiento de nosotros mismos, de Dios, y de Cristo es la causa verdadera del orgullo.

Estos versículos tratan, en segundo lugar, del deber de socorrer a los pobres. Nuestro Señor inculca este deber de una manera singular. Le dice al fariseo que lo invitó a su casa, que cuando diere una comida o una cena no debe llamar a sus amigos, o parientes, o vecinos ricos; sino, antes bien, a los pobres, los mancos, los cojos, los ciegos.

Este precepto tiene, sin duda, ciertos límites, pues es evidente que nuestro Señor no se propuso prohibirnos que ejerciéramos la hospitalidad con nuestros parientes y amigos ; y mucho menos excitarnos a que gastásemos en los pobres más dinero del necesario. Explicado así el pasaje, contradiría otros textos claros de la Escritura; por lo tanto, tal interpretación no puede ser correcta. Mas no porque se haya hecho esta advertencia ha de olvidarse que el pasaje en cuestión contiene tiene lección profunda e importante. Tengamos cuidado así mismo de no limitar y modificar él precepto hasta reducirlo a la nada. Las palabras en que está concebido son sencillas y terminantes. Es la voluntad de nuestro Señor Jesucristo que, en proporción con nuestras facultades, socorramos a los que sean más pobres que nosotros. Quiere que sepamos que es un deber sagrado auxiliar a los necesitados.

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