Lucas 11: Enséñanos a orar, Pedid y recibiréis

LOS PECADOS DE LOS LEGALISTAS

Lucas 11:45-54

Uno de los intérpretes de la ley le interpeló:

-¡Maestro, que cuando hablas así nos ofendes a nosotros también!

-¡Pobres de vosotros también, intérpretes de la ley! -le respondió Jesús-. A los demás les imponéis cargas insoportables, pero vosotros no les echáis una mano… ¡ni siquiera un dedo! ¡Pobres de vosotros, que erigís monumentos funerarios a la memoria de los profetas a los que asesinaron vuestros antecesores! Bien se ve que sois sus dignos sucesores: porque ellos los mataron, y vosotros les erigís el memorial. Por eso dijo Dios en su sabiduría: «Les enviaré profetas y apóstoles; pero ellos matarán a algunos, y a otros los perseguirán,» hasta que se les pida cuenta a los de este tiempo de la sangre de todos los profetas que se ha derramado desde el principio de la Historia, es decir, desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, al que mataron entre el altar y el templo; sí, os lo aseguro: de toda esa sangre se le pedirá cuenta a la actual generación. ¡Pobres de vosotros, intérpretes de la ley, que habéis escondido la llave del conocimiento espiritual! No habéis entrado en él vosotros, y a los que querían entrar se lo habéis impedido.

A partir de entonces, los escribas y los fariseos le iban estrechando más y más el cerco, y le provocaban para que diera su opinión de muchas cosas, acechándole para cogerle alguna palabra por la que pudieran acusarle de herejía o blasfemia.

Aquí se exponen tres cargos contra los escribas.

(i) Eran expertos en la ley; les imponían a los demás mil y una cargas de la ley ceremonial, pero ellos no las cumplían, porque eran expertos en la exención. Veamos algunas de sus exenciones.

Lo máximo que se permitía recorrer el sábado eran 2.000 codos, algo menos de un kilómetro, desde su lugar de residencia. Pero si se ataba la cuerda al final de la calle, ése se consideraba su residencia, y podía alejarse de allí un kilómetro; si el viernes por la tarde dejaba en algún sitio alimentos suficientes para dos comidas, ese sitio se consideraba técnicamente como su residencia, y podía recorrer otro kilómetro a partir de allí. ¡Y así sucesivamente!

Uno de los trabajos prohibidos en sábado era hacer nudos, ya fueran de marino, o de camellero, o nudos en sogas. Pero una mujer se podía atar un nudo en el cinturón. ¡Así que, si había que atar el cubo para sacar agua del pozo, se ataba con el cinturón de una mujer, y en paz!

Estaba prohibido llevar cargas; pero estaba escrito en las leyes codificadas que « el que lleva algo, ya sea en la mano derecha o en la izquierda, o en el seno, o al hombro, es culpable; pero el que lleva algo en el reverso de la mano, o con el pie, o en la boca, o al codo, o en la oreja, o en el pelo, o en la bolsa del dinero puesta al revés, o entre la bolsa del dinero y la camisa, o en el forro de la camisa, o en el zapato o la .sandalia, no es culpable, porque no lo lleva como se lleva corrientemente.»

Es increíble que pudieran pensar que Dios había hecho leyes semejantes, y que el tener en cuenta esos detalles era un deber religioso, y el cumplirlos era una cuestión de vida o muerte; pero ésa era la religión de los escribas. No nos sorprende que Jesús se metiera con los escribas, y que ellos le consideraran hereje e impío.

(ii) La actitud de los escribas con los profetas era paradójica. Les profesaban una profunda admiración a los de tiempos pasados; pero, si se encontraran con uno, tratarían de matarlo. Honraban a los profetas muertos con monumentos memoriales, pero deshonraban a los profetas vivos con persecución y muerte.

«Aborrezco en el alma -dice Isaías= vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes» (1:14). « Dios te ha enseñado, oh hombre -dice Miqueas -, dónde está el bien; ¿qué espera Dios de ti sino que obres la justicia, y que ames la misericordia, y que te conduzcas humildemente con tu Dios?» (6:8). Esa era la esencia del mensaje profético, y era la antítesis de la enseñanza de los escribas. No nos sorprende que los escribas, tan dados a los detalles externos, odiaran a los profetas -y Jesús estaba en la línea de los profetas. El asesinato de Zacarías se nos describe en 2Ch_24:20-21 .

(iii) Los escribas bloqueaban el acceso a la Sagrada Escritura. Sus interpretaciones eran tan fantásticas que a la gente corriente le era imposible entenderlas. En manos de los escribas la Escritura se había convertido en un libro de enigmas. En su errado virtuosismo rehusaban ver el mensaje de las Escrituras para ellos mismos, y no se lo dejaban ver a nadie más. Ellos las habían convertido en algo exclusivo de los expertos y en un misterio tenebroso para todos los demás.

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