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Lucas 11: Enséñanos a orar, Pedid y recibiréis

(iii) La mejor manera de evitar el mal es practicar el bien. El mejor jardín que recuerdo haber visto estaba tan lleno de flores que no les quedaba sitio a las ortigas. Para tener una buena huerta hay que quitar los hierbajos y preparar la tierra; pero, si no se ponen y se cultivan buenas plantas, pronto estará peor que antes. Esto es igualmente cierto en el mundo del pensamiento. A veces nos asaltan malos pensamientos. Si todo lo que hacemos es decirnos: «No voy a pensar en eso», seguimos pensando en ello cada vez más. El remedio está en pensar en otra cosa, en desterrar el pensamiento malo con uno bueno. No se es bueno por no hacer cosas malas, sino llenando la vida de cosas buenas.

Los versículos 27 y 28 nos presentan a Jesús diciendo una verdad muy seria. La mujer se había dejado llevar por la emoción del momento, y Jesús la devolvió a la realidad. La emoción momentánea no tiene por qué ser mala, pero lo más valioso de la vida es la obediencia de cada día. Los mejores sentimientos no pueden ocupar el lugar de la fidelidad.

La mujer que le echó a Jesús aquella bendición tan española no sabía que la bienaventuranza verdadera de la madre de Jesús la recibió cuando creyó la Palabra de Dios y se entregó a Él en perfecta obediencia (Luk_1:38 y 45)..

LA RESPONSABILIDAD DEL PRIVILEGIO

Lucas 11:29-32

La gente estaba apiñada escuchando a Jesús, y Él se puso a decirles:

-La gente de este tiempo es mala. Pide una señal sobrenatural, pero Dios no le va a dar más señal que la del profeta Jonás: como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, lo es ahora el Hijo del Hombre a los de este tiempo. La Reina del Sur testificará el Día del Juicio en contra de la gente de este tiempo y hará que sea condenada; porque ella vino del otro extremo del mundo para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay Uno que es más que Salomón. Y los habitantes de Nínive testificarán el Día del Juicio en contra de la gente de este tiempo, y harán que sea condenada; porque cuando oyeron predicar a Jonás se arrepintieron, y aquí hay Uno que es más que Jonás.

Los judíos querían que Jesús hiciera algo realmente sensacional para demostrarles que era el Mesías. Unos años después, hacia el 45 d C., un tal Teudas pretendió ser el Mesías e inició una revolución. Hizo que la gente le siguiera, porque les prometió detener las aguas del Jordán haciendo un camino por en medio para pasar al otro lado. No hace falta decir que fracasó, y los Romanos acabaron pronto con los rebeldes; pero eso era la clase de cosa que la gente le exigía a Jesús para probar que era el Mesías. No se daba cuenta de que la mayor señal que Dios había de dar nunca era Jesús mismo.

De la misma manera que Jonás había sido una señal de Dios a Nínive, lo era Jesús para los de su tiempo, pero ellos no le reconocieron. Cuando Salomón era rey, la Reina de Sabá reconoció que su sabiduría era sobrenatural, y vino de muy lejos para beneficiarse de ella; cuando Jonás predicó a los habitantes de Nínive, reconocieron en él la auténtica voz de Dios, y se arrepintieron y salvaron de la destrucción. El Día del Juicio, estas personas se levantarán a dar testimonio en contra de los judíos del tiempo de Jesús, porque éstos habían tenido una oportunidad y un privilegio incomparablemente mayores que los suyos y se habían negado a recibirlos. La condenación de los judíos sería tanto más definitiva cuanto fueron mayores sus privilegios.

El privilegio y la responsabilidad van siempre de la mano.

Considerad dos de nuestros mayores privilegios y cómo los usamos.

(i) Todos tenemos a nuestra disposición la Biblia, la Palabra de Dios. Se ha pagado un alto precio para que llegara hasta nosotros. Los traductores de la Biblia al español, Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, fueron perseguidos por la Inquisición, y se salvaron de morir en la hoguera gracias a que pudieron huir al extranjero; otros, como Julianillo Hernández, fueron torturados para que delataran a todos los protestantes que conocieran, y dieron su vida para que la Palabra de Dios entrara en España. Y otro tanto sucedió en otros países, como Inglaterra, donde Wyclif, el primer traductor, y Tindale, el que dio a Inglaterra la primera Biblia impresa, sufrieron lo indecible y por último dieron sus vidas por la Palabra de Dios. No hay libro que haya costado tanto como la Biblia. En los países de habla española se considera a la Biblia Reina-Valera como un clásico, lo que quiere decir para muchos un libro del que se ha oído hablar, pero que casi nadie ha leído. Tenemos el privilegio de poseer un ejemplar de la Biblia, de cualquiera de las varias ediciones ahora disponibles: es un privilegio del que tendremos que dar cuenta.

(ii) Disfrutamos de libertad de cultos, que consideramos como un derecho; y esto también es un privilegio que ha costado muchas vidas. Lo malo es que muchos, como ha dicho humorísticamente alguien, consideran ahora que la libertad de cultos quiere decir libertad para no ir al culto. Este también es un privilegio del que tendremos que dar cuenta.

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