Lucas 1: La introducción de un historiador

Elisabet, para sorpresa de los presentes, dijo que su hijo se tenía que llamar Juan, y Zacarías también manifestó el mismo deseo. Juan es la forma breve de Yehojanán, que quiere decir regalo de Jehová, o Jehová es misericordioso. Era el nombre que Dios había dicho que se le pusiera al niño, y que describía la gratitud de los padres por tan precioso y ya inesperado regalo de Dios.

Todos los conocidos y los que se enteraban del maravilloso suceso se preguntaban: «¿Qué llegará a ser este niño?» Y es que cada niño es un racimo de posibilidades. Había un antiguo maestro latino que siempre hacía una profunda reverencia ante la clase antes de empezar la lección. Cuando le preguntaban por qué, él contestaba: «Porque nunca se sabe lo que uno de estos chavales va a llegar a ser.» El nacimiento de un niño en una familia representa dos cosas. La primera, es el más grande privilegio que se puede conceder a un hombre y a una mujer; algo por lo que hay que dar gracias a Dios. Segunda, es una de las más altas responsabilidades de la vida, porque ese niño es un racimo de posibilidades, y depende de los padres y de los maestros el que esas posibilidades se hagan o no realidad.

EL GOZO DE UN PADRE

Lucas 1:67-80

El Espíritu Santo inundó todo su ser, y Zacarías rompió a hablar con inspiración profética: -¡Bendito sea el SEÑOR, el Dios de Israel, que ha intervenido a favor de su pueblo para rescatarlo de una condición de esclavitud! De la dinastía de su siervo David ha suscitado un Campeón que nos salvara, como mucho tiempo ha, por las palabras de los santos profetas, había dicho que lo haría, cuando prometió librarnos de nuestros enemigos y del dominio de los que nos aborrecían, para cumplir la promesa misericordiosa que había hecho a nuestros antepasados, siendo fiel a su santo pacto. Esa promesa había jurado a nuestro padre Abraham: que nos rescataría del poder de nuestros enemigos y nos permitiría servirle, ya sin nada que temer, en santidad y bondad toda la vida. En cuanto a ti, niñito, recibirás el título de «Profeta del Altísimo», porque serás el precursor del Señor para preparar los caminos por donde Él pasará, y porque será tu misión decirle a su pueblo cómo puede alcanzar la salvación y el perdón de sus pecados por la profunda compasión de nuestro Dios que ha enviado del Cielo generosamente la aurora para que nos amaneciera, trayendo luz a los que morábamos en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pasos por el camino que conduce a la paz.

El niño creció y se desarrolló física y espiritualmente; y vivió en lugares desiertos hasta que llegó el día en que se manifestó a Israel.

Zacarías tuvo una gran visión de la misión de su hijo. Le reconoció como el profeta y precursor que había de preparar el camino del Señor. Todos los judíos devotos esperaban y anhelaban el día en que había de venir el Mesías, el Rey ungido por Dios. La mayor parte de ellos creían que, antes de que viniera, un precursor anunciaría su llegada y le prepararía el camino. La creencia más general era que Elías volvería a la Tierra con esta misión (Mal_4:5 ). Zacarías vio en su hijo al que prepararía el camino para el Rey ungido por Dios.

Los versículos 75-77 nos dan una gran descripción del camino del Evangelio:

(i) La preparación. Todo en la vida es una preparación que nos conduce a Cristo. Cuando Walter Scott era joven, su sueño era ser soldado. Pero tuvo un accidente que le dejó ligeramente cojo, por lo que tuvo que renunciar a ese sueño. Se aficionó a leer viejas historias y novelas escocesas, y así llegó a ser uno de los más grandes novelistas de la literatura universal. De 61 dijo un vejete: «Se estaba haciendo a sí mismo todo el tiempo; pero no sabía, puede, por dónde tiraría hasta que pasaron los años.» En la vida Dios está haciendo que todo contribuya a llevarnos a Cristo.

(ii) El conocimiento. La pura verdad es que nadie sabía cómo es Dios hasta que vino Jesús a decírnoslo. Los griegos hablaban de un dios impasible, por encima de la alegría y del dolor, observando a los humanos con tranquila indiferencia. No se esperaba su ayuda. Los judíos tenían un Dios exigente, que imponía una ley y cuya función era la del juez. Aquello no producía más que terror. Jesús vino para decirnos que Dios es amor, y la gente sólo podía decir con sorpresa y encanto: «¡Nunca nos habríamos imaginado que Dios era así!» Uno de los grandes propósitos de la Encarnación fue traer a la humanidad el conocimiento de Dios.

(iii) El perdón. Una cosa debemos tener clara a este respecto: no se trata tanto de remitir el castigo como de restablecer la relación. Nada nos puede librar de ciertas consecuencias de nuestros pecados. No se puede retrasar el reloj, pero el alejamiento de Dios se convierte en amistad, el Dios distante se hace cercano, y el Dios temido es ahora el Dios que nos ama.

(iv) Andar por los caminos de la paz. Paz en hebreo no quiere decir solamente ausencia de guerra, sino todo lo que comprende el sumo bien del hombre. Y por medio de Cristo se le capacita al hombre- para andar por los caminos que conducen a todo lo que significa vida, y ya no a todo lo que significa muerte.

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