Lucas 1: La introducción de un historiador

Excelentísimo Teófilo:

Aunque han sido muchos los que han acometido la empresa de escribir ordenadamente la historia de los acontecimientos en los que se basa nuestra fe, tal como nos los transmitieron los que fueron testigos presenciales desde el principio y luego se consagraron al ministerio de la proclamación del Evangelio, yo también me he hecho el propósito de investigar cuidadosamente todas las fuentes, y escribir a vuestra excelencia un informe completo y ordenado, para que conozcáis con certeza los Hechos de los que ya tenéis noticia.

La introducción de Lucas es la única entre los cuatro evangelios en la que el autor sale a escena y usa el pronombre personal «yo». Hay que subrayar tres cosas en este pasaje:

(i) Es el mejor griego de todo el Nuevo Testamento. Lucas usa aquí la misma forma de introducción que habían usado todos los grandes historiadores griegos. Herodoto empieza: «Estas son las investigaciones de Herodoto de Halicarnaso.» Un historiador muy posterior, Dionisio de Halicarnaso, nos dice al principio de su Historia: «Antes de empezar a escribir, yo recogí información, en parte, de labios de los hombres más instruidos con los que me pude poner en contacto; y en parte, de las historias que escribieron los Romanos de los que aquellos hablaban con elogio.» Así empieza Lucas su libro, en el griego más sonoro, siguiendo los mejores modelos que podía encontrar.

Es como si Lucas se dijera: « Voy a escribir la historia más importante del mundo, y sólo lo mejor es digno de ella.» Algunos de los manuscritos antiguos son verdaderas obras de arte, escritos con tinta de plata en vitela púrpura; a menudo el copista, cuando llegaba al nombre de Dios o de Jesús, lo escribía en oro. El Dr. Boreham nos cuenta de un viejo obrero, que todos los viernes por la noche apartaba las monedas más nuevas y relucientes de la bolsita de su paga para la colecta del domingo en la iglesia. El historiador, el escriba y el obrero tenían la misma convicción: sólo lo mejor es suficientemente bueno para Jesús. Siempre dedicaban lo mejor que tenían al más elevado fin.

(ii) Es sumamente significativo que a Lucas no le satisfacían las vidas de Cristo de los demás: tenía que tener la suya. La verdadera religión no es nunca de segunda mano, sino un descubrimiento personal. El profesor Arthur Gossip solía decir que los cuatro evangelios son importantes, pero más importante todavía es, para cada creyente, el quinto: el de la experiencia personal. Lucas siguió buscando, porque quena encontrar más plenamente a Jesús por sí mismo.

(iii) No hay pasaje de la Biblia que arroje más luz que éste sobre la doctrina de la inspiración de las Sagradas Escrituras. Ningún creyente negaría que el evangelio de Lucas es un documento inspirado; y sin embargo su autor empieza diciéndonos que es el producto de la más cuidadosa investigación histórica. La inspiración no le llueve del Cielo al que se sienta con los brazos cruzados y la mente en barbecho, y se limita a esperar; sino al que piensa, y busca, e investiga. La verdadera inspiración viene cuando el revelador Espíritu de Dios le sale al encuentro a la buscadora mente del hombre. Dios da su Palabra, pero se la da al que la busca. «Buscad, y hallaréis» (Mat_7:7 ).

UN HIJO PROMETIDO

Lucas 1:5-25

Hubo en tiempos de Herodes, rey de Judasa, un sacerdote que se llamaba Zacarías, que pertenecía a la orden de Abías. Su mujer también era descendiente de Aarón, y se llamaba Elisabet. Los dos eran buenas personas para Dios, porque su conducta era sin tacha, conforme a todos los mandamientos y las ordenanzas del Señor; pero no tenían hijos, porque Elisabet era estéril, y ya eran los dos de edad muy avanzada.

Cuando Zacarías estaba actuando como sacerdote de Dios porque le correspondía el turno a su orden según la costumbre sacerdotal, le tocó a él entrar en el templo a ofrecer el incienso, y toda la congregación del pueblo estaba orando fuera a la hora de la ofrenda del incienso.

Cuando estaba allí se le apareció un ángel del Señor a la derecha del altar del incienso; y cuando lo vio Zacarías se conmovió profundamente y le dio mucho temor. Pero el ángel le dijo:

-¡No tengas miedo, Zacarías! He venido a ti porque Dios te ha concedido lo que le has pedido, y tu mujer Elisabet te va a dar un hijo al que llamarás Juan. Esto te producirá una gran alegría y felicidad, y muchos se alegrarán del nacimiento de Juan. Será grande para Dios; no beberá vino ni licores, y estará lleno del Es píritu Santo aun desde antes de nacer. Hará que muchos de los judíos vuelvan a estar en relación con Dios su Señor; y él mismo irá delante de Él con el espíritu y el poder del profeta Elías para convertir el corazón de los padres a los hijos, y de los desobedientes a la prudencia de los piadosos, para que haya un pueblo que esté preparado para recibir al Señor.

-¿Cómo puedo yo saber que todo esto va a suceder? -le contestó Zacarías al ángel-. Yo ya soy un viejo, y mi mujer también es entrada en años.

-Yo soy Gabriel -repuso el ángel-, que estoy siempre en la presencia de Dios a su servicio, y Dios es el que me ha enviado a hablar contigo para darte esta buena noticia. Y ahora, fíjate: por no haberme creído, te vas a quedar mudo y sin poder hablar hasta que se cumpla a su debido tiempo todo lo que te he dicho.

La gente estaba esperando a Zacarías, y se sorprendía de que tardara tanto en salir del templo. Cuando por fin salió, no podía hablarles, y se dieron cuenta de que debía de haber tenido una visión en el templo. Y él trataba de explicárselo por señas, porque ya no podía hablar.

Cuando se completaron sus días de servicio, se volvió a su casa. Poco después, su mujer Elisabet se quedó embarazada, y no salió de casa en cinco meses, porque decía:

-Esto no es sino obra de Dios, que se ha dignado librarme de la esterilidad que me avergonzaba ante la gente.

Zacarías, el personaje principal de esta escena, era sacerdote. Pertenecía a la orden de Abías. Todos los descendientes directos de Aarón, el hermano de Moisés, eran sacerdotes de nacimiento. Esto hacía que hubiera demasiados sacerdotes para todos los propósitos ordinarios.

Estaban divididos en veinticuatro órdenes o secciones. No ejercían el sacerdocio todos más que en Pascua, Pentecostés y Tabernáculos. El resto del año cada orden ministraba dos períodos de una semana cada uno. Los sacerdotes que amaban su ministerio estaban deseando que les llegara su semana de turno, que era lo más importante de su vida.

Los sacerdotes se tenían que casar con mujeres que fueran de pura raza judía, y constituía un mérito especial el casarse con una descendiente de Aarón, que era el caso de Elisabet, la mujer de Zacarías.

Había tantos como veinte mil sacerdotes en total, así es que había casi un millar en cada sección, y en ella se echaban a suerte las intervenciones de los distintos miembros.

Los sacrificios de la mañana y de la tarde se ofrecían por toda la nación. Se sacrificaba en holocausto un cordero de un año sin mancha ni defecto, con una ofrenda de comida, de harina y aceite, y de bebida, de vino. Antes del sacrificio de la mañana y después del de la tarde se quemaba incienso en el altar del incienso, para que los sacrificios se elevaran, como si dijéramos, envueltos en un aroma agradable. Era posible que a muchos sacerdotes no les correspondiera quemar incienso en toda la vida; pero si le tocaba en suerte, aquel día era el más grande de la vida de un sacerdote, el más deseado y esperado. Y aquel día le tocó en suerte a Zacarías, que estaría de lo más emocionado. .

Pero había una tragedia en la vida de Zacarías: su esposa y él no tenían hijos. Los rabinos judíos decían que hay siete personas que están privadas de la comunión con Dios, y la lista empezaba por « un judío que no tiene esposa, o un judío que tiene esposa pero que no tiene ningún hijo.» La esterilidad era causa suficiente para el divorcio. Por tanto, no nos sorprendería que Zacarías, aun en este su gran día, estuviera pensando en su tragedia doméstica y personal y la tuviera presente en sus oraciones. Y entonces tuvo aquella maravillosa visión y recibió el gozoso mensaje de que, aunque ya había perdido toda esperanza, le nacería un hijo.

Se quemaba el incienso y se hacía la ofrenda en el atrio más interior del templo, el Atrio de los Sacerdotes. Mientras se ofrecía el sacrificio, la congregación se agolpaba en el siguiente atrio, el Atrio de los Israelitas. El sacerdote que había oficiado el sacrificio de la tarde tenía el privilegio de salir a la barandilla que separaba ambos atrios para bendecir desde allí a los presentes. La gente se sorprendía de que Zacarías se retrasara tanto. Cuando por fin apareció, no podía hablar, y la gente comprendió que había tenido una visión. Y así, en un deslumbramiento inefable de gozo Zacarías terminó su semana de servicio y se marchó a casa; y allí y entonces empezó a hacerse realidad el mensaje de Dios, y Elisabet se dio cuenta de que iba a tener un niño.

Hay un detalle que sobresale en este relato: fue en la casa de Dios donde Zacarías recibió el mensaje de Dios. Supongo que a todos nos gustaría recibir un mensaje de Dios. En el drama de Shaw Santa Juana, Juana de Arco oye voces que le vienen de Dios. El Delfín de Francia se enfurece, y le dice:

-¡Y venga con tus voces, tus voces! ¿Por qué no me vienen a mí esas voces? Yo soy el rey, no tú.

-Sí vienen a vos, pero no las oís -le respondía ella-. No os sentáis en los campos a la caída de la tarde a escucharlas. Cuando tocan al ángelus, os santiguáis, y eso es todo; pero si orarais de corazón y escucharais el vibrar de las campanas en el aire después que han dejado de tañer, oiríais las voces tanto como yo.

Es decir, que Juana se daba la oportunidad de escuchar la voz de Dios. Zacarías estaba en el templo sirviendo a Dios. La voz de Dios viene a los que le prestan atención, como Zacarías, en la casa de Dios.

EL MENSAJE DE DIOS A MARÍA

Lucas 1:26-38

A los seis meses, Dios envió al ángel Gabriel otra vez, ésta a un pueblo de Galilea que se llamaba Nazaret, a una joven que estaba prometida con José, que era descendiente de David. La joven se llamaba María.

El ángel se le apareció y le dijo:

-¡Se te saluda, a ti, que has sido agraciada con el más sublime favor de Dios! ¡El Señor está contigo, que eres la más bienaventurada de todas las mujeres!

Ella se quedó muy sorprendida, y no sabía a qué venía aquel saludo. Pero el ángel continuó diciéndole:

No tengas miedo, María. Dios te ha escogido para el mayor privilegio: vas a quedar embarazada y a tener un hijo al que llamarás Jesús. Será un gran hombre, y recibirá el título de Hijo del Altísimo. El SEÑOR le dará el trono de su antepasado David, y reinará sobre el Pueblo de Israel para siempre, porque su reinado no acabará jamás.

Entonces María le preguntó al ángel:

-Pero, ¿cómo me sucederá eso? ¡Si yo ni siquiera estoy casada todavía!

El ángel le contestó:

-Sobre ti descenderá el Espíritu Santo, y el Poder del Altísimo te cobijará con su sombra. Por eso el santo Niño que nacerá será reconocido como el Hijo de Dios. Tu pariente Elisabet también ha quedado embarazada en su ancianidad. Se decía que no podía tener hijos, pero ahora ya está de seis meses… ¡Es que no hay nada imposible para Dios!

-Yo soy la esclava del SEÑOR -respondió María sencillamente-. Que haga conmigo como ha dispuesto y tú me has dicho.

En eso el ángel desapareció.

María era la prometida de José. El compromiso matrimonial duraba un año, y era tan indisoluble como el matrimonio; sólo se podía romper por la muerte o por el divorcio. Si moría el hombre que estaba prometido con una mujer, ella era viuda a los ojos de la ley. En las leyes de los judíos encontramos a veces la extraña frase cuna virgen que es viuda».

En este pasaje nos encontramos frente a frente con una de las doctrinas más controvertidas de la fe cristiana: el nacimiento virginal de Jesús. Hay dos grandes razones para aceptarla.

(i) El sentido literal de este pasaje, y todavía más del de Mat_1:18-25 , no deja lugar a dudas de que Jesús nació de María sin la intervención de un padre humano.

(ii) Es natural aceptar que, puesto que Jesús fue una persona extraordinaria y absolutamente única, su entrada en el mundo también lo fue.

La sumisión de María es realmente encantadora. «Yo soy la esclava del SEÑOR -respondió María al ángel sencillamente-. Que haga conmigo como ha dispuesto y tú me has dicho.» Estaba dispuesta a aceptar lo que Dios decidiera. No hizo preguntas, ni puso condiciones; puesto que había sido Dios Quien lo había decidido, a Él le correspondía cuidarse de todos los detalles y resolver todos los problemas. La actitud de María fue la de una mujer creyente y obediente a la voluntad de Dios. Bien la definió su pariente Elisabet cuando le dijo: «¡Bendita seas por haber creído que se cumplirá lo que Dios te ha anunciado!» (Luk_1:45 ).

También es ejemplar la sencillez y la humildad con que María recibió el mensaje de Dios que había de transformar radicalmente su vida. No tenemos ni el más mínimo indicio de que se considerara digna de aquel honor, ni de que creyera merecer ningún trato especial de los hombres o de Dios por ser la madre del Mesías. Lejos de recluirse en algún lugar seguro, en el pasaje siguiente 1a veremos emprender un molesto viaje, sin duda para ir a ayudar a Elisabet en las molestias del embarazo en edad muy avanzada. Aquel extraordinario favor de Dios, la más grande bienaventuranza que podía recibir una mujer, le traería muchas pruebas, como la huida y el destierro, hasta la suprema de ver a su amado hijo en la cruz. Bien se lo anunciaría Simeón: «Y en cuanto a ti, una espada te atravesará el alma…» (Luk_2:35 ).

LA PARADOJA DE LA BIENAVENTURANZA

Lucas 1:39-45

En seguida María lo dispuso todo y se puso en camino a toda prisa hacia un pueblo de los montes de Judá. Cuando llegó a la casa de Zacarías, entró y saludó a Elisabet.

Cuando oyó Elisabet el saludo de María, el niño se le agitó en el vientre, y el Espíritu Santo inundó todo su ser, y ella rompió a decirle a María en alta voz:

-¡Bendita seas más que todas las demás mujeres, y bendito sea el Niño que vas a tener! ¿Cómo es que se me concede a mí este honor de que venga a verme la madre de mi Señor? Tan pronto como penetró tu saludo en mis oídos, mi niño se puso a saltar de alegría en mis entrañas. ¡Bendita seas por haber creído que se cumplirá lo que Dios te ha anunciado!

Esta es una maravillosa exposición lírica de la bienaventuranza de María. En ninguna vida se ve más clara que en la suya la paradoja de la bienaventuranza. A María se le concedió la bienaventuranza de ser la madre del Hijo de Dios. Bien podía llenársele el corazón de una alegría trémula y maravillada por tan gran privilegio. Y sin embargo, esa misma bienaventuranza iba a ser como una espada que le atravesara el corazón; porque conllevaba el destino de ver un día a ese hijo clavado en una cruz.

La elección de Dios quiere decir, a menudo y al mismo tiempo, una cotona de felicidad y una cruz de angustia. La inquietante realidad es que Dios no escoge a una persona para darle tranquilidad y comodidad y disfrute egoísta, sino para una misión que requerirá todo lo que la mente y el corazón y las fuerzas puedan dar de sí. Dios escoge a una persona para usarla. Cuando Juana de Arco se dio cuenta que le quedaba poco tiempo, le dijo a Dios: «Ya no voy a durar más que un año. Úsame como quieras.»

Cuando somos conscientes de esta verdad, los dolores y las dificultades que conlleva el servicio de Dios dejan de ser tema de Lamentaciones y se convierten en nuestra gloria, porque todo lo sufrimos por Dios.

Cuando los dragones de Cromwell apresaron al covenanter Richard Cameron, le mataron, y le cortaron las manos, que eran muy hermosas, y se las mandaron a su padre con una nota burlona en la que le preguntaban si las reconocía.

-Son las de mi hijo -dijo el padre-, las de mi amado hijo. Buena es la voluntad del Señor que nunca podrá dañarnos a mí ni a los míos.

Las sombras de la vida están iluminadas por el sentir de que también ellas están en el plan de Dios. Miguel de Unamuno acuñó una bendición muy suya: «¡Y Dios no te dé paz, y sí gloria!»

Un gran predicador moderno decía: «Jesucristo no vino para hacer la vida fácil, sino para hacer grandes a los hombres.»

La paradoja de la bendición consiste en que le confiere a una persona al mismo tiempo la mayor felicidad y la mayor tarea del mundo.

UN HIMNO MARAVILLOSO

Lucas 1:46-56

Entonces dijo María:

– Con toda mi alma proclamo la grandeza de Dios, y mi espíritu se deleita en mi Dios y Salvador;porque ha condescendido a fijarse en esta su sierva, aunque es tan humilde mi condición. Desde ahora en adelante todos los que han de nacer me tendrán por bienaventurada, porque el Todopoderoso ha hecho maravillas conmigo, ¡santo es su Nombre!

Su misericordia acompaña en todas las edades a los que le honran con temor reverente.

Con su diestra ha obrado maravillas: ha dispersado a los arrogantes con todos sus proyectos, ha arrojado de sus tronos a los poderosos, y ha exaltado a los humildes; ha saciado a los hambrientos con alimentos deliciosos, y ha despachado a los ricos con las manos vacías. Ha venido en ayuda de su siervo Israel. Ha cumplido la promesa que había hecho a nuestros antepasados, cuando se comprometió a no desentenderse en su misericordia de Abraham y de sus descendientes nunca jamás.

Y se quedó María con Elisabet unos tres meses, y luego se volvió a su casa.

Este pasaje se ha convertido en uno de los grandes himnos de la Iglesia, el Magníficat. Nos recuerda a los Salmos del Antiguo Testamento, y se parece especialmente al cántico de Ana, de 1Sa_2:1-10 . Alguien la dicho que «la religión es el opio del pueblo»; pero Stanley Jones ha dicho que «el Magníficat es el documento más revolucionario del mundo.» Habla de tres de las revoluciones de Dios.

(i) Ha dispersado a los arrogantes con todos sus proyectos. Esta es la revolución moral. El Evangelio es la muerte del orgullo. ¿Que por qué? Porque si uno coloca su vida al lado de la de Cristo, se le hacen añicos los últimos vestigios de orgullo.

A veces le sucede a uno algo que arroja una brillante y reveladora luz que le descubre su vergüenza. O. Henry cuenta en una historia corta lo que le pasa a un chico que se había criado en una aldea. En la escuelita se solía sentar al lado de una chica, y se gustaban. Luego él se fue a la ciudad y fue cayendo bajo. Se hizo carterista y ladronzuelo. Un día le dio el tirón a una anciana. Se le dio bien y se sentía satisfecho. Pero entonces vio bajar por la calle a la chica que había sido su compañera, que irradiaba el encanto de la inocencia. Y de pronto se vio a sí mismo tal como era de indigno y despreciable. Ardiendo de vergüenza apoyó la cabeza en el hierro frío de una lámpara de la calle, y se dijo: «¡Dios mío, quisiera morirme!» Se había visto a sí mismo.

Cristo hace que nos veamos a nosotros mismos. Eso le da el golpe de muerte al orgullo. Así empieza la revolución moral.

(ii) Ha arrojado de sus tronos a los poderosos, y ha exaltado a los humildes. Esta es la revolución social. El Evangelio pone fin a las etiquetas y al prestigio del mundo.

Mureto fue un filósofo ambulante de la Edad Media, y era muy pobre. Se puso enfermo en un pueblo de Italia, y le llevaron al hospital para vagabundos y desamparados. Los médicos estaban discutiendo su caso en latín, suponiendo que él no los entendía. Sugerían que, ya que se trataba de una persona tan despreciable, podían usarle para experimentos. Mureto levantó la mirada y les dijo en su propia lengua culta: «No llaméis despreciable a nadie por quien Cristo murió.»

Cuando nos damos cuenta de lo que Cristo hizo por todas las personas, ya no queda ninguna que podamos considerar despreciable. Las categorías sociales desaparecen.

(iii) Ha saciado a los hambrientos con alimentos deliciosos, y ha despachado a los ricos con las manos vacías. Esta es la revolución económica. Una sociedad no cristiana es una sociedad adquisitiva en la que cada cual va a acaparar todo lo que pueda. Una sociedad cristiana es aquella en la que nadie querría tener demasiado mientras otros tienen demasiado poco, en la que cada uno necesita tener sólo para poder dar.

El Magníficat tiene su propio encanto, pero hay dinamita en ese encanto. El Evangelio genera una revolución en cada persona, y en el mundo.

SE LLAMARÁ JUAN

Lucas 1:57-66

Cuando se le cumplió el tiempo para dar a luz, Elisabet tuvo un niño. Cuando se enteraron los vecinos y los parientes de la maravilla que Dios había hecho con ella, todos se alegraron mucho. Al octavo día llevaron a circuncidar al niño, y se daba por sentado que se llamaría Zacarías, como su padre. Pero la madre exclamó:

-¡No! Se tiene que llamar Juan.

-No hay nadie en vuestra familia que se llame así -le advirtieron los presentes, sorprendidos.

Entonces le hicieron señas al padre para preguntarle cómo quería que se llamara su hijo. Él pidió una pizarra y escribió: « Se llamará Juan.» Todos se sorprendieron aún más.

Al momento recuperó el uso de la palabra y se puso a alabar a Dios. Los vecinos reaccionaron con un temor reverente, y se corrió la voz de lo sucedido por toda la sierra de Judasa. Los que lo oían ya no lo podían olvidar; y se decían:

-¿Qué llegará a ser este niño? Porque no cabe duda de que Dios ha puesto su mano sobre él.

En Israel, el nacimiento de un niño era una ocasión festiva. Cuando se aproximaba la fecha, se reunían cerca de la casa los amigos y los músicos locales. Y cuando se anunciaba el nacimiento, si era niño, los músicos se ponían a tocar y a cantar, y todo el mundo se congratulaba y se ponía jubiloso. Si era una niña, los músicos se alejaban tristemente y en silencio. Según un dicho: «El nacimiento de un hijo varón produce alegría universal; pero el de una niña, universal tristeza.» Así es que en la casa de Elisabet había doble motivo de gozo: por fin había tenido un niño, y era varón.

A los ocho días de nacer se circuncidaba y se ponía nombre a los niños. A las chicas se les podía poner nombre en cualquier momento durante su primer mes de vida.

En Israel, los nombres eran descriptivos. Algunas veces recordaban algún detalle de su nacimiento, como en el caso de Esaú y Jacob Gen_25:25-26 ). Otras veces describían al bebé: Labán, por ejemplo, quiere decir blanco o rubio. A veces se le ponía el nombre del padre. A menudo el nombre describía la alegría de los padres: Samuel y Saúl, por ejemplo, querían decir pedido (a Dios). Otras veces el nombre era un testimonio de la fe de los padres: Elías, por ejemplo, quiere decir Jehová es mi Dios; en tiempos de culto a Baal, los padres de Elías confesaban su fe en el Dios verdadero.

Elisabet, para sorpresa de los presentes, dijo que su hijo se tenía que llamar Juan, y Zacarías también manifestó el mismo deseo. Juan es la forma breve de Yehojanán, que quiere decir regalo de Jehová, o Jehová es misericordioso. Era el nombre que Dios había dicho que se le pusiera al niño, y que describía la gratitud de los padres por tan precioso y ya inesperado regalo de Dios.

Todos los conocidos y los que se enteraban del maravilloso suceso se preguntaban: «¿Qué llegará a ser este niño?» Y es que cada niño es un racimo de posibilidades. Había un antiguo maestro latino que siempre hacía una profunda reverencia ante la clase antes de empezar la lección. Cuando le preguntaban por qué, él contestaba: «Porque nunca se sabe lo que uno de estos chavales va a llegar a ser.» El nacimiento de un niño en una familia representa dos cosas. La primera, es el más grande privilegio que se puede conceder a un hombre y a una mujer; algo por lo que hay que dar gracias a Dios. Segunda, es una de las más altas responsabilidades de la vida, porque ese niño es un racimo de posibilidades, y depende de los padres y de los maestros el que esas posibilidades se hagan o no realidad.

EL GOZO DE UN PADRE

Lucas 1:67-80

El Espíritu Santo inundó todo su ser, y Zacarías rompió a hablar con inspiración profética: -¡Bendito sea el SEÑOR, el Dios de Israel, que ha intervenido a favor de su pueblo para rescatarlo de una condición de esclavitud! De la dinastía de su siervo David ha suscitado un Campeón que nos salvara, como mucho tiempo ha, por las palabras de los santos profetas, había dicho que lo haría, cuando prometió librarnos de nuestros enemigos y del dominio de los que nos aborrecían, para cumplir la promesa misericordiosa que había hecho a nuestros antepasados, siendo fiel a su santo pacto. Esa promesa había jurado a nuestro padre Abraham: que nos rescataría del poder de nuestros enemigos y nos permitiría servirle, ya sin nada que temer, en santidad y bondad toda la vida. En cuanto a ti, niñito, recibirás el título de «Profeta del Altísimo», porque serás el precursor del Señor para preparar los caminos por donde Él pasará, y porque será tu misión decirle a su pueblo cómo puede alcanzar la salvación y el perdón de sus pecados por la profunda compasión de nuestro Dios que ha enviado del Cielo generosamente la aurora para que nos amaneciera, trayendo luz a los que morábamos en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pasos por el camino que conduce a la paz.

El niño creció y se desarrolló física y espiritualmente; y vivió en lugares desiertos hasta que llegó el día en que se manifestó a Israel.

Zacarías tuvo una gran visión de la misión de su hijo. Le reconoció como el profeta y precursor que había de preparar el camino del Señor. Todos los judíos devotos esperaban y anhelaban el día en que había de venir el Mesías, el Rey ungido por Dios. La mayor parte de ellos creían que, antes de que viniera, un precursor anunciaría su llegada y le prepararía el camino. La creencia más general era que Elías volvería a la Tierra con esta misión (Mal_4:5 ). Zacarías vio en su hijo al que prepararía el camino para el Rey ungido por Dios.

Los versículos 75-77 nos dan una gran descripción del camino del Evangelio:

(i) La preparación. Todo en la vida es una preparación que nos conduce a Cristo. Cuando Walter Scott era joven, su sueño era ser soldado. Pero tuvo un accidente que le dejó ligeramente cojo, por lo que tuvo que renunciar a ese sueño. Se aficionó a leer viejas historias y novelas escocesas, y así llegó a ser uno de los más grandes novelistas de la literatura universal. De 61 dijo un vejete: «Se estaba haciendo a sí mismo todo el tiempo; pero no sabía, puede, por dónde tiraría hasta que pasaron los años.» En la vida Dios está haciendo que todo contribuya a llevarnos a Cristo.

(ii) El conocimiento. La pura verdad es que nadie sabía cómo es Dios hasta que vino Jesús a decírnoslo. Los griegos hablaban de un dios impasible, por encima de la alegría y del dolor, observando a los humanos con tranquila indiferencia. No se esperaba su ayuda. Los judíos tenían un Dios exigente, que imponía una ley y cuya función era la del juez. Aquello no producía más que terror. Jesús vino para decirnos que Dios es amor, y la gente sólo podía decir con sorpresa y encanto: «¡Nunca nos habríamos imaginado que Dios era así!» Uno de los grandes propósitos de la Encarnación fue traer a la humanidad el conocimiento de Dios.

(iii) El perdón. Una cosa debemos tener clara a este respecto: no se trata tanto de remitir el castigo como de restablecer la relación. Nada nos puede librar de ciertas consecuencias de nuestros pecados. No se puede retrasar el reloj, pero el alejamiento de Dios se convierte en amistad, el Dios distante se hace cercano, y el Dios temido es ahora el Dios que nos ama.

(iv) Andar por los caminos de la paz. Paz en hebreo no quiere decir solamente ausencia de guerra, sino todo lo que comprende el sumo bien del hombre. Y por medio de Cristo se le capacita al hombre- para andar por los caminos que conducen a todo lo que significa vida, y ya no a todo lo que significa muerte.

Lucas 1:1-80

1.1, 2 Lucas nos narra la historia de Jesús desde una perspectiva única como gentil, médico y el primer historiador de la iglesia primitiva. Lucas no fue un testigo ocular del ministerio de Jesús, sin embargo, le interesa que los hechos se preserven con exactitud y que los fundamentos de la fe cristiana se trasmitan intactos a la siguiente generación. En el Evangelio de Lucas hay varias de las parábolas de Jesús. Además, más que en ningún otro Evangelio, da ejemplos específicos de la preocupación de Jesús por la mujer.

1.1-4 Muchos tenían tal vivo interés por Jesús que relataron por escrito sus experiencias personales con El. Lucas quizás usó esos relatos y todos los demás medios disponibles como material para una precisa y completa narración de la vida, enseñanzas y ministerio de Jesús. Debido a que la verdad era tan importante para Lucas, confió plenamente en los relatos de testigos presenciales. El cristianismo no dice: «Cierra tus ojos y cree», más bien dice: «Descúbrelo». La Biblia le anima a investigar todos sus mensajes (Joh_1:46; Joh_21:24; Act_17:11-12), porque sus conclusiones acerca de Jesús son asunto de vida o muerte.

1.3 Una traducción del nombre Teófilo es «amado de Dios». El libro de Hechos, escrito también por Lucas, comienza de la misma manera. Este prefacio quizás sea una dedicatoria general a los lectores cristianos. Teófilo, el patrón de Lucas, fue el que ayudó a financiar la elaboración del libro. Más aún, fue un romano conocido de Lucas muy interesado en la nueva religión cristiana.

1.3, 4 Como doctor en medicina, Lucas sabía la importancia de ser minucioso. Usó sus habilidades en la observación y análisis para investigar las historias relacionadas con Jesús. ¿Cuál es su diagnóstico? ¡El evangelio de Jesucristo es verdad! Usted puede leer los relatos acerca de Jesús con la confianza de que se han escrito con una mente clara y una investigación completa. Debido a que el evangelio está fundado sobre una verdad histórica, nuestro crecimiento espiritual debe incluir diligencia, disciplina, completa investigación de la Palabra de Dios y además de comprender cómo Dios ha actuado a través de la historia. Si esta clase de estudio no forma parte de su vida, busque a un pastor, profesor o libro que le ayude a empezar y le guíe en esta importante parte de su crecimiento cristiano.

1.5 Este fue Herodes el Grande, a quien el senado romano ratificó como rey de los judíos. Como era medio judío y deseoso de complacer a sus superiores romanos, expandió y embelleció el templo de Jerusalén, pero puso un águila sobre la entrada. Cuando ayudó a los judíos, lo hizo con propósitos políticos y no porque le interesara su Dios. Herodes el Grande ordenó más tarde una matanza de niños con el intento fútil de dar muerte al niño Jesús, al que se le llamó el nuevo «rey de los judíos» (Mat_2:16-18).

1.5 Un sacerdote judío era un ministro que laboraba en el templo y administraba su mantenimiento; enseñaba a las personas la Palabra de Dios y dirigía los servicios de adoración. En ese tiempo hubo cerca de veinte mil sacerdotes a través del país, más que suficiente para ministrar en el templo. A los sacerdotes los dividieron en veinticuatro grupos de aproximadamente mil cada uno, de acuerdo a las instrucciones del rey David (1Ch_24:3-19).
Zacarías era de la clase de Abías que oficiaba en esa semana en particular. Cada mañana un sacerdote entraba al templo para quemar el incienso. Se sorteaban para decidir quién entraría al Lugar Santo y un día la suerte recayó en Zacarías. Pero no fue por suerte que Zacarías estuviera ocupado y que le escogieran para entrar en el Lugar Santo ese día, oportunidad que se daba una sola vez en la vida. Dios guiaba los acontecimientos de la historia al preparar el camino para la venida de Jesús a la tierra.

1.6 A Zacarías y Elisabet no los motivaron solo los impulsos de seguir las leyes de Dios, sino que respaldaron su posición con obediencia profunda. Obedecer en espíritu significa entender las intenciones de Dios, acatar, antes que distorsionar, sus propósitos al seguir la letra de la Ley solamente. No como los líderes religiosos a los que Jesús denominó hipócritas. Zacarías y Elisabet no se detuvieron en la letra de la Ley. Su obediencia fue de corazón y por eso los llamaron «justos delante de Dios».

1.9 El incienso se quemaba en el templo dos veces al día. Cuando el pueblo veía el humo del incienso quemado, oraba. El humo que ascendía a los cielos simbolizaba las oraciones que subían al trono de Dios.

1.11, 12 Los ángeles son seres espirituales que viven en la presencia de Dios y cumplen sus deseos. Solo dos se mencionan por nombre en la Escritura: Miguel y Gabriel, pero hubo muchos que actuaron como mensajeros de Dios.
Aquí, Gabriel (1.19) le da un mensaje especial a Zacarías. Este no fue un sueño ni una visión. El ángel apareció en forma visible y habló al sacerdote con palabras audibles.

ZACARIAS

A Zacarías se le dijo antes que a cualquier otra persona que Dios estaba haciendo los preparativos de su visita a la tierra. Zacarías y su esposa, Elisabet, eran conocidos por su santidad personal. Eran la pareja ideal para una tarea especial para Dios. Tenían la tristeza de no tener hijos. Los judíos veían esto como una prueba de que no contaban con la bendición de Dios. Zacarías y su esposa eran de edad avanzada y ya estaban resignados a no tener hijos.

Este viaje al templo de Jerusalén tenía reservado para Zacarías una bendición inesperada. Lo escogieron para ser el sacerdote que entraría en el Lugar Santo a fin de ofrecer incienso a Dios por el pueblo. De pronto, para su gran sorpresa y temor, se vio cara a cara con un ángel. ¡El mensaje del ángel era demasiado bueno para ser cierto! Sin embargo, Zacarías no reaccionó tanto por las nuevas del Salvador venidero como por las dudas acerca de su capacidad para ser padre del niño que el ángel le prometía. Su edad parecía tener más consecuencias que la promesa de Dios. Como resultado, Dios le privó a Zacarías del habla hasta el cumplimiento de la promesa.

La oración profética de Lucas 1 es la última imagen que tenemos de él. Como en el caso de muchos siervos fieles de Dios, pasó en silencio por la escena de la cual formó parte una vez cumplido su cometido. Es nuestro héroe en los momentos en que dudamos de Dios y a la vez queremos obedecerlo. La historia de Zacarías nos ofrece la esperanza de que Dios puede hacer grandes cosas a través de uno cuando estamos dispuestos a someternos.

Puntos fuertes y logros :

—    Era un hombre justo
—    Fue un sacerdote de Dios
—    Una de las pocas personas que un ángel visitó directamente
—    Padre de Juan el Bautista

Debilidades y errores :

—    De momento dudó de la promesa del ángel de que tendría un hijo, debido a su edad avanzada.

Lecciones de su vida :

—    Los impedimentos físicos no limitan a Dios
—    A veces Dios cumple su voluntad en formas inesperadas

Datos generales :

—    Ocupación: Sacerdote
—    Familiares: Esposa: Elisabet. Hijo: Juan el Bautista

Versículos clave :

«Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor. Pero no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran ya de edad avanzada» (Luk_1:6-7).
La historia de Zacarías se narra en Lucas 1.

1.13 Zacarías, mientras ofrecía el incienso en el altar, también oraba quizás por un hijo o por la venida del Mesías. De cualquier modo, Dios respondió su oración. Pronto tendría un hijo que prepararía el camino al Mesías. Dios responde las oraciones a su manera y en su tiempo. Obró en una situación «imposible», la esposa de Zacarías era estéril, a fin de cumplir con todas las profecías relacionadas con el Mesías. Si queremos que nuestras oraciones reciban respuesta, debemos ser receptivos a lo que Dios puede hacer en situaciones imposibles. Y debemos esperar que obre a su manera y en su tiempo.

1.13 Juan significa «el Señor es bondadoso» y Jesús significa «el Señor salva». Ambos nombres los puso Dios, no los escogieron los familiares. A través de los Evangelios vemos que Dios obra con bondad y salva a su pueblo. No rechaza a nadie que se le acerque con sinceridad.

1.15 Dios seleccionó a Juan para un servicio especial. Tal vez se le prohibió beber, como parte del voto de nazareo, un voto antiguo de consagración a Dios (véase Num_6:1-8). Sansón (Jueces 13) estuvo bajo este voto y Samuel también (1Sa_1:11).

1.15 Esta es la primera mención de Lucas sobre el Espíritu Santo, la tercera persona de la Trinidad. Lucas se refiere al Espíritu Santo más que los otros escritores de los Evangelios. Debido a que también escribió el libro de Hechos, sabemos que le informaron minuciosamente acerca de la obra del Espíritu Santo. Lucas reconoció y enfatizó la obra del Espíritu Santo en relación a la fundación de la cristiandad y su dirección en la iglesia primitiva. La presencia del Espíritu Santo es el regalo de Dios para toda la Iglesia en Pentecostés. Con anterioridad, el Espíritu Santo se otorgaba solo en tareas especiales. Nosotros necesitamos la ayuda del Espíritu Santo para un trabajo eficaz.

1.17 El papel de Juan era ser casi semejante al profeta del Antiguo Testamento: motivar a las personas a alejarse del pecado y volver a Dios. A menudo se le compara con el gran profeta Elías, conocido por oponerse a las leyes corruptas (Mal_4:5; Mat_11:14; Mat_17:10-13). Si desea más información acerca de Elías, véase su perfil en 1 Reyes 18.

1.17 En la preparación del pueblo para la venida del Mesías, Juan pudo hacer «trasplantes de corazón». Cambió corazones endurecidos de los adultos por corazones blandos como los de los niños: dóciles, confiados y abiertos al cambio. (Véanse Eze_11:19-20 y 36.25-29 para ampliar la idea de «trasplantes de corazón».) ¿Es usted receptivo a Dios como debiera? ¿O necesita un cambio de corazón?

1.18 Cuando se le dijo que iba a tener un hijo, Zacarías dudó de la palabra del ángel. Desde su perspectiva humana, sus dudas eran comprensibles, pero con Dios todo es posible. A pesar de que Zacarías y Elisabet ya no tenían edad para procrear, Dios les dio un hijo. Es muy fácil dudar o no entender lo que Dios quiere hacer en nuestras vidas. Aun el pueblo de Dios, a veces, comete el error de confiar en su razonamiento o experiencia antes que en Dios. Cuando nos sintamos tentados a pensar que alguna de las promesas de Dios es imposible, debiéramos recordar su trabajo meticuloso a través de la historia. A El no lo atan nuestras perspectivas estrechas ni las limitaciones humanas. Confíe plenamente en El.

1.20 Zacarías dedujo que era increíble que él y su esposa, a tal edad, pudieran tener hijos. Pero lo que Dios promete, lo da. ¡Y El entrega a tiempo! Usted puede estar seguro de que Dios cumplirá su promesa. Quizás no sea al día siguiente, pero lo será en el tiempo apropiado. Si está esperando que Dios le conteste alguna petición o supla alguna necesidad, sea paciente. No importa cuán imposibles parezcan las promesas de Dios, las cosas que El dijo en su Palabra serán una realidad a su tiempo.

1.21 Como era costumbre, la gente esperaba afuera a que Zacarías saliera y le bendijera según la bendición de Num_6:22-27.

1.25 Zacarías y Elisabet eran personas fieles y aun así sufrían. En ese entonces, algunos judíos no creían en la resurrección corporal, de modo que su esperanza de inmortalidad estaba en sus hijos. Además, hijos bajo el cuidado de padres en edad avanzada, agregaban bienestar y posición social a la familia. Los hijos se consideraban una bendición, no tenerlos era una maldición. Zacarías y Elisabet no habían tenido hijos por muchos años y ahora estaban demasiado viejos para esperar algún cambio en su situación. Se sentían humillados y sin esperanza. Pero Dios esperaba el tiempo apropiado para bendecirlos y alejar su desgracia.

1.26 Gabriel no solo le apareció a Zacarías y a María, sino también al profeta Daniel más de quinientos años antes (Dan_8:15-17; Dan_9:21). Cada vez que aparecía, traía mensajes importantes de Dios.

1.26 Nazaret, pueblo de José y María, estaba lejos de Jerusalén, centro de vida y adoración judías. Localizada en la ruta más transitada, visitada a menudo por mercaderes gentiles y soldados romanos. De ahí que su reputación estaba empañada entre los judíos (Joh_1:46). Jesús nació en Belén, pero creció en Nazaret. ¡Quién iba a pensar que la gente de Nazaret lo rechazaría como el Mesías! (Joh_4:22-30).

1.27, 28 María era joven, pobre y mujer, características que para la gente de su tiempo la convertía en incapaz de que Dios la usara en tareas importantes. Pero Dios escogió a María para uno de los actos más grandes de obediencia que jamás haya demandado de alguien. Quizás usted considere que su capacidad, experiencia o educación lo hacen un mal candidato para el servicio de Dios. No limite la elección de Dios. Puede usarlo si confía en El.

1.30, 31 La bendición de Dios no trae consigo éxito, fama ni favor automáticos. Su bendición sobre María, el honor de ser la madre del Mesías, le produciría mucho dolor: sus parientes se burlarían de ella; su prometido estaría a punto de dejarla; rechazarían y matarían a su hijo. Pero a través de su Hijo vendría la única esperanza del mundo y por eso a María la alabarían todas las generaciones porque halló «gracia delante de Dios». Su sumisión condujo a nuestra salvación. Si su bendición le acarrea tristezas, piense en María y espere con paciencia que Dios acabe el plan en el que trabaja.

1.31-33 Jesús, una forma griega de la palabra hebrea Josué, era un nombre común que significa «el Señor salva». Así como Josué guió a Israel hacia la tierra prometida (véase Jos_1:2), también Jesús guía a su pueblo hacia la vida eterna. El simbolismo de su nombre no se perdió en el pueblo de su tiempo, que tomó los nombres con seriedad y vio en ellos una fuente de poder. En el nombre de Jesús se sanó, se echaron fuera demonios y se perdonaron pecados.

1.32, 33 Siglos antes, Dios prometió a David que su reino sería para siempre (2Sa_7:16). Esta promesa se cumplió en la venida de Jesús, un descendiente directo de David, cuyo reinado continuará por la eternidad.

1.34 El nacimiento de Jesús de una virgen es un milagro que a muchos les resulta difícil aceptar. Estos tres hechos pueden ayudar nuestra fe: (1) Lucas era médico y sabía muy bien cómo se forman los bebés. Sería muy difícil creer en un nacimiento virginal como lo es para nosotros, pero sin embargo lo escribe como un hecho. (2) Lucas era un afanoso investigador que basó su Evangelio en informes de testigos presenciales. La tradición dice que habló con María relacionados con los hechos de los dos primeros capítulos. Esta es su historia, no una ficción. (3) Cristianos y judíos, que adoran a Dios como Creador del universo, debieran creer que El tiene poder para crear un niño en el vientre materno.

1.35 Jesús nació sin el pecado que entró en el mundo mediante Adán. Nació santo, justo; como Adán, fue creado sin pecado. En contraste con Adán, que desobedeció a Dios, Jesús obedeció y está en condiciones de ser nuestro sustituto para librarnos de las consecuencias del pecado y lograr que seamos aceptos de Dios (Rom_5:14-19).

1.38 Una joven soltera encinta se arriesgaba al desastre. A menos que el padre de la criatura aceptara casarse con ella, había la posibilidad de que quedara sola para toda la vida. Si su padre la rechazaba, podría verse forzada a mendigar o prostituirse a fin de sobrevivir. Y María, con su historia de estar encinta por obra del Espíritu Santo, se arriesgaba también a que la consideraran demente. Con todo y a pesar de los posibles riesgos, María dice: «Hágase conmigo conforme a tu palabra». Cuando María lo afirmó, no se imaginaba la tremenda bendición que recibiría. Solo sabía que Dios le pedía que le sirviera y estaba deseosa de hacerlo. No espere ver qué bendición tendrá antes de ofrecerle su vida a Dios. Ofrézcase de buena gana, aun cuando los resultados de hacerlo parezcan desastrosos.

1.38 A través de las Escrituras vemos que el anuncio del nacimiento de una criatura provocaba diferentes reacciones. Sara, la esposa de Abraham, se rió (Gen_18:9-15). Zacarías dudó (Luk_1:18). Por contraste, María se sometió. Creyó las palabras del ángel y estuvo de acuerdo en tener al bebé, aunque fuera en circunstancias humanamente imposibles. Dios está dispuesto a hacer lo imposible. Nuestra respuesta a sus demandas no debiera motivar risa, temor ni duda, sino aceptación de buena voluntad.

1.41-43 Al parecer, el Espíritu Santo dijo a Elisabet que el hijo de María sería el Mesías, lo suponemos porque Elisabet al saludar a su joven parienta la llama «la madre de mi Señor». Al apresurarse para visitar a su parienta, María debió estar preguntándose si los acontecimientos de los días recientes serían reales. El saludo de Elisabet debió haber solidificado su fe. El embarazo de María pudo haber parecido imposible, pero su parienta sabia y anciana creyó y se regocijó.

1.42, 43 A pesar de que ella misma gestaba el tan esperado bebé, Elisabet pudo haber envidiado a María, cuyo hijo sería mucho más importante que el de ella; pero al contrario, estaba llena de alegría porque la madre de su Señor pudiera visitarla. ¿Ha envidiado a alguien que Dios, al parecer, distinguió para una bendición especial? Un remedio para el celo es regocijarse con esa persona, razonar que Dios usa a su gente y busca a aquel que encaje mejor en su propósito.

1.46-55 Este cántico a menudo se le llama el Magnificat, la primera palabra en la traducción del latín de este pasaje. Se usa mucho como base para música coral e himnos. Como Ana, la madre de Samuel (1Sa_2:1-10), María glorificó a Dios en un cántico por lo que El iba a hacer en favor del mundo a través de ella. Nótelo en ambos cánticos, Dios se describe como un defensor de los pobres, oprimidos y despreciados.

1.48 ¿Mostraba orgullo María cuando dijo: «Me dirán bienaventurada todas las generaciones»? No, ella reconocía y aceptaba el don que Dios le dio. Si María hubiera negado su posición increíble, manifestaría tener en poco la bendición de Dios. El orgullo es negarse a aceptar los dones de Dios, la humildad es aceptarlos y usarlos para alabarlo y servirlo. No niegue sus dones. Dé gracias a Dios por ellos y úselos para glorificarlo.

1.54, 55 Dios guardó la promesa que le hizo a Abraham de ser misericordioso con su pueblo por siempre (Gen_22:16-18). El nacimiento de Cristo cumplió la promesa y María así lo entendió. No se sorprendió cuando su especial Hijo, al final anunció que era el Mesías. Conocía su misión aun antes de que El naciera. Algunas de las promesas de Dios dadas a Israel se hallan en 2Sa_22:50-51; Psa_89:2-4; Psa_103:17-18; Mic_7:18-20.

1.56 Debido a la dificultad de los viajes, las visitas prolongadas eran las normales. María debió haber sido de gran ayuda para Elisabet que experimentó las dificultades de un primer embarazo a su edad avanzada.

1.59 La ceremonia de circuncisión era un acontecimiento importante en la familia de un niño judío. Dios lo instituyó cuando comenzó a formar su nación santa (Gen_17:4-14) y lo reafirmó mediante Moisés (Lev_12:1-3). Todavía se practica hoy en los hogares judíos. Es un día de alegría cuando amigos y miembros de la familia celebran el advenimiento de un bebé que llega a ser parte del pacto de Dios con Israel.

1.59 La línea familiar y los nombres eran importantes para los judíos. La gente supuso con naturalidad que la criatura quizás no recibiría el nombre de Zacarías, pero al menos uno de la familia. Por eso se sorprendieron de que Elisabet y Zacarías desearan ponerle el nombre de Juan, como el ángel les dijo (véase 1.13).

1.62 Los familiares de Zacarías le hablaron mediante gestos porque al parecer estaba totalmente sordo, así como mudo, y no oyó lo que su esposa le dijo.

1.67-79 Zacarías alabó a Dios con sus primeras palabras después de meses de silencio. En un cántico a menudo llamado el Benedictus según las primeras palabras en la traducción latina del pasaje, Zacarías profetizó la venida de un Salvador que redimiría a su pueblo y predijo que su hijo Juan prepararía el camino del Mesías. Todas las profecías del Antiguo Testamento se concretaban. ¡Con razón Zacarías alabó a Dios! El Mesías vendría a su tiempo y escogieron a Juan para preparar el camino.

1.71 Los judíos esperaban con ansiedad al Mesías, pero pensaban que vendría para salvarlos del poder del Imperio Romano. Aguardaban a un Salvador militar y no a un Mesías de paz que venciera el pecado.

1.72, 73 La promesa de Dios a Abraham fue bendecir a todas las naciones a través de él (véase Gen_12:3). Esto se cumpliría mediante el Mesías, descendiente de Abraham.

1.76 Zacarías evocó cientos de años de la obra soberana de Dios en la historia, comenzando con Abraham y continuando por la eternidad. Luego, en un contraste tierno, personaliza la historia. Se escogió a su hijo para cumplir un rol especial en el drama de las edades. A pesar de poseer poderes ilimitados, Dios decidió obrar mediante humanos frágiles que empiezan como bebés. No minimice lo que Dios puede hacer a través de quienes confían en El.

1.80 ¿Por qué Juan vivió en el desierto? Los profetas buscaban la soledad del desierto para mejorar su crecimiento espiritual y enfocar su mensaje en Dios. Al estar en el desierto, Juan mostró su separación de los poderes económicos y políticos de modo que pudo dirigir su mensaje en su contra. También muestra su separación de los líderes religiosos hipócritas de su día. Su mensaje era diferente al de ellos y su vida lo

Lucas 1:1-4

El Evangelio de San Lucas contiene muchos incidentes y enseñanzas importantes que no se encuentran en los otros tres Evangelios. Tales son, por ejemplo, la historia de Zacarías é Isabel, la de la anunciación del ángel a la Virgen María, y en breve, todo lo que contienen los dos primeros capítulos. Tales, también, como la narración de la conversión de Zaqueo, y la del ladrón arrepentido, la jornada a Emmaús, y las famosas parábolas del Fariseo y el Publicano, del Rico y Lázaro, y del Hijo Pródigo. Partes son estas de la Escritura por cuya revelación todo cristiano bien instruido siente especial agradecimiento. De ellas somos deudores al Evangelio de San Lucas.

El corto prólogo que dejamos arriba trascrito es una peculiaridad del Evangelio de San Lucas. Pero examinándolo detenidamente, hallaremos que está lleno de la más útil instrucción.

En primer lugar, San Lucas nos hace un bosquejo breve, pero importante de la naturaleza del Evangelio. El lo llama, «la historia de las cosas que entre nosotros han sido del todo certificadas.» Es una narración de hechos referentes a Jesucristo.

El Cristianismo es una religión erigida sobre el cimiento de los hechos. Jamás perdamos esto de vista. Bajo esta forma fue que se presentó en su origen a la contemplación del género humano. Los primeros predicadores no iban de lugar en lugar proclamando un sistema complicado é ingenioso de doctrinas abstrusas, o de principios profundos. Se ocuparon exclusivamente en referir a los hombres hechos grandes y a la vez sencillos. Iban por todas partes anunciando a un mundo infiel que el Hijo de Dios había bajado a la tierra, y había vivido y muerto por nosotros, y después resucitado. El Evangelio era al principio mucho mas sencillo que lo que hoy se enseña por muchos como tal No era ni mas ni menos que la historia de Cristo.

Aspiremos pues a mayor sencillez en nuestra religión individual. Que Cristo y su Pasión formen el sol de nuestro sistema, y que el deseo más vehemente de nuestras almas sea conocerle mejor cada día y vivir alimentados de la fe en él. Tal fue el Cristianismo de San Pablo. «Para mí el vivir es Cristo.» Filip. 1 : 21.

San Lucas bosqueja, en segundo lugar, un hermoso cuadro de la verdadera posición que los apóstoles ocupaban en la primitiva iglesia. Los llama « testigos de vista y ministros de la palabra..

En esta expresión se nota una humildad que bien puede servir de ejemplo. Hay absoluta carencia de ese tono de exaltación humana, que con tanta frecuencia se ha deslizado en la iglesia. San Lucas no da a los apóstoles títulos halagüeños. No excusa en lo más mínimo a los que se refieren a ellos con veneración idólatra, en consideración a su ministerio y a su intimidad con nuestro Señor.

él los describe como «testigos de vista.» Decían a los hombres lo que habían visto con sus ojos y oído con sus oídos. 1 Juan 1.1. Los describe como «ministros de la palabra.» Eran siervos de la palabra evangélica. Hombres que reputaban como su mas alta prerrogativa llevar de una parte a otra, en calidad de mensajeros, las buenas nuevas del amor de Dios hacia un mundo pecador, y referir la historia de la cruz.

Habría sido un bien para la iglesia y para el mundo, si los ministros Cristianos nunca hubieran pretendido revestirse de dignidad y honores mas altos de los que los apóstoles exigieron para ellos mismos. Es un hecho lamentable, que hombres que han recibido las órdenes sagradas se hayan ensalzado a sí mismos y hayan elevado su ministerio a una posición para la cual las Escrituras no dan derecho. No es menos lamentable, que el pueblo con su anuencia pasiva a las exigencias injustas del clero haya coadyuvado a que continúe el mal, y contentándose con una religión practicada por medio de agentes o delegados. Ha habido faltas de ambas partes. Recordemos esto, y pongámonos alerta.

En tercer lugar, San Lucas se refiere a si propia aptitud para la empresa de escribir el Evangelio. él dice, que «había entendido todas las cosas desde el principio con diligencia..

Inútil seria investigar de donde obtuvo San Lucas los datos que nos ha trasmitido en su Evangelio. No tenemos razón fundada para suponer que presenció los milagros de nuestro Señor, o lo oyó enseñar. Decir que obtuvo dichos datos de la Virgen María, o de alguno de los apóstoles, no pasa de ser una mera conjetura. Bástanos saber que San Lucas escribió inspirado por Dios. Por lo que hace a los medios ordinarios de adquirir los informes necesarios no hay duda que él no los despreció. Mas el Espíritu Santo lo guió, no menos que a todos los otros escritores de la Biblia, en la elección y disposición de la materia; de manera que lo que San Lucas escribió no ha de leerse como la « palabra del hombre,» sino como la «palabra de Dios.» 1Th_2:13.

Mantengámonos firmes en la doctrina sublime de la inspiración le todos los libros de la Biblia. No concedamos jamás que escritor alguno del Antiguo o del Nuevo Testamento pudo cometer equivocaciones o errores cuando escribía, « siendo inspirado por el Espíritu-Santo.» 2Pe_1:21. Que al leer la Biblia, nuestra firme convicción sea que si no podemos comprender un pasaje, o conciliarlo con algún otro, esto consiste no en defecto del libro sino en ignorancia nuestra. Al adoptar este principio asentarnos los pies sobre una roca. Al abandonarlo, los asentamos sobre arena movediza, y llenamos nuestras mentes de dudas é incertidumbres interminables.

Finalmente, San Lucas nos dice cual fue el principal objeto que lo movió a escribir su Evangelio. Fue, para que Teófilo «conociera la verdad de las cosas en las cuales había sido enseñado,» Este texto no da apoyo a los que tienen fe en las tradiciones verbales, y en los preceptos de la iglesia. San Lucas sabía bien cuan débil oí la memoria humana, y cuan fácilmente una historia cambia su forma original ya por medio de adiciones ya por medio de alteraciones, cuando pasa de boca en boca. Por esta razón ¿qué hace? tiene cuidado de escribir.

Tampoco encuentran apoyo en estas palabras de San Lucas los que se oponen a la difusión de los conocimientos religiosos, y llaman a la ignorancia «madre de la devoción.» San Lucas no quiere que su amigo permanezca en duda respecto a materia alguna de su fe. Le dice que quiere que « conozca la verdad de las cosas de las cuales había sido enseñado..

Concluyamos el pasaje manifestándonos agradecidos de haber recibido la Biblia. Bendigamos a Dios todos los días, porque no nos ha dejado a merced de las tradiciones humanas, y porque no estamos obligados a dejarnos extraviar por los errores de nuestros guías espirituales. Tenemos un volumen escrito que «puede hacernos sabios para la salud, por medio de la fe que es en Cristo Jesús.» 2Ti_3:15.

Comencemos el Evangelio de San Lucas animados del deseo ardiente de instruirnos más de la verdad cual está en Jesús, y de todo corazón resolvamos hacer cuanto estuviere a nuestro alcance a fin de extender el conocimiento de esta verdad por todo el mundo.

Lucas 1:5-12

El primer acontecimiento que se registra en el Evangelio de San Lucas, es la aparición repentina de un ángel a un sacerdote Judío, llamado Zacarías. El ángel le anuncia que ha de nacerle un hijo, mediante una intervención milagrosa, y que este ha de ser el precursor del Mesías prometido. La palabra de Dios había predicho claramente, que cuando el Mesías viniese, alguno iría delante de él para preparar el camino. Mal_3:1. La sabiduría de Dios dispuso que, llegado el tiempo, este precursor naciera de la familia de un sacerdote.

En el presente período del mundo no podemos formar sino una idea muy limitada de la importancia inmensa de la predicción del ángel Para el judío piadoso, debió haber sido una nueva de gran gozo. Fue la primera comunicación que Dios hizo a Israel desde los días de Malaquías. Con ella rompió un silencio de cuatrocientos años, y anunció al Israelita creyente, que las «semanas» proféticas de Daniel iban al fin a cumplirse. Dan. 9.25. La promesa mas importante que Dios jamás haya hecho iba a llevarse a cabo, y estaba para aparecer la «simiente» en la cual todas las naciones de la tierra serian benditas. Gen. 22.18. Es menester ponernos mentalmente en la posición de Zacarías, para dar a estos versículos su debido valor.

Nótese, por una parte, en este pasaje, el tributo de encomio que se da al carácter de Zacarías é Isabel. Se nos refiere que «ambos eran justos delante de Dios, andando en todos los mandamientos y estatutos del Señor sin reprensión..

Importa poco si interpretamos esta «rectitud» como la que se imputa a todos los creyentes para su justificación, o como la que se opera interiormente en los creyentes por obra del Espíritu Santo para su santificación. Los dos géneros de rectitud nunca están separados. No hay ningunos justificados que no sean santificados, y no hay ningunos santificados que no sean justificados. Nos es suficiente saber que Zacarías é Isabel poseían la gracia divina en un tiempo en que era muy rara, y que cumplían escrupulosamente con todos los ritos gravosos de la ley ceremonial, cuando pocos Israelitas hacían caso de ellos, excepto en lo tocante a la forma.

El punto principal que a todos nos concierne, es el ejemplo que estos dos esposos presentan al cristiano. Esforcémonos en servir fielmente a Dios, y en vivir, como ellos, en completo acuerdo con la luz que hayamos recibido. No olvidemos esas sencillas palabras de la Escritura: « El que practica la justicia es justo.»Felices son aquellas familias Cristianas de las cuales se puede decir que tanto el esposo como la esposa son justos, y que procuran mantener su conciencia libre de ofensa hacia Dios y hacia los hombres. Act_24:16.

Notemos, por otra parte, en este pasaje, la dura prueba que plugo a Dios sufriesen Zacarías é Isabel. Se nos dice que «no tenían hijos.» Difícilmente podrá comprender el cristiano de nuestros tiempos toda la fuerza de estas palabras. Para un judío de aquella época indicaban una aflicción muy gravosa. Vivir sin hijos era uno de los pesares más amargos. 1 Sam. 1.10.

La gracia de Dios no exime a ninguno de aflicción. «Justos» como eran este santo sacerdote y su esposa, no estaban libres de pesares. Acordémonos de esto, si servimos a Cristo: no consideremos la tribulación como algo extraordinario o anormal Convenzámonos más bien que la mano de la sabiduría perfecta nos distribuye lo que nos conviene, y que cuando Dios nos castiga, es para que «participemos de su santidad.» Heb. 12.10. Si las aflicciones nos acercan más a Cristo, y aumentan nuestra afición hacia la Biblia y la oración, son favores positivos que el cielo nos concede. Tal vez ahora no pensemos así; pero así pensaremos cuando despertemos en el otro mundo.

Notemos, también, en este pasaje, el medio por el cual Dios anunció el nacimiento próximo de Juan el Bautista. Se nos refiere que «un ángel del Señor se apareció a Zacarías..

El ministerio de los ángeles es, sin duda, un asunto profunda. En ninguna parte de la Biblia hallamos que se haga tanta mención de ellos, como a principios del período del ministerio terrenal de nuestro Señor. Jamás se refieren tantas apariciones de úngeles, como cerca del tiempo de la encarnación de nuestro Señor y de su entrada en el mundo. El designio de esta circunstancia es suficientemente claro. Fue para enseñar a la iglesia que el Mesías no era ángel, pero sí el Señor de los ángeles, como también de los hombres. Fueron ángeles los que anunciaron Su venida; ángeles los que proclamaron Su nacimiento; y ángeles también los que se regocijaron cuando apareció. Y con estos hechos demostraron claramente que el que venia a morir por los pecadores no era uno de ellos, sino uno muy superior a ellos, el Rey de los reyes y el Señor de los señores.

Hay algo con respecto a los ángeles que de ninguna manera debemos olvidar. Ellos toman vivo interés en la misión de Cristo, y en la salvación que Cristo ha traído al mundo. Ellos cantaron alabanzas cuando el Hijo de Dios bajó a establecer, por medio de Su propia sangre, paz entre Dios y los hombres. Regocíjanse cuando se arrepienten los pecadores y se hacen hijos de nuestro Padre celestial; y deléitanse en servir a los herederos de la salvación eterna. Esforcémonos en ser como ellos, mientras estemos en la tierra–en ser de su mismo espíritu, y participar de sus goces. Así nos prepararemos para el cielo, pues escrito está, que los que allí entraren serán «como los ángeles.» Marcos 12.25.

Finalmente, notemos brevemente en este pasaje, él efecto que la aparición de un ángel produjo en la mente de Zacarías. Se nos refiere que «se turbó, y cayó temor « sobre él.

Lo que en este caso experimentó ese hombre justo, está de acuerdo exactamente con lo que experimentaron otros santos en circunstancias análogas. Moisés al ver la zarza ardiendo, y Daniel en el río de Hiddekel–las mujeres en el sepulcro, y Juan en la isla de Pátmos–todos sintieron temores semejantes al de Zacarías. Lo mismo que él, al contemplar visiones del otro mundo, temblaron y se sobrecogieron de temor.

¿Cómo explicarnos la causa de este temor? a esta pregunta solo hay una respuesta. El temor proviene del convencimiento interior que tenemos de nuestra debilidad, culpabilidad y corrupción. La contemplación de un ser celestial nos hace recordar forzosamente nuestra falta de perfección y nuestra natural ineptitud para contemplar a Dios. Si los ángeles son tan grandiosos é imponentes, ¿cómo deberá de ser el Señor de los ángeles? Rindamos gracias a Dios porque tenemos un poderoso Mediador entre Dios y el hombre, al hombre Cristo Jesús. Creyendo en El, podemos sin temor acercarnos a Dios y aguardar la venida del juicio final. Cuando los ángeles poderosos salgan a congregar a los elegidos de Dios, estos no tendrán por qué atemorizarse. Los ángeles son sus consiervos y compañeros. Ap. 22.9.

Temblemos al pensar en el terror que se apoderará de los malvados en el último día. Si hasta los justos se turban al ver de súbito espíritus que les son propicios, ¿qué harán los impíos cuando los ángeles se presenten a recogerlos como cizaña para el fuego? los temores de los justos son infundados, y duran poco tiempo. Los temores de los réprobos, una vez excitados, resultarán ser bien fundados, y durarán eternamente.

Lucas 1:13-17

Estos versículos contienen las palabras del ángel que se apareció a Zacarías. Son palabras llenas de profunda instrucción espiritual Este texto nos enseña, en primero lugar, que el hecho de que la respuesta a una súplica se haya diferido por mucho tiempo no implica necesariamente que esta haya sido desatendida. Zacarías, sin duda, había rogado con frecuencia a Dios que le concediese hijos, y, según todas las apariencias, había rogado en vano.

Estando ya en edad avanzada, es probable que hubiera cesado por mucho tiempo de ofrecer esa súplica ante el trono de Dios, y abandonado de un todo la esperanza de ser padre. Empero, las primeras palabras del ángel demuestran claramente que las pasadas súplicas de Zacarías no habían sido olvidadas: «Tu oración ha sido oída: y tu mujer Isabel te parirá un hijo..

Haremos bien en tener presente este hecho, siempre que nos prosternemos a orar. Debemos guardarnos de inferir con impaciencia que nuestras peticiones serán desatendidas, y especialmente cuando intercedamos por otros. Nosotros no tenemos derecho de prescribir cuan pronto o de qué manera hayamos de obtener lo que pedimos. El que sabe cual es el tiempo mas propicio para el nacimiento de un hombre, sabe también cual es el tiempo mas propicio para su renacimiento espiritual. Bien al contrario continuemos suplicando, «vigilemos y oremos,» «oremos siempre y no desmayemos.» «La tardanza del efecto,» dice un teólogo, «no debe desalentar nuestra fe. Puede suceder que Dios haya concedido la merced mucho tiempo antes que seamos sabedores de ello..

Nos enseña, en segundo lugar, que ningunos hijos causan tanto y tan verdadero gozo, como los que tienen la gracia de Dios. Fue de un niño que estaba para ser lleno del Espíritu Santo que el ángel habló cuando dijo: «Tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento..

La gracia es la dote que principalmente debemos desear para nuestros hijos. Es para ellos mil veces mejor que belleza, riquezas, honores, rango, o un noble parentesco. En tanto que ellos no posean la gracia, no sabemos cual pueda ser su proceder en el porvenir. Acaso nos harán tediosa la vida, acaso serán causa de que nuestras canas desciendan con dolor a la sepultura. Cuando se convierten, y no hasta entonces, es que estamos seguros de casi sea la conducta en este mundo, y cual su suerte en el venidero. «El hijo sabio alegra a su padre.» Prov. 10.1. Sea lo que fuere que solicitemos para nuestros hijos, procuremos ante todo que sean partícipes en la alianza y que su nombre se encuentre en el libro de la vida.

Estos versículos nos enseñan, en tercer lugar, cual es la naturaleza de la verdadera grandeza. El ángel la explica, diciendo a Zacarías que su hijo « será grande delante del Señor..

El criterio para juzgar la grandeza que es general entre los hombres es completamente falso y engañoso. Los príncipes y potentados, los conquistadores y jefes de ejércitos, los estadistas y filósofos, los artistas y autores, estos son los hombres que el mundo llama « grandes.» Los ángeles de Dios no reconocen tal grandeza. Ellos consideran grandes, a los que hacen grandes obras por amor de Dios. Consideran pequeños, a los que sirven poco a Dios; y aprecian a los hombres según la posición que probablemente ocuparán el último día.

No creamos vergonzoso tomar a los ángeles de Dios por modelos en esta materia. Solicitemos para nosotros mismos y para nuestros hijos esa verdadera grandeza que será admitida y reconocida como tal en el otro mundo. Es una grandeza que está al alcance de todos–tanto del pobre como del rico–tanto del siervo como del amo. No depende del poder o del patrocinio, del dinero o de los amigos. Es un don gratuito de Dios para todos los que lo solicitan mediante la intercesión de nuestro Señor Jesucristo. Es la herencia de todos los que oyen la voz de Cristo y lo siguen– de todos los que luchan por Cristo, y trabajan en su causa. Si en este mundo reciben poco honor, grande será su recompensa en el Último día.

También nos enseña el pasaje de que tratamos, que los niños nunca son demasiado tiernos para recibir la gracia de Dios. El ángel informa a Zacarías que su hijo «estaría lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.» No hay error mayor que suponer que los infantes, por causa de su tierna edad, son incapaces de recibir el influjo del Espíritu Santo. El modo como el Espíritu obra en el corazón de un niñito es indudablemente misterioso é incomprensible. Mas así también lo son todas sus manifestaciones en medio de los hijos de los hombres. Guardémonos de limitar la bondad y el poder de Dios. él es un Dios misericordioso. Para El nada es imposible.

Acordémonos de esto especialmente en cuanto tiene relación a la educación de los niños. Debemos tratarlos siempre como responsables a Dios. No supongamos ni por un momento que son demasiado tiernos para tener alguna religión. Preciso es, por supuesto, que seamos razonables en nuestras esperanzas.

No debemos buscar en ellos evidencias de gracia que no podamos con razón esperar de personas de su edad y aptitudes. Pero nunca debemos olvidar, que el corazón que no es demasiado tierno para pecar, tampoco es demasiado tierno para recibir la gracia de Dios.

En estos versículos se nos enseña, por último, cual es el carácter del ministro de Dios que se coloca a la altura de sus deberes y trabaja con buen éxito. El cuadro se nos presenta a la vista de un modo notable en la descripción admirable que de Juan el Bautista hace el ángel « El convertirá los corazones,» los tornará de la ignorancia al conocimiento, de la indiferencia a la meditación profunda, del pecado a Dios. El «irá delante del Señor;» en nada se deleitará tanto como en ser el mensajero y el heraldo de Jesucristo–»aparejará un pueblo al Señor,» se esforzará en congregar de todas las partes del mundo a los creyentes, que estarán así listos para ir al encuentro del Señor el día de Su venida.

Pidamos al cielo noche y día nos concedan tales ministros. Ellos son las columnas verdaderas de la iglesia–la verdadera sal de la tierra–la luz verdadera del mundo. Feliz la iglesia, y feliz la nación, que cuenta gran número de ministros de esta clase. Sin tales hombres, la erudición, los títulos, los talentos, y los magníficos edificios, no conservarán activa ninguna iglesia. Ningunas almas se salvarán–no se hará bien alguno–Cristo no será glorificado, sino por hombres llenos del Espíritu Santo.

Lucas 1:18-25

En este pasaje percibimos el poder que la incredulidad ejerce sobre un justo. Recto y santo como era Zacarías, el anuncio del ángel le parece increíble. No cree haya posibilidad de que un anciano como él, tenga hijos. «¿En que conoceré esto?» dice, « porque yo soy viejo, y mi mujer avanzada en días..

Un judío de la erudición de Zacarías no debió haber suscitado semejante cuestión. él, sin duda, se había instruido bien en las Escrituras del Antiguo Testamento. Debió pues haberse acordado de los nacimientos maravillosos de Isaac, y Sansón, y de Samuel, en los tiempos antiguos. Debió haber tenido presente que Dios puede repetir lo que una vez ha hecho y que para El nada hay imposible. Mas olvidando todo esto no pensó sino en los argumentos que le sugirió su propia inteligencia. Así acontece a menudo en materias religiosas, que donde empieza la razón, termina la fe.

La falta que cometió Zacarías nos enseña una lección provechosa. A esta misma falta el pueblo de Dios ha estado lastimosamente expuesto en todas las edades. Las historias de Abrahán, Isaac, Moisés, Ezequías y Josafat, nos enseñan que sin el verdadero creyente puede algunas veces ser víctima de la incredulidad. Fue uno de los primeros pecados que hallaron cabida en el corazón del hombre el día de su caída, cuando Eva creyó al diablo más bien que a Dios. Es uno de los pecados que se arraigan mas hondamente en el corazón del justo, y de cuyo poder no puede este librarse sino hasta el fin de su vida terrenal. Boguemos diariamente, «Señor, aumenta mi fe,» y no dudemos que se cumpla lo que Dios haya prometido.

Además, en estos versículos, se nos dice de qué clase de privilegios y de galardones gozan los ángeles de Dios. Traen mensajes a la iglesia verdadera y gozan de la presencia inmediata del Todopoderoso. El mensajero celestial que se apareció a Zacarías, le reprende diciéndole quien era: «Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios, y soy enviado a hablarte..

El nombre «Gabriel,» sin duda, llenó a Zacarías de humillación y abatimiento de sí mismo. El debió recordar que el mismo Gabriel fue, quien 490 años antes había traído a Daniel la profecía de las setenta semanas, y predíjole como había de ser inmolado el Mesías. Dan_9:26. él, sin duda, contrastó la incredulidad lastimosa que le aquejaba cuando estaba sirviendo pacíficamente en el templo de Dios, con la fe que animaba al santo Daniel cuando permanecía cautivo en Babilonia, y en la época en que el templo le Jerusalén estaba en ruinas. Zacarías aprendió ese día una lección que no olvidó jamás.

La relación que Gabriel da de su ministerio, debería excitar en nosotros el deseo de hacer un severo examen de conciencia. Ese espíritu poderoso, mucho más grande que nosotros en poder é inteligencia, reputa como su más alto honor el «asistir delante de Dios» y hacer Su voluntad. Dirijamos a este minino punto nuestras miras y aspiraciones. Procuremos vivir de tal manera, que podamos algún día presentarnos sin temor ante el trono celestial, a servir día y noche en el templo del Altísimo. El camino que conduce a este elevado y santo lugar se abre ante nuestros paso Cristo lo ha consagrado con la ofrenda voluntaria de su propio cuerpo, y de su propia sangre. Hagamos lo posible para marchar por ese camino durante el corto tiempo de la vida presente, para que así podamos ocupar eternamente el puesto que nos corresponda con los ángeles de Dios. Dan. 12.13.

Este pasaje demuestra, finalmente, cuan malo, en extremo, es a ¡os ojos de Dios el pecado de la incredulidad. Las dudas y preguntas de Zacarías atrajeron sobre él un castigo severo. «Serás mudo,» dice el ángel, « y no podrás hablar, por cuanto no creíste a mis palabras.»Este castigo era el que requería la ofensa cometida. La lengua que no se prestó a pronunciar el lenguaje de sincera alabanza, enmudeció de repente. Este castigo fue de larga duración. Por nueve meses, a lo menos, Zacarías estuvo condenado al silencio, y tuvo que recordar diariamente que su incredulidad había ofendido a Dios.

Parece que pocos pecados desagradan tanto a Dios, como el pecado de la incredulidad. Ningunos, ciertamente, han hecho recaer sobre el hombre juicios tan severos. Es una negación explícita del poder de Dios dudar si El es capaz de hacer algo que se propone ejecutar. Es injuriar a Dios el dudar si tiene intención de llevar a efecto algo que claramente ha prometido hacer. Los cristianos que han hecho profesión de su fe nunca deberían olvidar los cuarenta años que Israel anduvo errante en el desierto. Las palabras de San Pablo son muy solemnes: «No pudieron entrar a causa de la incredulidad.» Heb. 3.19.

Velemos y oremos todos los días para no cometer este pecado que arruina el alma. Cejar ante la incredulidad es arrebatar a los creyentes la paz interior–debilitarles los brazos para el día de la lucha–es atraer negras nubes sobre el horizonte de sus esperanzas–y arrojarles sobre los hombros cargas gravosas. En proporción a la intensidad de nuestra fe será nuestro gozo en la redención del género humano–nuestra paciencia en el día de la prueba– nuestra victoria sobre el mundo. La incredulidad, en resumen, es la causa verdadera de mil enfermedades espirituales, y si la dejamos anidarse en nuestros corazones, carcomerá como un cáncer. «Si no creyereis, cierto no permanecer oís.» Isai. 8.8. En todo lo que toca al perdón de nuestros pecados, y a la aceptación de nuestros corazones–á los deberes y a las pruebas de nuestra vida diaria–establezcamos como máxima invariable en nuestra religión la siguiente: poner fe implícita en todas y en cada una de las palabras de Dios, y desechar la incredulidad.

Lucas 1:26-33

Estos versículos contienen el anuncio del acontecimiento más maravilloso que jamás haya acaecido en este mundo–la encarnación y el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. Este es un pasaje que siempre debemos leer con admiración mezclada con sentimiento de amor y alabanza.

Debemos notar, en primer lugar, el modo humilde como se presentó el Salvador del género humano cuando vino a vivir entre nosotros. El ángel que anunció Su venida, fue enviado a un lugar oscuro de Galilea, llamado Nazaret. La mujer que tuvo el alto honor de ser la madre de nuestro Señor, ocupaba, evidentemente, una posición humilde. Tanto en su situación como en su morada, había carencia absoluta de lo que el mundo llama «grandeza..

Sin vacilación alguna tenemos que reconocer, que en todo este Arreglo se ve una providencia sabia. La divina Providencia que todo lo dispone en el cielo y en la tierra, pudo con la misma facilidad haber designado a Jerusalén para que fuese el lugar de la residencia de María, como a Nazaret, o pudo haber elegido a la hija de Algún escriba rico para que fuese la madre de nuestro Señor, de la misma manera que eligió a una mujer pobre. Mas bueno fue que así no sucediese.

La primera venida del Mesías había de ser llena de humillación. Y esta humillación había de empezar aun desde la hora en que lo concibió María.

Guardémonos de despreciar a los pobres, y de avergonzarnos da la pobreza si Dios nos la envía a nosotros mismos. El rango que Jesús escogió voluntariamente debe mirarse siempre con reverencia sagrada. A la tendencia que es hoy tan común de inclinarse ante los ricos, y de hacer un ídolo del dinero, debe ofrecerse resistencia y eficaz oposición. El ejemplo de nuestro Señor ofrece respuesta suficiente a mil máximas viles repetidas por los hombres En la alabanza de la riqueza. «Se hizo pobre siendo rico, para que vosotros por su pobreza fueseis ricos.» 2 Cor. 8.9.

Admiremos la condescendencia asombrosa del Hijo de Dios. El .Heredero de todo lo que existe no solo tomó sobre sí nuestra naturaleza, sino que la tomó en la forma mas humillante que pudiera iberia asumido. Habría sido condescendencia venir a gobernar la tierra como rey. Fue un milagro de misericordia superior a nuestra comprensión venir a la tierra como pobre, a ser despreciado, y padecer, y morir. Que Su amor nos constriña a vivir no para nosotros mismos, sino para él. Que su ejemplo traiga cada día nuestra monte el precepto de la Escritura: « No altivos, sino acomodándoos a los humildes.» Rom. 11.16.

Debemos notar en segundo lugar, el alto privilegio de la Virgen María. El lenguaje que el ángel Gabriel usa cuando se dirige a ella es digno de consideración. El la llama «altamente favorecida.» El le dice, que «el Señor está con ella.» La dice, «Bendita eres entre las mujeres.» Es un hecho bien sabido, que la iglesia Católica Romana tributa a María un honor apenas inferior al que tributa a su bendito Hijo ‹La iglesia Católica Romana ha declarado con toda solemnidad, que María «fue concebida sin pecado.» Y sus miembros la exaltan como objeto de adoración, y le oran como a mediadora entre Dios y el hombre, no menos poderosa que el mismo Cristo. Téngase presente, que para nada de esto hay la mas ligera autoridad en la Escritura. No la hay en los versículos que tenemos a la vista, ni en ninguna otra parte de la palabra de Dios. Mas a la vez que decimos esto, es menester concedamos con sinceridad, que ninguna mujer recibió jamás tan alto honor como la madre de nuestro Señor. Es evidente que de los millones innumerables que forman la raza humana solo una mujer se necesitaría para que Dios «se manifestase en la carne,» y la Virgen María tuvo el gran privilegio de ser la elegida. Con el pecado de una mujer, el mal y la muerte hicieron su entrada en el mundo. Con el alumbramiento de una mujer, aparecieron la vida y la inmortalidad. No es de extrañar que solo a esta mujer se dijese que era «altamente favorecida» y «bendita..

Relativamente a esta materia, hay un punto que los Cristianos jamás deben olvidar. Hay ciertas relaciones que nos ligan a Cristo de las cuales podemos gozar todos nosotros–relaciones mucho mas íntimas que las de consaguinidad–relaciones de que gozan todos los que se arrepienten y creen : «Cualquiera que hiciere la voluntad de Dios,»dice Jesús,» ese es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.» «Bienaventurado el vientre que te llevó, y los pechos que te alimentaron,»fue el dicho de una mujer. ¿Más cuál fue la réplica? «Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la guardan.» Marcos 3.35; Luk_11:27.

Debemos notar, finalmente, en estos versículos la descripción gloriosa de nuestro Señor Jesucristo, que hace el ángel a María. Cada parte de la descripción tiene una significación profunda y merece atención detenida.

Jesús «será grande,» dice Gabriel. De su grandeza ya sabemos algo: nos ha traído una gran salvación. El ha demostrado que es un Profeta más grande que Moisés. él es el gran Sumo Sacerdote Y su grandeza será aun mayor cuando sea reconocido como Rey Jesús «será llamado Hijo del Altísimo,» dice Gabriel Lo era Antes que viniese al mundo, igual en todo al Padre. Era desde toda la eternidad el Hijo de Dios.

Pero era preciso que la iglesia lo reconociese como tal. El Mesías había de ser reconocido y adorado nada menos que como el mismo Dios.

«Le dará el Señor Dios el trono de David su padre,» dice Gabriel, «y reinará en la casa de Jacob eternamente. El cumplimiento literal de esta parte de la promesa está aun por verificarse. Falta aun que Israel se reúna. Los Judíos aun han de recibir posesión de su patria, y después contemplar como a su Rey y su Dios a Aquel a quien una vez traspasaron. Aunque el cumplimiento de esta profecía tarde, esperémoslo confiadamente, pues «sin duda vendrá y no tardará.» Heb. 2.3.

Por último, Gabriel dice que el reinado de Jesús no tendrá fin. Ante su glorioso reinado los imperios de este mundo caerán y desaparecerán. Como Nínive, Babilonia, Egipto, Tiro y Cartago, algún día serán destruidos, y los santos del Altísimo tomarán posesión del reino. Delante de Jesús se doblará un día toda rodilla, y todos los labios confesarán que él es el Señor. Su reino solamente será eterno, y Su dominio no terminará. Dan. 7 2Sa_14:27.

Todo fiel cristiano debiera meditar con frecuencia en esta gloriosa y consoladora promesa. El no tiene porque avergonzarse de su Señor: pobre y despreciado puede estar muchas veces por amor al Evangelio, pero puede vivir seguro de que se ha afiliado en el bando que al fin obtendrá la victoria. Los reinos de este mundo aun llegarán a ser reinos de Cristo; porque «aun un poquito de tiempo y el que ha de venir vendrá, y no tardará.» Heb. 10.37. Esperemos con paciencia la llegada de este bendito día, y velemos y oremos. Ahora es el tiempo de llevar la cruz, y de acompañar a Cristo en sus sufrimientos. Ya se acerca el día en que Cristo ha de tomar posesión de su reino, y entonces todos los que le han servido fielmente cambiarán la cruz por la corona.

Lucas 1:34-38

Notemos en estos versículos la manera reverente y discreta en que el ángel Gabriel habla del gran misterio de la encarnación. En la réplica a la interrogación de la Virgen, « ¿Cómo será esto?» él emplea estas palabras notables: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra..

Bueno será que sigamos el ejemplo del ángel siempre que meditemos sobre este hecho profundo. Considerémoslo siempre con reverencia religiosa, y abstengámonos de esas investigaciones impropias é inútiles, a que desgraciadamente muchos se han entregado. Nos basta saber que «la Palabra fue hecha carne,» y que cuando el Hijo de Dios vino al mundo, un «cuerpo real estaba preparado para él,» de suerte que El «participó de nuestra carne y sangre,» y fue «hecho de mujer.» Juan 1.14 ; Heb. 10.5 ; Gal4.4. En este punto es preciso detenernos. La manera como todo esto se efectuó se nos ha ocultado sabiamente. Si intentamos investigar más allá de este límite, « oscureceremos el «consejo con palabras sin sabiduría,» y nos precipitaremos en donde los ángeles temen poner las plantas. En una religión que realmente ha descendido del cielo, preciso es que haya misterios. Uno de los misterios del Cristianismo es la encarnación.

Notemos, en segundo lugar, la preeminencia dada al Espíritu Santo en el gran misterio de la encarnación. Vemos que está escrito, «El Espíritu Santo vendrá sobre ti..

Un lector versado en la Biblia no dejará de recordar, probablemente, que el honor que en este pasaje se tributa al Espíritu está en perfecta armonía con lo que sobre el mismo asunto enseña la Escritura en otros lugares. En la grande obra dé la redención del hombre se hace a cada paso mención especial de la obra del Espíritu Santo. ¿Murió Jesús para hacer expiación por nuestros pecados? Escrito está, que «por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios.» Heb. 9.14. ¿Resucitó para nuestra justificación? Escrito está, que «fue vivificado por el Espíritu.» 1 Pedro 3.18. ¿Dispensa consuelo a Sus discípulos durante el tiempo que está transcurriendo entre su primera y segunda venida? Escrito está que el Consolador que él prometió enviar es «el Espíritu de verdad.» Juan 14.17.

Tengamos cuidado de dar al Espíritu Santo, en nuestra religión como individuos, el mismo lugar que vemos ocupa en la palabra de Dios. Acordémonos que todo lo que los creyentes poseen, todo lo que son, y todo lo que disfrutan bajo el influjo del Evangelio, lo deben a la luz interna que emana del Espíritu Santo.

La operación de cada una de las tres Personas de la Trinidad en toda alma que se salva es absoluta é igualmente necesaria. La elección de Dios el Padre, la sangre de Dios el Hijo, y la santificación de Dios el Espíritu Santo, jamás deben estar separadas en la religión cristiana.

Notemos, en tercer lugar, el gran principio que sienta el ángel Gabriel para imponer silencio a toda objeción que se refiera a la encarnación: «Ninguna cosa es imposible para Dios..

La admisión sincera de esta gran verdad es de inmensa importancia en lo que respecta a nuestra paz interior. Cuestiones y dudas tienen por fuerza que surgir en la mente del hombre sobra muchos puntos de nuestra religión. Son resultado natural del estado decaído del alma. Nuestra fe, por buena que sea es muy débil. Nuestros conocimientos por profundos que nos parezcan son deficientes. Y pocos remedios hay mas eficaces para la mente que duda, está inquieta y cavila, que el ya mencionado–una convicción completa de la omnipotencia de Dios. Para Aquel que día ser al mundo y lo formó de la nada, todo es posible.

Nada es demasiado difícil para el Señor. Todo pecado por negro que sea será perdonado. La sangre de Cristo limpia de todo pecado. No hay corazón por duro y perverso que sea que no pueda sentir arrepentimiento. El corazón de piedra puede tornarse en corazón de carne Para el creyente no hay obra tan difícil que no pueda ejecutarla. Todo lo podemos si estamos fortalecidos por Cristo. No hay tribulación que no podamos sobrellevar. La gracia de Dios nos basta. No hay promesa demasiado grande que deje de cumplirse. Las palabras de Cristo «jamás pasarán,» todo lo que ha prometido puede cumplirlo. No hay dificultad, por grande que sea, que el creyente no pueda vencer. «Cuando Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?» «Los montes se abajarán.» Máximas son estas que debemos siempre traer a la memoria. El remedio que ofrece el ángel es inapreciable. No se encuentra nunca la fe mas tranquila y serena sino cuando descansa en la convicción de la omnipotencia divina.

Notemos, en último lugar, la sumisión humilde y espontánea de la Virgen María a la voluntad de Dios. Dice al ángel: « He aquí la sierva del Señor; hágase en mí conforme a tu palabra..

Hay en esta respuesta mucho que es digno de encomio y que quizá no podemos percibir a primera vista. Un momento de reflexión nos convencerá que ser la madre de nuestro Señor de este modo extraño y misterioso no era cuestión de poca importancia. En época lejana llegó a ser un alto honor, sin duda, mas entonces puso en peligro la reputación de María y sometió su fe a una prueba no pequeña. Pero la santa Virgen no vaciló y se sometió voluntariamente al peligro y a la prueba. No hizo más preguntas ni más objeciones: aceptó el honor conferido con todos pospeligros é inconvenientes anexos. «He aquí,» dice, « la sierva del Señor..

En la práctica diaria del Cristianismo procuremos revestirnos del mismo espíritu de fe que animó a la Virgen María. Tengamos voluntad de ir a cualquiera parte, de hacer y ser cualquiera cosa; cual fuere la incomodidad actual, siempre que la voluntad de Dios nos sea bien conocida y que la senda del deber nos esté claramente trazada.

Lucas 1:39-45

Debemos observar en este pasaje los beneficios que resultan del trato fraterno entre los creyentes. Leemos que la Virgen María hizo una visita a su prima Isabel. Se nos refiere de una manera notable como en esta entrevista estas dos mujeres se llenaron de júbilo, y se sintieron inspiradas de pensamientos sublimes. Sin esta visita, Isabel nunca hubiera podido estar tan llena del Espíritu Santo, como aquí se nos dice que estuvo; y María nunca hubiera podido pronunciar ese cántico de alabanza que es conocido en toda la iglesia de Cristo. Las palabras de un teólogo de otros tiempos son interesantes y ciertas: «La felicidad comunicada se duplica. El pesar se aumenta si lo ocultamos: el gozo, si lo expresamos..

Siempre debemos mirar la comunicación con los otros creyentes como medio eminente de gracia. En nuestra larga jornada por el camino estrecho que conduce a la vida eterna es agradable detenernos de cuando en cuando para comunicar nuestros sentimientos a nuestros compañeros de viaje. Nos alivia a nosotros y los alivia a ellos, y así resulta en provecho mutuo. Es el contento mas aproximado que podemos tener en la tierra de los goces del cielo. «Hierro con hierro se aguza, y el hombre aguza el rostro de su amigo.» Necesario es que tengamos esto presente. Este asunto no recibe la atención que merece, y a consecuencia de esto sufren las almas de los creyentes. Hay muchos que temen a Dios y piensan en Su nombre, empero olvidan a menudo hablarse unos a otros. Malaquías 3.16. Procuremos ante todo ponernos en comunicación con Dios. Después de esto solicitemos la sociedad de los que aman a Dios. Si hiciéramos esto con más frecuencia y fuésemos más cautelosos en la elección de nuestros amigos, sentiríamos más a menudo el influjo del Espíritu Santo.

Debemos observar en este pasaje el conocimiento claro y espiritual que se revela en el lenguaje de Isabel. La expresión de que hace uso con respecto a la Virgen María, manifiesta quo había recibido luz de lo alto. Ella la llama «la madre de mi Señor..

Nuestros oídos están tan acostumbrados a las palabras «Mi Señor,» que no notamos todo lo que ellas encierran. En el tiempo en que se profirieron tenían mayor significación de lo que ahora pudiera creerse: eran nada menos que la declaración precisa de que el niño que había de nacer de la Virgen María era el Mesías que había sido prometido desde remotos tiempos, el «Señor» de quien David en espíritu había profetizado, el Ungido de Dios. Considerada bajo este aspecto, la expresión es un ejemplo maravilloso de fe; es una confesión digna de colocarse al lado de la de Pedro, cuando dijo a Jesús: «Tú eres el Cristo..

Acordémonos de la significación profunda de las palabras, «el Señor,» y guardémonos de usarlas ligera y ociosamente. Consideremos que, de derecho, a nadie son aplicables sino a Aquel que fue crucificado en el Calvario por nuestros pecados. Que el recuerdo de este hecho haga que revistamos dichas palabras de reverencia y que tengamos cuidado de que modo las pronunciamos. Hay dos textos que tienen relación con esta expresión, y que deberíamos recordar con frecuencia. El primero es: «Nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espirito Santo.» Es el otro: «Y que toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para la gloria del el Padre. 1 Cor. 12.3 ; Filip. 2.11.

Finalmente, debemos observar en estos versículos la alta alabanza que Isabel tributa a la fe. «Y bienaventurada,» dice, «la que creyó. No es en manera alguna extraño que esta santa mujer ensalzara así la fe. Sin duda que conocía bien las Escrituras del Antiguo Testamento, y sabia qué prodigios había obrado la fe. ¿Qué es la historia de los hijos de Dios en todos los siglos, sino la biografía de hombres y mujeres que se distinguieron por su fe? ¿Qué es la historia sencilla de todos desde los tiempos de Abel hasta nuestros días, sino la relación de los hechos de pecadores redimidos que creyeron, y por ello fueron benditos? Con fe aceptaron promesas; con fe vivieron; con fe guiaron su conducta; con fe llevaron las injurias. Con fe esperaron un Salvador invisible Todas las promesas que aun estaban por cumplirse; con fe lucharon con el mundo, la carne y el demonio; con la fe vencieron y fueron salvos al cielo. De esta clase de santas personas fue la Virgen María. No hay que extrañar que Isabel dijese: «Bienaventurada la que creyó..

¿Tenemos algún conocimiento de esta preciosa fe? Esta, en ilusión, es la cuestión que nos concierne. ¿Tenemos conocimiento de la fe de los elegidos de Dios, de la fe que es obra de Dios? Tito1.2; Col. 2.12. No busquemos descanso hasta que la hayamos poseído, y una vez que la poseamos no cesemos de rogar que vaya en aumento cada día. Mejor es mil veces ser rico en fe que en oro. El oro no tendrá valor alguno en el mundo invisible a donde todos nos encaminamos.

La fe será allí reconocida en la compañía de Dios el Padre, y de los santos ángeles. Cuando aparezca el trono blanco y se abran los libros, cuando los muertos sean llamados del sepulcro a oír su sentencia final, el valor de la fe será al fin plenamente conocido. Los hombres aprenderán entonces, si antes no lo hubieren aprendido, cuan verdaderas son las palabras, « Felices los que creyeron..

Lucas 1:46-56

Estos versículos contienen el famoso himno de alabanza que la Virgen María pronunció animada de la esperanza de llegar a ser «la madre de nuestro Señor.» Después de la Oración Dominical, tal vez, pocos pasajes de la Escritura son mejor conocidos que este.

Observemos, en primer lugar, el conocimiento completo de la Escritura que se deja ver en este himno. Al leerle nos vienen a la memoria expresiones del libro de los Salmos, y nos acordamos sobre todo del cántico de Ana, en el libro de Samuel. 1 Sam. 2.2, etc. Es evidente que la Virgen tenía en la memoria muchos pasajes de la Escritura. Sin duda había aprendido mucho de lo que contiene el Antiguo Testamento, ya porque lo había oído leer, o porque lo había leído ella misma. Y así fue, que cuando por la exuberancia de su corazón abrió la boca, dio expresión a sus sentimientos en lenguaje bíblico. Movida del Espíritu Santo, prorrumpió en alabanzas, y escogió el lenguaje que el Espirito Santo había ya usado y consagrado.

Cada año de nuestra vida hagamos todo lo que esté de nuestra parte por instruirnos más y más en las Escrituras. Estudiémoslas, escudriñémoslas, profundicémoslas, meditemos en su contenido, que moren en nosotros en su riqueza. Empeñémonos en adquirir conocimiento de aquellas partes de la Biblia que, como el libro de los Salmos, se refieren a la vida y costumbres de los santos y los tiempos antiguos. Las hallaremos muy útiles al acercarnos Dios en la oración, pues ella nos suministrará el lenguaje mas adecuado tanto para expresar nuestras necesidades como para dar gracias. Sin duda que tal conocimiento de la Biblia nunca puede hacerse sin un estudio diario constante. Mas el tiempo que se dedique a este estudio nunca será mal empleado. Con el tiempo dará frutos.

Observemos, en segundo lugar, en este himno de alabanza, la profunda humildad de la Virgen María. Elegida por Dios para el alto honor de ser madre del Mesías, habla de su propia «bajeza,» y reconoce la necesidad de un «Salvador.» No deja escapar una sola palabra que indique que se considerase como sin pecado, o «inmaculada.» Por el contrario, usa el lenguaje de aquellos a quienes la gracia de Dios ha hecho sentir sus propios pecados; y fue lejos de tener poder para salvar a otros, sus almas necesitan Un Salvador. Podemos sin riesgo asegurar, que nadie se apresuraría de mejor grado que la misma Virgen María, a reprobar el honor que la iglesia de Roma le tributa.

Imitemos esta santa humildad de la madre de nuestro Señor, Aunque tengamos que rehusar perentoriamente hacerle súplicas, o mirarla como mediadora.

Como ella, seamos humildes a nuestros propios ojos, y huyamos de la vanagloria. La humildad es la virtud más excelente que puede adornar el carácter del cristiano. El dicho de un. Teólogo de otros tiempos que «uno tiene exactamente tanta religión cuanta es su humildad» es muy cierto. Es de todas las virtudes la que mas enaltece la naturaleza humana, y sobre todo está al alcance de todos los convertidos. No todos son ricos, no todos son doctos; no todos han sido dotados por Dios de talentos sobresalientes; no todos son predicadores; mas todos los hijos de Dios pueden estar revestidos de humildad.

Observemos, en tercer lugar, la viva gratitud de la Virgen María. Sobresale especialmente al principio del himno. Su «alma engrandece al Señor Su «espíritu se ha alegrado en Dios.» «Todas las generaciones la llamarán bienaventurada.» «Grandes cosas ha hecho con ella.» Difícil es comprender todos los sentimientos que naturalmente debieron animar a una santa de Judá, al verse en la posición de María; mas debemos tratar de traer a la memoria la expresión de ellos cuando leamos sus palabras de alabanza.

También haremos bien en este asunto en seguir las huellas de María, acostumbrándonos a ser agradecidos. Este ha sido en todos tiempos el distintivo de los hijos más notables de Dios. David en el Antiguo Testamento, y S. Pablo en el Nuevo, se distinguieron por su gratitud. Rara vez leemos sus obras sin hallarlas llenas de gracias y alabanzas dirigidas a Dios. Levantémonos todas las mañanas con la convicción profunda de que somos deudores, y de que cada día recibimos mas mercedes de las que merecemos. Dirijamos los ojos cada semana en torno nuestro, y veamos si no tenemos demasiado porque estar agradecidos a Dios. Si nuestros corazones son puros, nunca tendremos dificultad en erigir un Ebenezer. Bueno seria que nuestras oraciones y súplicas estuviesen siempre acompañadas de acciones de gracias. 1 Sam. 7.12 ; Filip. 4.6.

Observemos, en cuarto lugar, el conocimiento experimental que la Virgen María poseía del modo como Dios había obrado con su pueblo. Se refirió a Dios como a Aquel cuya « misericordia es sobre los que le temen,» como Uno que « esparce a los soberbios, que quita a los poderosos de sus tronos, y envía a los ricos vacíos,» como a Aquel que «levanta a los humildes,» é hinche de bienes a los hambrientos. Indudablemente dijo esto recordando la historia del Antiguo Testamento; recordando cómo el Dios de Israel abatió a Faraón, a los Cananeos, a los Filisteos, a Senaquerib, Haman y Baltasar; cómo elevó a José, Moisés, Samuel, David, Ester y Daniel, y jamás permitió que sus escogidos fuesen completamente destruidos. Y en todo lo que hizo Dios con ella misma–en conferir tal honor a una pobre mujer de Nazaret–en nacer que naciera el Mesías en terreno tan estéril como era en esa época el pueblo Judío ella descubría la mano de Dios obrando de acuerdo con la alianza había hecho con Israel. El cristiano verdadero debe dedicarse al estudio de la historia de la Biblia, examinando la vida de personaje en particular. Examinemos frecuentemente «las huellas del rebaño.» Cant. 1.8. Este estudio nos hará más manifiesto como es que Dios obra con Su pueblo. él es inmutable, por consiguiente es probable que obre con él en lo venidero como obró en otros tiempos. Tal estudio nos enseñará qué deberemos esperar, moderará las esperanzas infundadas, y nos animará cuando estuviéramos abatidos. Feliz la persona cuya mente está bien, de ese conocimiento.

Observemos en conclusión la confianza firme que tenia la Virgen en las promesas de la Biblia. Acaba su himno de alabanza declarando que Dios, « ha socorrido a Israel su siervo, acordándose de su misericordia, a Abrahán y a su simiente para siempre,» y que ha obrado « como habló a nuestros padres.» Estas palabras demuestran claramente que ella se acordaba de la promesa hecha a Abrahán: « En ti serán benditas todas las naciones de la tierra ;» ,y que, estando cercano el nacimiento de su Hijo, veía que esta promesa estaba para cumplirse.

Aprendamos del ejemplo de esta santa mujer a asirnos con firmeza de las promesas de la Biblia, pues esto es de la mayor importancia para conservar nuestra paz interior. Las promesas, en realidad, son el maná que hemos de comer, y el agua que hemos de beber diariamente, en nuestra peregrinación por el desierto de este mundo. No vemos aun todas las cosas sometidas a nuestro dominio estamos contemplando aun a Cristo, ni el cielo, ni el libro de vida, ni las mansiones preparadas para nosotros. Andamos por la, fe, y esta fe se apoya en las promesas. Mas este apoyo no es débil, puede resistir todo el peso que sobre él pongamos. Veremos algún día, lo mismo que la Virgen María, que Dios cumple palabra, y que a su debido tiempo ejecutará infaliblemente lo que ha dicho.

Lucas 1:57-80

Otro himno de alabanza llama nuestra atención en estos versículos. Hemos leído la acción de gracias de María, la madre de nuestro Señor. Leamos ahora la acción de gracias de Zacarías, el padre de Juan el Bautista. Hemos oído qué alabanzas salieron de los labios de la Virgen de Judá, con motivo de la primera venida de Cristo. Oigamos ahora que alabanza pronunció con el mismo motivo un sacerdote anciano.

Debemos notar en primer lugar la profunda gratitud del corazón de un judío creyente al columbrar la aparición del Mesías. La primera palabra que sale de la boca de Zacarías, tan pronto como le vuelve el habla, es de alabanza. Principia con la misma expresión con que S. Pablo principia algunas de sus epístolas: « Bendito el Señor..

En nuestros días con dificultad podemos comprender la intensidad de los sentimientos de ese hombre virtuoso. Debemos colocarnos en su lugar mentalmente, imaginarnos ver el cumplimiento de la promesa más antigua del Antiguo Testamento–la promesa de un Salvador, y que contemplamos verificarse delante de nosotros el cumplimiento de esta promesa. Debemos procurar comprender cuan oscura é imperfecta era la idea que los hombres tenían del Evangelio antes de la venida de Cristo, y cuando los símbolos y los tipos no habían aun desaparecido. De esta manera tal vez podemos formarnos alguna idea de lo que sintió Zacarías cuando exclamó: «Bendito el Señor..

Hay razón para, temer que los cristianos, por lo general, no sabemos estimar en su debido valor el inmenso privilegio de vivir bajo la luz del Evangelio. Quizá olvidamos que los estatutos del sistema Judaico eran apenas el crepúsculo del día que iba a amanecer. No cerremos los ojos ante los favores que se nos han concedido. Sigamos el ejemplo de Zacarías y seamos más agradecidos Debemos notar, en segundo lugar, en este himno de alabanza, cuanta importancia da Zacarías al cumplimiento de las promesas de Dice que Dios « visitó é hizo redención a su pueblo «–habla de ello al estilo de los profetas como cosa ya ejecutada; porque su verificación es segura. Continúa proclamando por medio de quien se ha de llevar a cabo esta redención–por medio de «un cuerno de salvación «–un Salvador poderoso de la casa de David. Y después añade, que todo está hecho « como El habló por boca de sus santos profetas–para cumplir la misericordia prometida–acordándose de su santo concierto–del juramento que juró a Abraham nuestro Padre.

Es claro que las almas de los creyentes del Antiguo Testamento, se alimentaban mucho de las promesas de Dios. Estaban obligados a «caminar» por la fe mucho más que nosotros. Nada sabían de los grandes hechos que nosotros conocemos, concernientes a la vida, muerte y resurrección de Cristo. Divisaban la redención en el porvenir como cosa esperada, no vista–y el único apoyo de su esperanza era la palabra de Dios. Su fe bien puede ruborizarnos, muy lejos de tener en menos a los creyentes del Antiguo Testamento, como algunos se inclinan a hacerlo, debemos admirarnos de que fueran lo que fueron.

Aprendamos a confiar en las promesas y a asirnos de ellas como lo hizo Zacarías. No dudemos que toda promesa de Dios hecha a su pueblo con referencia a los acontecimientos futuros, se cumplirán con tanta segundad, como toda palabra ya cumplida en los sucesos pasados. La promesa hace infalible el cumplimiento. El mundo, la carne y el demonio, jamás prevalecerán contra ninguno de los creyentes. Su absolución en el último día está asegurada con promesa. No serán condenados, antes bien se les presentará inmaculados ante el trono del Padre. Su gloria final está también asegurada con promesa. Es tan seguro que su Salvador vendrá la segunda vez a congregar a Sus santos y darles la corona de rectitud, como lo es que vino la primera. Fiémonos firmemente de estas promesas. Jamás resultarán ser falsas. Dios nunca olvida su palabra. él no es hombre para mentir. En cada promesa hay un sello que nunca vio Zacarías: el de la sangre de Cristo que nos garantiza que lo que Dios ha prometido se cumplirá.

En tercer lugar, debemos notar en este himno qué ideas tan claras tenia Zacarías respecto del reino de Cristo. él habla de «salvación de manos de los enemigos,» como si pensase en un reino temporal, y en un libertador temporal que pusiese término al dominio gentil. Más no se detiene en este punto. Afirma que el del Mesías es un reino en que su pueblo ha de «servirle sin temor, en santidad y justicia delante de él.» Este reino, aseguró él, estaba próximo. Los profetas habían predicho hacia mucho tiempo que se establecería algún día. En el nacimiento de su hijo Juan el Bautista, y el advenimiento cercano de Cristo, Zacarías veía con certeza la proximidad del reino.

Con la predicación del Evangelio se fundaron las bases de este reino del Mesías. Desde entonces el Señor Jesús ha estado incesantemente reuniendo súbditos de un mundo depravado. El complemento total del reino es un acontecimiento aún por venir. Los santos del Altísimo tendrán algún día dominio absoluto. El reino del Evangelio aún ha de extenderse por toda la tierra. Mas ya sea en su estado completo o no, los súbditos del reino son siempre del mismo carácter: «Sirven a Dios sin temor;» sirven a Dios «con santidad y justicia..

Hagamos cuanto esté a nuestro alcance para pertenecer al número de los súbditos de este reino. Pequeño como parece ahora, un día vendrá a ser grande y glorioso. Los hombres que han servido a Dios con «santidad y justicia» verán algún día que todo les será sometido. Bajo sus plantas serán puestos todos los enemigos, y reinarán para siempre en ese cielo y en esa tierra nueva, en los cuales mora la justicia.

Finalmente, debemos notar cuan claras eran las ideas que respecto de las doctrinas de la religión tenia Zacarías. Concluye su himno de alabanza dirigiéndose a su hijo recién nacido, Juan Bautista. Predice que el niño «irá delante de la faz» del Mesías, y «dando ciencia de salvación,»de una salvación que El (el Mesías) está al introducir–salvación que es toda de gracia y misericordia–y que trae consigo, «perdón de los pecados,» «luz,» y «paz..

Concluyamos el capítulo examinando lo que sabemos de estos tres bienes. ¿Sabemos algo del perdón? ¿Hemos tornado de las tinieblas a la luz? ¿Hemos gustado el gozo de la paz con Dios? Estas, en fin, son las realidades del Cristianismo. Estas son las cosas, sin las cuales la unión con la iglesia y los sacramentos no pueden salvar una sola alma. No estemos tranquilos hasta que por experiencia propia nos sean conocidas. La misericordia y la gracia las han preparado. La misericordia y la gracia las concederán a todos los que las imploren en nombre de Cristo. No estemos tranquilos hasta que el Espíritu Santo testifique a nuestro espíritu que nuestros pecados han sido perdonados–que hemos posado de las tinieblas a la luz, y que actualmente caminamos en el camino estrecho, en el camino de la paz.

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