Lucas 1: La introducción de un historiador

Estando ya en edad avanzada, es probable que hubiera cesado por mucho tiempo de ofrecer esa súplica ante el trono de Dios, y abandonado de un todo la esperanza de ser padre. Empero, las primeras palabras del ángel demuestran claramente que las pasadas súplicas de Zacarías no habían sido olvidadas: «Tu oración ha sido oída: y tu mujer Isabel te parirá un hijo..

Haremos bien en tener presente este hecho, siempre que nos prosternemos a orar. Debemos guardarnos de inferir con impaciencia que nuestras peticiones serán desatendidas, y especialmente cuando intercedamos por otros. Nosotros no tenemos derecho de prescribir cuan pronto o de qué manera hayamos de obtener lo que pedimos. El que sabe cual es el tiempo mas propicio para el nacimiento de un hombre, sabe también cual es el tiempo mas propicio para su renacimiento espiritual. Bien al contrario continuemos suplicando, «vigilemos y oremos,» «oremos siempre y no desmayemos.» «La tardanza del efecto,» dice un teólogo, «no debe desalentar nuestra fe. Puede suceder que Dios haya concedido la merced mucho tiempo antes que seamos sabedores de ello..

Nos enseña, en segundo lugar, que ningunos hijos causan tanto y tan verdadero gozo, como los que tienen la gracia de Dios. Fue de un niño que estaba para ser lleno del Espíritu Santo que el ángel habló cuando dijo: «Tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento..

La gracia es la dote que principalmente debemos desear para nuestros hijos. Es para ellos mil veces mejor que belleza, riquezas, honores, rango, o un noble parentesco. En tanto que ellos no posean la gracia, no sabemos cual pueda ser su proceder en el porvenir. Acaso nos harán tediosa la vida, acaso serán causa de que nuestras canas desciendan con dolor a la sepultura. Cuando se convierten, y no hasta entonces, es que estamos seguros de casi sea la conducta en este mundo, y cual su suerte en el venidero. «El hijo sabio alegra a su padre.» Prov. 10.1. Sea lo que fuere que solicitemos para nuestros hijos, procuremos ante todo que sean partícipes en la alianza y que su nombre se encuentre en el libro de la vida.

Estos versículos nos enseñan, en tercer lugar, cual es la naturaleza de la verdadera grandeza. El ángel la explica, diciendo a Zacarías que su hijo « será grande delante del Señor..

El criterio para juzgar la grandeza que es general entre los hombres es completamente falso y engañoso. Los príncipes y potentados, los conquistadores y jefes de ejércitos, los estadistas y filósofos, los artistas y autores, estos son los hombres que el mundo llama « grandes.» Los ángeles de Dios no reconocen tal grandeza. Ellos consideran grandes, a los que hacen grandes obras por amor de Dios. Consideran pequeños, a los que sirven poco a Dios; y aprecian a los hombres según la posición que probablemente ocuparán el último día.

No creamos vergonzoso tomar a los ángeles de Dios por modelos en esta materia. Solicitemos para nosotros mismos y para nuestros hijos esa verdadera grandeza que será admitida y reconocida como tal en el otro mundo. Es una grandeza que está al alcance de todos–tanto del pobre como del rico–tanto del siervo como del amo. No depende del poder o del patrocinio, del dinero o de los amigos. Es un don gratuito de Dios para todos los que lo solicitan mediante la intercesión de nuestro Señor Jesucristo. Es la herencia de todos los que oyen la voz de Cristo y lo siguen– de todos los que luchan por Cristo, y trabajan en su causa. Si en este mundo reciben poco honor, grande será su recompensa en el Último día.

También nos enseña el pasaje de que tratamos, que los niños nunca son demasiado tiernos para recibir la gracia de Dios. El ángel informa a Zacarías que su hijo «estaría lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.» No hay error mayor que suponer que los infantes, por causa de su tierna edad, son incapaces de recibir el influjo del Espíritu Santo. El modo como el Espíritu obra en el corazón de un niñito es indudablemente misterioso é incomprensible. Mas así también lo son todas sus manifestaciones en medio de los hijos de los hombres. Guardémonos de limitar la bondad y el poder de Dios. él es un Dios misericordioso. Para El nada es imposible.

Acordémonos de esto especialmente en cuanto tiene relación a la educación de los niños. Debemos tratarlos siempre como responsables a Dios. No supongamos ni por un momento que son demasiado tiernos para tener alguna religión. Preciso es, por supuesto, que seamos razonables en nuestras esperanzas.

No debemos buscar en ellos evidencias de gracia que no podamos con razón esperar de personas de su edad y aptitudes. Pero nunca debemos olvidar, que el corazón que no es demasiado tierno para pecar, tampoco es demasiado tierno para recibir la gracia de Dios.

En estos versículos se nos enseña, por último, cual es el carácter del ministro de Dios que se coloca a la altura de sus deberes y trabaja con buen éxito. El cuadro se nos presenta a la vista de un modo notable en la descripción admirable que de Juan el Bautista hace el ángel « El convertirá los corazones,» los tornará de la ignorancia al conocimiento, de la indiferencia a la meditación profunda, del pecado a Dios. El «irá delante del Señor;» en nada se deleitará tanto como en ser el mensajero y el heraldo de Jesucristo–»aparejará un pueblo al Señor,» se esforzará en congregar de todas las partes del mundo a los creyentes, que estarán así listos para ir al encuentro del Señor el día de Su venida.

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