Lucas 1: La introducción de un historiador

1.35 Jesús nació sin el pecado que entró en el mundo mediante Adán. Nació santo, justo; como Adán, fue creado sin pecado. En contraste con Adán, que desobedeció a Dios, Jesús obedeció y está en condiciones de ser nuestro sustituto para librarnos de las consecuencias del pecado y lograr que seamos aceptos de Dios (Rom_5:14-19).

1.38 Una joven soltera encinta se arriesgaba al desastre. A menos que el padre de la criatura aceptara casarse con ella, había la posibilidad de que quedara sola para toda la vida. Si su padre la rechazaba, podría verse forzada a mendigar o prostituirse a fin de sobrevivir. Y María, con su historia de estar encinta por obra del Espíritu Santo, se arriesgaba también a que la consideraran demente. Con todo y a pesar de los posibles riesgos, María dice: «Hágase conmigo conforme a tu palabra». Cuando María lo afirmó, no se imaginaba la tremenda bendición que recibiría. Solo sabía que Dios le pedía que le sirviera y estaba deseosa de hacerlo. No espere ver qué bendición tendrá antes de ofrecerle su vida a Dios. Ofrézcase de buena gana, aun cuando los resultados de hacerlo parezcan desastrosos.

1.38 A través de las Escrituras vemos que el anuncio del nacimiento de una criatura provocaba diferentes reacciones. Sara, la esposa de Abraham, se rió (Gen_18:9-15). Zacarías dudó (Luk_1:18). Por contraste, María se sometió. Creyó las palabras del ángel y estuvo de acuerdo en tener al bebé, aunque fuera en circunstancias humanamente imposibles. Dios está dispuesto a hacer lo imposible. Nuestra respuesta a sus demandas no debiera motivar risa, temor ni duda, sino aceptación de buena voluntad.

1.41-43 Al parecer, el Espíritu Santo dijo a Elisabet que el hijo de María sería el Mesías, lo suponemos porque Elisabet al saludar a su joven parienta la llama «la madre de mi Señor». Al apresurarse para visitar a su parienta, María debió estar preguntándose si los acontecimientos de los días recientes serían reales. El saludo de Elisabet debió haber solidificado su fe. El embarazo de María pudo haber parecido imposible, pero su parienta sabia y anciana creyó y se regocijó.

1.42, 43 A pesar de que ella misma gestaba el tan esperado bebé, Elisabet pudo haber envidiado a María, cuyo hijo sería mucho más importante que el de ella; pero al contrario, estaba llena de alegría porque la madre de su Señor pudiera visitarla. ¿Ha envidiado a alguien que Dios, al parecer, distinguió para una bendición especial? Un remedio para el celo es regocijarse con esa persona, razonar que Dios usa a su gente y busca a aquel que encaje mejor en su propósito.

1.46-55 Este cántico a menudo se le llama el Magnificat, la primera palabra en la traducción del latín de este pasaje. Se usa mucho como base para música coral e himnos. Como Ana, la madre de Samuel (1Sa_2:1-10), María glorificó a Dios en un cántico por lo que El iba a hacer en favor del mundo a través de ella. Nótelo en ambos cánticos, Dios se describe como un defensor de los pobres, oprimidos y despreciados.

1.48 ¿Mostraba orgullo María cuando dijo: «Me dirán bienaventurada todas las generaciones»? No, ella reconocía y aceptaba el don que Dios le dio. Si María hubiera negado su posición increíble, manifestaría tener en poco la bendición de Dios. El orgullo es negarse a aceptar los dones de Dios, la humildad es aceptarlos y usarlos para alabarlo y servirlo. No niegue sus dones. Dé gracias a Dios por ellos y úselos para glorificarlo.

1.54, 55 Dios guardó la promesa que le hizo a Abraham de ser misericordioso con su pueblo por siempre (Gen_22:16-18). El nacimiento de Cristo cumplió la promesa y María así lo entendió. No se sorprendió cuando su especial Hijo, al final anunció que era el Mesías. Conocía su misión aun antes de que El naciera. Algunas de las promesas de Dios dadas a Israel se hallan en 2Sa_22:50-51; Psa_89:2-4; Psa_103:17-18; Mic_7:18-20.

1.56 Debido a la dificultad de los viajes, las visitas prolongadas eran las normales. María debió haber sido de gran ayuda para Elisabet que experimentó las dificultades de un primer embarazo a su edad avanzada.

1.59 La ceremonia de circuncisión era un acontecimiento importante en la familia de un niño judío. Dios lo instituyó cuando comenzó a formar su nación santa (Gen_17:4-14) y lo reafirmó mediante Moisés (Lev_12:1-3). Todavía se practica hoy en los hogares judíos. Es un día de alegría cuando amigos y miembros de la familia celebran el advenimiento de un bebé que llega a ser parte del pacto de Dios con Israel.

1.59 La línea familiar y los nombres eran importantes para los judíos. La gente supuso con naturalidad que la criatura quizás no recibiría el nombre de Zacarías, pero al menos uno de la familia. Por eso se sorprendieron de que Elisabet y Zacarías desearan ponerle el nombre de Juan, como el ángel les dijo (véase 1.13).

1.62 Los familiares de Zacarías le hablaron mediante gestos porque al parecer estaba totalmente sordo, así como mudo, y no oyó lo que su esposa le dijo.

1.67-79 Zacarías alabó a Dios con sus primeras palabras después de meses de silencio. En un cántico a menudo llamado el Benedictus según las primeras palabras en la traducción latina del pasaje, Zacarías profetizó la venida de un Salvador que redimiría a su pueblo y predijo que su hijo Juan prepararía el camino del Mesías. Todas las profecías del Antiguo Testamento se concretaban. ¡Con razón Zacarías alabó a Dios! El Mesías vendría a su tiempo y escogieron a Juan para preparar el camino.

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