Lucas 10: Obreros para la cosecha

Lucas 10:1-7

Estos versículos refieren a un hecho que no se registra en los otros Evangelios. Este hecho es el nombramiento de los setenta discípulos que además de los doce apóstoles habían de ir delante Jesús. No sabemos los nombres de ninguno de estos discípulos. Nada se nos dice sobre su historia después que fueron enviados. Pero las instrucciones que se les dieron son sumamente interesantes, y merecen ser estudiadas detenidamente por todos los ministros y maestros del Evangelio.

El primer punto a que nuestro Señor llamó la atención de los setenta fue la importancia de la oración e intercesión. Esta es la idea cardinal con que nuestro Señor empieza su discurso. Antes de explicar a sus mensajeros el objeto y naturaleza de su misión, les ordena orar: «Bogad al Señor de la mies que envié obreros a su mies..

La oración es una de los mejores y más eficaces medios para promover el adelanto de la causa de Cristo. Y es un medio al alcance de todos los que tienen el «espíritu de adopción.» No todos los fieles tienen dinero que dar para las misiones. Muy pocos tienen grandes dotes intelectuales, o ejercen mucho influjo entro los hombres. Más todos los fieles pueden y deben orar por el buen éxito del Cristianismo. Muchas y sorprendentes son las bendiciones que se han obtenido por medio de la oración, y que la Biblia refiere para nuestra edificación. «La oración eficaz del justo vale mucho.» Jam_5:16.

El ministro del Evangelio para ser verdadero sucesor de los apóstoles, debe, consagrarse a la oración, tanto como a la predicación de la palabra. Actos 6:4.

Debe hacer uso no solamente de «la espada del Espíritu,» sino de la oración constante, «con todo ruego y súplica.» Efes. 7: Neh_17:18. Este es el medio de que pueden servirse para ser benditos en sus sagradas tareas. Este, sobretodo, es el medio de conseguir quienes cooperen en la causa de Cristo. Los colegios pueden educar a muchos; los obispos pueden ordenarlos; y sus bienhechores pueden darles la subsistencia. Pero solo Dios puede proveer obreros que quieran trabajar en bien de las almas. Oremos diariamente por más obreros de esta clase.

El segundo punto al cual nuestro Señor llama la atención de los setenta discípulos es la naturaleza peligrosa de la obra que iban a emprender. El no les oculta los peligros ni las tribulaciones que les esperaban. No los envía con engañosas promesas, ni les predice cosas halagüeñas, ni les anuncia un éxito brillante.

Les dice claramente lo que debían esperar. «He aquí,» dice, «Yo os envió como a corderos en medio de lobos..

Estas palabras, sin duda, se referían especialmente al transcurso de la vida de aquellos a quienes se dirigieron. Vérnoslas cumplidas en las muchas persecuciones descritas en los Actos de los Apóstoles. Pero no se nos oculta que esas palabras describen un estado de cosas que puede verse en nuestros días. Mientras exista la iglesia, los fieles deben esperar encontrarse como «corderos en medio de lobos;» tienen que resolverse a ser aborrecidos, y perseguidos, y maltratados por los que no tienen verdadera religión. Ni deben solicitar favor alguno de las gentes no convertidas, porque no lo obtendrán, Lutero solía decir con mucha fuerza y no poca razón que «Caín mataría a Abel, si pudiera, hasta el fin del mundo.» «No os maravilléis, hermanos míos,» dice Juan, «si el mundo os aborrece.» «Todos los que quieren vivir píamente en Cristo padecerán persecución.» 1Jo_3:13; 2Ti_3:12.

El tercer punto que nuestro Señor recomienda a los setenta discípulos es, la consagración completa a la obra que iban a emprender. Habían de abstenerse hasta de la apariencia de la codicia, o del amor al dinero, o el lujo: « No llevéis bolsa, ni alforja, ni zapatos.» Y habían de conducirse como hombres que no tenían tiempo que perder en vanos cumplimientos, o en las cortesías de estilo: «Á nadie saludéis en el camino..

Estas palabras tan notables deben interpretarse indudablemente con alguna limitación. Llegó el tiempo en que nuestro Señor mismo tuvo que decir a sus discípulos: «Mas ahora el que tiene bolsa tómela y también su alforja.» Luk_22:36. El apóstol Pablo no ocultaba que tenia la costumbre de saludar. El apóstol Pedro nos manda expresamente «ser corteses.» 1Pe_3:8. Mas sin embargo, después de hacer todas las limitaciones, hay una importante lección en estas palabras de nuestro Señor, que no debe pasarse por alto. Los ministros y maestros del Evangelio deben guardarse de dejar que el mundo absorba todo su tiempo y toda su atención, y que les impida el progreso de su obra espiritual; el deseo del dinero, y la atención excesiva a lo que se llama «la etiqueta,» son lazos tendidos en el camino de los obreros de Cristo y en los que pueden caer si no están alerta.

Consideremos estas cosas. Tienen interés especial para los ministros, pero conciernen más o menos a todos los cristianos. Esforcémonos en hacer ver a los hombres del mundo, que no podemos perder tiempo en vivir a su modo. Hagámosles ver que juzgamos la vida demasiado valiosa para malgastarla en continuos festines, en visitas, y en cosas semejantes, como si no hubiese muerte, o juicio, o vida futura. Por de contado que hemos de ser corteses. Más no hagamos de la etiqueta un ídolo delante del cual todo deba prosternarse. Digamos abiertamente que nos estamos dirigiendo a un país situado más allá del sepulcro y que no tenemos tiempo para todas esas comidas, y bebidas, y todo ese trajín de trajes, y de civilidad, y de cumplimientos, en que tantos intentan en vano encontrar la felicidad. Digamos como Nehemías: «Yo hago una grande obra y no puedo venir.» Neh_6:3.

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

WebDedicado ha sido autorizado a recaudar las donaciones para continuar con La gran Comisión.


Deja el primer comentario