Lucas 10: Obreros para la cosecha

10.17-20 Los discípulos vieron grandes resultados al ministrar en el nombre y con la autoridad de Jesús. Estaban muy contentos con las victorias obtenidas al testificar y Jesús se gozó con ellos. Sin embargo, los hizo reflexionar al recordarles que había una victoria mucho más importante: que sus nombres estén escritos en el cielo. Este honor era mucho más importante que cualquier otro logro. A medida que vemos las maravillas de Dios que obran en nosotros y por medio de nosotros, no debemos perder de vista que hay una maravilla mayor, nuestra ciudadanía celestial.

10.18, 19 Quizás Jesús miró hacia adelante, a su victoria sobre Satanás en la cruz. Joh_12:31-32 indica que la muerte de Cristo juzgaría y derrotaría a Satanás. Por otro lado, Jesús quizás alertó a sus discípulos en contra del orgullo. A lo mejor se refería a Isa_14:12-17, donde comienza diciendo: «¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana!» Muchos intérpretes identifican este versículo con Satanás y explican que su orgullo lo condujo a todo lo malo que vemos en la tierra hoy. A sus discípulos, que les impactó el poder sobre los espíritus malignos («serpientes y escorpiones»), Jesús les dio esta clase de advertencia: «Lo vuestro es el tipo de orgullo que hizo caer a Satanás. ¡Cuídense!»

10.21 Jesús agradeció a Dios que la verdad espiritual fuera para todos, no solo para un grupo selecto. Al parecer muchos premios de la vida van hacia los inteligentes, los ricos, los bien parecidos o los poderosos, pero el Reino de Dios está al alcance de todos, sin distinción, sin importar la posición ni la habilidad. No llegamos a Jesús mediante la fuerza ni la inteligencia, sino por confiar como un niño. Jesús no está en contra de los que buscan erudición; se opone al orgullo espiritual (ser sabio a sus propios ojos). Unámonos a Jesús en agradecimiento a Dios de que todos tenemos igual acceso a El. Confíe en la gracia de Dios para su ciudadanía en el Reino y no en las aptitudes personales.

10.22 La misión de Cristo fue revelar a Dios el Padre a la gente. Su Palabra trajo a la tierra ideas complicadas. Explicó el amor de Dios mediante parábolas, enseñanzas y, sobre todo, con su vida. Al examinar las acciones, principios y actitudes de Jesús, comprendemos a Dios con más claridad.

10.23, 24 Los discípulos tenían una oportunidad maravillosa: ser testigos presenciales de Cristo, el Hijo de Dios. No obstante, durante varios meses no lo apreciaron como era debido, ni en verdad lo escucharon ni le obedecieron. También nosotros tenemos un lugar privilegiado con dos mil años de historia de la Iglesia, acceso a la Biblia en cientos de idiomas y versiones, muchos pastores y predicadores excelentes. Sin embargo, con cuánta frecuencia no les damos importancia, olvidando esas grandes bendiciones recibidas. Recuerde, con el privilegio viene la responsabilidad. Debido a que tenemos la ventaja de conocer mucho acerca de Cristo, debemos tener más cuidado al seguirle.

10.24 Los hombres de Dios del Antiguo Testamento, como el rey David y el profeta Isaías, dijeron muchas profecías inspiradas por Dios que Jesús cumplió. Se preguntaban, como Pedro escribiera más tarde, el posible significado de estas profecías y cuándo se cumplirían (1Pe_1:10-13). En palabras de Jesús, «desearon ver lo que vosotros veis»: la llegada del Reino de Dios.

10.27 Este experto en la Ley de Moisés se refería a Deu_6:5 y Lev_19:18. Entendía muy bien que la Ley demandaba total devoción a Dios y amor al prójimo. Jesús habló más acerca de estas leyes en otras ocasiones (véanse Mat_19:16-22 y Mar_10:17-22).

10.27-37 Los expertos en la Ley trataron al herido como un tema de discusión; los ladrones, como un objeto de explotación; los sacerdotes, como un problema a evitar; y el levita como un objeto de curiosidad. Solo el samaritano lo trató como una persona a la que se debía amar.

10.27-37 De la parábola aprendemos tres principios acerca de lo que significa el amor al prójimo: (1) la carencia de amor es a menudo fácil de justificar a pesar de que nunca es buena; (2) nuestro prójimo es cualquiera que esté en necesidad, sin importar raza, credo ni procedencia social; y (3) amor significa hacer algo para suplir la necesidad de alguien. No importa dónde viva, hay gente necesitada a su alrededor. No hay razón justificada para negarse a brindar ayuda.

10.33 Existía un odio profundo entre judíos y samaritanos. Los judíos se veían como descendientes puros de Abraham, mientras que los samaritanos eran una raza mezclada cuyo origen se debió al casamiento de judíos del norte con gente de otros pueblos después del exilio de Israel. Para este experto en leyes judías, la persona que parecía actuar como se debía era el samaritano. En realidad, no podía ni siquiera pronunciar la palabra samaritano cuando contestaba la pregunta de Jesús. Su actitud de experto traicionó su falta de amor, lo que antes manifestó que la Ley mandaba.

10.38-42 Marta y María amaban a Jesús. En esta ocasión ambas le servían. Pero Marta pensó que el estilo de servicio de María era inferior al de ella. No dedujo que en su deseo de servir descuidaba a su visita. ¿Está tan ocupado haciendo cosas para Jesús al grado que no tiene tiempo para estar con El? No permita que su servicio llegue a ser un autoservicio.

10.41, 42 Jesús no condenó a Marta por preocuparse de los quehaceres de la casa. Solo le pidió fijar prioridades. Es posible que el servicio a Cristo degenere en un simple ajetreo que deja de ser una entrega total a Dios.

UNA COLECCION DE ACTITUDES

Para el experto en la Ley, el hombre herido era un asunto para discutir.
Para los ladrones, el herido era alguien que podían despojar.
Para los religiosos, el herido era un problema que debía evitarse.
Para el mesonero, el herido era un cliente a quien servir por un precio.
Para el samaritano, el herido era un ser humano valioso al que había que cuidar y amar.
Para Jesús, todos ellos y nosotros somos tan importantes, que dio su vida por nosotros.

Las necesidades de otros motivan una serie de actitudes en nosotros. Jesús usó la historia del bueno pero despreciado samaritano para aclarar qué actitudes aceptaba. Si somos sinceros, a menudo nos hallaremos en el lugar del intérprete de la Ley, necesitando aprender de nuevo quién es nuestro prójimo. Note estas diferentes actitudes hacia el hombre herido.

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