Lucas 10: Obreros para la cosecha

-¡Marta, Marta! Estás demasiado ajetreada, y te complicas innecesariamente la vida con muchas cosas cuando con cualquier cosita bastaría. María ha sabido escoger la mejor parte, y no hay por qué quitársela.

Sería difícil encontrar un boceto de caracteres más pintoresco y con mayor economía de palabras que éste.

(i) Aquí tenemos un choque de temperamentos. Algunas personas son polvorillas de actividad; otras son naturalmente tranquilas. Y a las activas les cuesta comprender a las contemplativas, y viceversa. No es que la una sea buena y la otra no. Dios no nos ha hecho a todos iguales. Dios necesita sus Martas y sus Marías. Como decía Teresa de Jesús, en el servicio del Señor deben estar juntas Marta y María.

(ii) Estos versículos nos muestran algo más: a veces se muestra una amabilidad equivocada. Recordemos adónde iba Jesús cuando esta escena tuvo lugar: se dirigía a Jerusalén, a morir en la Cruz. Todas sus facultades estaban tensas por la batalla interior que estaba librando para someter su voluntad a la voluntad de Dios. Cuando llegó Jesús a aquella casa de Betania, fue un gran día; y Marta quería celebrarlo ofreciéndole a Jesús lo mejor que hubiera en la casa; así es que iba de acá para allá llevando, y haciendo, y guisando, y preparando cosas… y eso era lo que menos quería Jesús entonces. Quería tranquilidad. Con la Cruz por delante y la tensión dentro de sí, había acudido a Betania buscando un oasis de calma alejado de las multitudes exigentes aunque sólo durara una o dos horas. Y eso fue lo que le ofreció María; y Marta, con la mejor intención, hizo lo posible por quitárselo. «Con cualquier cosita bastaría.» Posiblemente quería decir: «No quiero un gran banquete; un solo plato, de lo que sea, es más que suficiente.» María comprendió, y Marta no.

Aquí tenemos una de las cosas difíciles de la vida. A menudo queremos ser amables con la gente, pero a nuestra manera. Y si no acertamos, nos damos por ofendidos y nos quejamos de que no se aprecia nuestro esfuerzo. Si queremos de veras ser amables, lo primero que debemos intentar es comprender a la persona a la que queremos ayudar, y olvidarnos de todo lo que querríamos hacer nosotros. Jesús amaba a Marta, y Marta le amaba a Él; pero, cuando Marta se proponía ser amable, tenía que serlo a su manera, que era precisamente la contraria de la que Jesús necesitaba. Jesús amaba a María, y María le amaba a Él, y María le comprendió.

Lucas 10:1-42

10.1, 2 Más de doce personas seguían a Jesús. Ahora designa un grupo de setenta [setenta y dos en otros manuscritos] para preparar algunas ciudades que El visitaría más tarde. Estos discípulos no poseían calificaciones únicas. No eran los más educados, ni los más capaces, ni los de más alto nivel social que otros seguidores de Jesús. Lo que los capacitó para su misión fue su conocimiento del poder de Jesús y su visión para llegar a toda la gente. Es importante que usted dedique sus talentos al Reino de Dios, pero más importante aún es tener una experiencia personal de su poder y una visión clara de lo que El quiere que hagamos.

10.2 Jesús envió treinta y cinco parejas para alcanzar las multitudes. No intentarían cumplir su tarea sin ayuda. En cambio, pedirían a Dios que enviara más obreros. Al llevar a cabo la obra de evangelización, sin duda querrá empezar de inmediato alcanzar a las personas inconversas. Esta historia sugiere un acercamiento diferente: empiece por movilizar personas para orar. Y antes de orar por los inconversos, ore que otras personas interesadas se le unan para alcanzarlos.
10.2 En el servicio cristiano, no hay desempleo. Dios tiene trabajo más que suficiente para cada uno. No se siente atrás para mirar lo que otros hacen, busque la manera de tomar parte en la cosecha.

10.3 Jesús dice que enviaba a sus discípulos «como corderos en medio de lobos». Debían tener mucho cuidado, sin duda enfrentarían oposición. A nosotros también nos han enviado al mundo como corderos en medio de lobos. Esté alerta y recuerde que no enfrentaremos al enemigo con agresión, sino con amor y amabilidad. Una misión peligrosa demanda entrega sincera.

10.7 La orientación de Jesús de quedarse en una sola casa evitaba ciertos problemas. Cambiarla podría ofender a las familias que los recibieron antes. Las familias empezarían a competir para contar con la presencia de los discípulos y algunos podrían pensar que no eran lo bastante buenos para oír su mensaje. Si los discípulos despreciaban en apariencia la hospitalidad ofrecida, a lo mejor los habitantes no aceptarían a Jesús cuando llegara después. Además, al estar en un solo lugar, los discípulos no tenían que preocuparse por conseguir un lugar cómodo. Podrían alojarse y realizar la tarea encomendada.

10.7 Jesús les dijo que aceptaran la hospitalidad cortésmente porque su tarea los calificaba para ello. A los ministros del evangelio se les debe sostener y nuestra responsabilidad es que tengan todo lo necesario. Hay varias formas de apoyar los esfuerzos de quienes sirven a Dios en la iglesia. Primera, vele para que tengan un salario adecuado. Segunda, vele para que tengan apoyo emocional y planee un tiempo para expresar su aprecio por algo que hayan hecho. Tercera, anímelos con sorpresas ocasionales que los estimule a seguir adelante. Nuestros ministros merecen saber que lo hacemos con gusto y con generosidad.

10.8, 9 Jesús dio dos normas a los discípulos para el viaje. Debían comer lo que les pusieran delante, o sea, aceptarían la hospitalidad sin críticas, y sanarían los enfermos. Gracias a ello, la gente estaría dispuesta a oír el evangelio.

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