Lucas 10: Obreros para la cosecha

(ii) El versículo 22 nos habla de la relación única y exclusiva que hay entre Jesús y Dios. Esto es lo que el Cuarto Evangelio quiere decir con « El Verbo se hizo carne» (Joh_1:14 ), o cuando pone en labios de Jesús «Yo y el Padre, una cosa somos», o «El que me ha visto, ha visto al Padre» (Joh_10:30 , y 14:9). Para los griegos, Dios era incognoscible. Había una sima infranqueable entre la materia y el espíritu, entre el hombre y Dios. «Es muy difícil -decían- conocer a Dios; y, si se llega a conocerle, es imposible comunicarle a otro ese conocimiento.» Pero cuando vino Jesús, dijo: «Si queréis saber cómo es Dios, miradme a mí.» Más que hablar a los hombres acerca de Dios, lo que Jesús hizo fue mostrarles a Dios, porque en Él estaban la mente y el corazón de Dios.

(iii) Los versículos 23 y 24 nos dicen que Jesús es la consumación de toda la Historia. Jesús dice en esos versículos: «Yo soy el que todos los profetas y los santos y los reyes esperaban y anhelaban.» Eso es lo que quena decir Mateo cuando una y otra vez escribe en su evangelio: «Esto sucedió para que se cumpliera lo que dijo el profeta…» (cp. Mat_2:1 S, 17, 23).

Jesús es la cima que la Historia trataba de escalar, la meta que quería alcanzar, el imán que atraía a los hombres de Dios. Si quisiéramos decirlo en términos modernos para los que creen en la evolución, la lenta escalada del hombre desde el nivel de las bestias: Jesús es el clímax y el punto omega del proceso evolucionario, porque en Él el hombre llega a Dios; es a un tiempo la perfección de la humanidad y la plenitud de la divinidad.

QUIÉN ES MI PRÓJIMO

Lucas 10:25-37

Atención: un experto en la ley se le presentó a Jesús para ponerle a prueba, y le preguntó:

Maestro: ¿qué es lo que tengo que hacer para poseer la vida eterna que Dios ha prometido?

-¿Qué es lo que está escrito en la Ley? -le preguntó a su vez Jesús-. ¿Qué has aprendido tú?

-«Ama al Señor tu Dios con todo el corazón, y con toda el alma, y con todas tus fuerzas y con toda tu inteligencia»; «y a tu prójimo, como te amas a ti mismo» -le contestó el experto en la ley.

-¡Buena respuesta! Pues, hazlo, y tendrás la vida -le dijo Jesús; pero el hombre, queriendo quedar bien, le preguntó otra vez:

-¿Y a quién se refiere eso del prójimo?

Jesús, entonces, le puso un ejemplo:

-Cierto hombre iba por el camino que baja de Jerusalén a Jericó, cuando le salieron al paso unos bandidos que le dieron de palos, le quitaron todo lo que llevaba y le dejaron medio muerto. Sucedió que le vio un sacerdote que iba bajando por aquel camino; pero no le hizo caso y pasó de largo. Luego sucedió lo mismo con un levita que se acercó por allí; que también le vio, pero pasó de largo. Por último pasó un samaritano que iba de viaje; y cuando llegó por allí le vio, y le dio lástima de él; así es que se le acercó y le curó las heridas con aceite y vino y se las vendó; luego le montó es su cabalgadura y le llevó al mesón, donde siguió cuidando de él. Al día siguiente, como tenía que seguir su viaje, sacó el jornal de dos días y se lo dio al mesonero, y le dijo: «Cuídamele, y yo te pagaré lo que te gastes de más la próxima vez que pase.» Y ahora, dime: ¿Cuál de los tres dirías tú que fue el prójimo del que había caído en manos de los bandidos?

-El que le trató con misericordia -contestó el experto en la ley.

-Pues, anda; obra tú de la misma manera -le dijo Jesús.

En primer lugar, vamos a mirar la escena de esta historia. La carretera de Jerusalén a Jericó era notoriamente peligrosa. Jerusalén está a 800 metros sobre el nivel del mar; el Mar Muerto, cerca del cual está Jericó, está a 400 metros bajo el nivel del mar; así que, en menos de 30 kilómetros, la carretera salva un desnivel de 1.200 metros. Era una carretera estrecha, bordeada por rocas, con vueltas y revueltas que la hacían terreno abonado para los bandoleros. En el siglo v, Jerónimo nos cuenta que todavía la llamaban «El Camino Rojo», o «de la Sangre.» En el siglo xix todavía había que pagar dinero de seguridad a los jeques locales para usar esa carretera. Hasta el principio de la década de los 30, el famoso autor de libros de viaje H. V. Morton nos dice que le advirtieron que llegara a su destino antes de que se hiciera oscuro, porque un cierto Abu Yildah acostumbraba detener los coches y robar a los viajeros o turistas, escapándose a las montañas antes de que la policía pudiera llegar. Cuando Jesús contó esta historia, hablaba de algo que sucedía con frecuencia en la carretera de Jerusalén a Jericó.

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