Lucas 10: Obreros para la cosecha

«Una cosa es necesaria.» ¡Cuan ciertas son estas palabras! Y cuanto más tiempo vivamos sobre la tierra, tanto más ciertas nos parecerán. Cuanto más nos acerquemos a la sepultura, tanto más las aprobaremos. Salud, dinero, posesiones, rango, honores, y prosperidad, todas estas cosas son buenas bajo ciertas condiciones; no pueden llamarse necesarias. Sin ellas millares de personas son felices en este mundo, y alcanzan la gloria en el mundo venidero. Las «muchas cosas « por las cuales todos se agitan continuamente, no son realmente necesarias. La gracia de Dios que trae salvación es la única cosa necesaria.

Que estén siempre fijas en nuestra mente estas palabras. Que nos sirvan de freno cuando estemos a punto de murmurar a causa las tribulaciones de este mundo. Que nos sirvan de consuelo cuando estemos tentados a negar a nuestro Maestro por temor de la persecución. Que nos sirvan de admonición cuando empecemos a tener en mucho las cosas de este mundo.

Que nos impulsen hacia adelante cuando estemos dispuestos a mirar atrás, como la mujer de Lot. Sí, que en todas estas ocasiones resuenen en nuestros oídos como un clarín las palabras de nuestro Señor, y nos inspiren buenos pensamientos.

«Una cosa es necesaria.» Si Cristo es nuestro, todo lo tenemos, y con abundancia.

Finalmente debemos observar de qué manera aprobó nuestro Señor la elección de María. Dijo: « María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.» Estas palabras encierran una significación profunda. Ellas fueron proferidas no solo en obsequio de María, sino también en obsequio de todos los que creen en todas partes del mundo. Se tuvo con ellas el designio de alentar a todos los cristianos verdaderos para que se dediquen al servicio de Dios con todo su corazón; para que sigan en todo al Señor, y caminen en las sendas de Dios ; para que hagan del bien del alma su asunto principal y piensen comparativamente poco en las cosas de este mundo. La herencia del cristiano verdadero es la gracia de Dios. Esta es la «buena parte» que ha escogido, y la sola que merece realmente el nombre de «buena.» Es la sola cosa buena que es satisfactoria, real y perdurable. Es buena en tiempo de enfermedad y en tiempo de salud–buena en la juventud y en la vejez -buena en la adversidad y en la prosperidad–buena en vida, y buena en muerte–buena temporalmente y buena en la eternidad. Ninguna circunstancia, ninguna posición puede imaginarse en la cual no convenga al hombre tener la gracia de Dios. Y esta herencia jamás le será arrebatada al cristiano verdadero, De todo el género humano, él es el único que jamás será despojado de lo que le pertenece. Los reyes tienen que dejar algún día sus palacios. Los ricos tienen que dejar algún día su dinero y posesiones. Solo las conservan hasta que mueren.

Pero el justo más pobre de la tierra tiene un tesoro del que no será privado jamás. La gracia de Dios y el favor de Cristo son riquezas que ningún hombre puede quitarle. Cuando muera irán con él a la sepultura; y estarán con él en la mañana de la resurrección, y serán suyas por toda la eternidad.

¿Qué sabemos nosotros de esta «buena parte» que escogió María? ¿La hemos escogido para nosotros? ¿Podemos decir con verdad que es nuestra? No estemos tranquilos hasta que podamos decirlo. «Escojamos la vida,» mientras que Cristo nos la ofrece «sin dinero y sin precio.» Solicitemos tesoros en el cielo, no sea que despertemos y hallemos que somos pobres para siempre jamás.

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